sabia como pelear y eso se nota.

Tan pronto como Joe se sento, Sam salto de su hombro y se agarro al respaldo del sofa con sus negros pies escamosos.

– No te alejes demasiado -dijo Joe a su pajaro. Despues tomo un cigarrillo y lo deslizo entre sus dedos, pero no lo encendio. Queria que Sam respirara el menor humo posible.

– ?Vuelves a fumar otra vez? -le pregunto Dewey, apartando finalmente la mirada del Duke-. Creia que lo habias dejado. ?Que paso?

– Norris Hillard -fue la escueta respuesta. No necesitaba explicar mas. A esas alturas todo el mundo sabia del Monet robado. Y queria que todo el mundo lo supiera. Queria que las personas implicadas se pusieran nerviosas. Las personas nerviosas cometian errores. Y cuando lo hacian, el estaba alli para hacerlos caer. No obstante, no haria caer a Gabrielle Breedlove.

No importaba que estuviera implicada hasta las cejas. No importaba si habia cortado la pintura del marco con sus propias manos. Tenia inmunidad absoluta no solo del cargo de asalto y de cualquier acusacion sobre el caso Hillard, sino tambien sobre cualquier robo anterior. Ese abogado suyo podia ser joven, pero era una pequena sabandija.

– ?Hay pistas?

– Unas cuantas. -Su padre no hizo las preguntas pertinentes y Joe no ofrecio ninguna explicacion-. Necesito que me prestes el taladro y algunas herramientas. -Aunque pudiera hacerlo, Joe no deseaba hablar de su informante confidencial. Normalmente no se fiaba de sus confidentes, pero esta ultima era tan poco fiable como una caja de Post Toasties y el incidente con la Derringer casi le habia costado otra degradacion. Una cagada mas y no dudarian en trasladarlo a otro departamento. Despues de la pesadilla que habia tenido lugar en el parque esa manana tenia que entregar la cabeza de Carter en bandeja. Era la oportunidad de redimirse. Si no lo hacia temia que lo degradaran hasta lo mas bajo a la division de patrulla nocturna por lo que ya podria ir olvidandose de volver a ver la luz del dia. No tenia nada contra los policias de uniforme. Eran los que estaban en primera linea y no podria cumplir su trabajo sin ellos, pero habia trabajado demasiado y aguantado demasiados sinsentidos para dejar que una pelirroja chiflada se cargara toda su carrera.

– Joe, consegui algo para ti el fin ele semana pasado-lo informo su madre mientras atravesaba la sala hacia la parte trasera de la casa.

El ultimo algo que su madre habia conseguido para el habia sido un par de pavos reales de aluminio que supuestamente debia colgar en la pared. De momento, estaban debajo de su cama al lado de un enorme buho de ganchillo.

– Ah, genial -gimio y lanzo el cigarrillo sin encender a la mesita-. Desearia que no hiciese eso. Odio esa mierda de los mercadillos.

– Aceptalo, hijo, es una enfermedad -dijo su padre, volviendo a mirar el televisor-. Es una enfermedad como el alcoholismo. Es incapaz de resistirse a su adiccion.

Cuando Joyce Shanahan regreso, llevaba media silla de montar cortada en sentido longitudinal.

– Lo consegui por cinco dolares -se jacto, y la coloco en el suelo junto al pie de Joe-. Querian diez pero regatee.

– Odio esa mierda de los mercadillos -imito Sam, luego chillo-: braa…ck.

La mirada de Joyce se movio de su hijo al pajaro posado en el respaldo del sofa.

– Sera mejor que no se cague ahi.

Joe no podia prometer tal cosa. Senalo la silla de montar.

– ?Que se supone que voy a hacer con eso? ?Encontrar medio caballo?

– Lo cuelgas en la pared. -Sono el telefono y se encogio de hombros mientras se encaminaba hacia la cocina-. Tiene unos ganchos por algun lado.

– Mejor clavalo directamente en la pared, hijo -recomendo su padre-. O corres el riesgo de que se te caiga encima.

Joe clavo los ojos en la silla de montar con un solo estribo. El espacio debajo de su cama estaba casi abarrotado. La risa de su madre sono en la habitacion de al lado sobresaltando a Sam, que agito sus alas mostrando las plumas rojas bajo su cola, luego volo por encima del televisor y se poso sobre la parte superior de una jaula de madera con un nido falso y huevos de plastico encolados en su interior. Inclino la cabeza gris hacia un lado, abrio el pico, e imito el timbre del telefono.

– Sam, no hagas eso-advirtio Joe una fraccion de segundo antes de que el ave imitara la risa de Joyce con tal perfeccion que resulto realmente espeluznante.

– Ese pajaro tuyo va a terminar en una bolsa del Shake?n Bake -predijo su padre.

– A mi me lo vas a decir. -Solo esperaba que Sam no hiciese trizas el nido de madera con el pico.

La puerta principal se abrio de golpe y el sobrino de Joe de siete anos, Todd, entro en la casa corriendo seguido de las sobrinas de Joe, Christy, de trece anos y Sara, de diez.

– Hola, tio Joe -dijeron las ninas al unisono.

– Hola, chicas.

– ?Trajiste a Sam? -quiso saber Christy.

Joe senalo el televisor con la cabeza…

– Esta un poco nervioso. No le griteis ni hagais movimientos bruscos alrededor de el. Y no le enseneis mas palabrotas.

– No lo haremos, tio Joe -prometio Sara, pero sus ojos estallan demasiado abiertos para parecer inocentes.

– ?Que es eso? -pregunto Todd, apuntando hacia la silla de montar.

– Es la mitad de una silla de montar.

– ?Para que sirve?

«Tu lo has dicho.»

– ?La quieres?

– ?No!

Tanya, la hermana de Joe, entro en la casa poco despues y cerro la puerta tras ella.

– Hola, papa-dijo, luego miro a su hermano-. Hola Joey. Veo que mama te dio la silla de montar. ?Puedes creer que la consiguio por cinco pavos?

Obviamente Tanya tambien habia sido contagiada por la enfermedad del mercadillo.

– ?Quien se tiro un pedo? Braa…ck.

– Parad ya chicas -amonesto Joe a las dos ninas que estaban tiradas en el suelo con un ataque de risa.

– ?Que tiene tanta gracia? -pregunto su madre mientras entraba en la sala, pero antes de que alguien pudiera responderle el telefono sono otra vez-. Por el amor de Dios. -Sacudio la cabeza y volvio a la cocina, solo para volver un instante despues meneando de nuevo la cabeza-. Colgaron antes de que pudiera contestar.

Joe dirigio una mirada desconfiada a su pajaro y sus sospechas se confirmaron cuando Sam ladeo la cabeza y el telefono volvio a sonar.

– Por el amor de Dios -repitio su madre y volvio a la cocina.

– Mi papa se comio un insecto -dijo Todd a Joe, llamando su atencion-. Asamos perritos calientes y se comio un bicho.

– Bueno, Ben se lo llevo de acampada porque cree que las chicas y yo lo estamos afeminando -dijo la hermana de Joe, sentandose en el sofa a su lado-. Dijo que necesitaba llevarse a Todd para hacer cosas de hombres.

Joe lo entendio perfectamente. Se habia criado con cuatro hermanas mayores que lo habian vestido con sus ropas y le habian pintado los labios. A los ocho anos lo habian convencido de que era un hermafrodita llamado Josephine. No habia sabido lo que era un hermafrodita hasta que a los doce lo busco en el diccionario. Despues de eso, se paso varias semanas aterrorizado, pensando que le crecerian unos enormes senos como a la mayor de sus hermanas, Penny. Afortunadamente, su padre lo habia pillado examinando su cuerpo en busca de cambios y habia convencido a Joe de que no era un hermafrodita. Luego se lo habia llevado de acampada y no habia dejado que se banara en una semana.

Sus hermanas unidas eran como Bondini; nunca olvidaban nada. Mientras crecian habian disfrutado y,

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