simplemente, habia sido un infierno para su psique. Pero si sospechaba por un segundo que las parejas de sus hermanas no las trataban bien, les propinaria gustosamente una buena paliza a cada uno de ellos.

– Un insecto aterrizo en el perrito caliente de Todd, que se puso a llorar negandose a probarlo -continuo Tanya-. Lo cual es completamente comprensible y no puedo culparlo, pero Ben agarro el insecto y se lo comio haciendose el machote. Y le dijo: «si yo puedo comer el maldito insecto, tu puedes comer el perrito caliente».

Sonaba razonable.

– ?Te comiste el perrito caliente? -pregunto Joe a su sobrino.

Todd asintio con la cabeza y su sonrisa mostro el hueco de sus dientes frontales.

– Despues, yo tambien me comi un bicho. Uno negro.

Joe miro fijamente la cara pecosa de su sobrino y compartieron una sonrisa conspiradora. Una sonrisa de chicos tipo «yo puedo hacer pis de pie». Una sonrisa que las chicas nunca podrian entender.

– Colgaron otra vez -anuncio Joyce, entrando en la habitacion.

– Te hace falta un identificador de llamadas -le dijo Tanya-. Nosotros lo tenemos y siempre miro para saber quien esta llamando antes de contestar.

– Quiza lo ponga -dijo su madre, sentandose en una vieja mecedora con cojines pintados, pero cuando su trasero toco el asiento, el timbre volvio a sonar-. Me estoy haciendo vieja -suspiro levantandose-. Alguien esta jugando con el telefono.

– Usa la opcion de devolver la ultima llamada recibida. Te lo ensenare. -Tanya se levanto y siguio a su madre a la cocina.

A las chicas les volvio a dar un ataque de risa y Todd se cubrio la boca con la mano.

– Si -dijo Dewey sin apartar la vista del Duke-. Ese pajaro esta coqueteando con el desastre.

Joe coloco las manos detras de la cabeza, cruzo los tobillos y se relajo por primera vez desde el robo del Monet del senor Hillard. Los Shanahan eran bastante escandalosos y estar sentado en el sofa de su madre rodeado de todo ese jaleo le hacia sentir de nuevo en casa. Tambien le recordaba su propia casa vacia en el otro extremo de la ciudad.

Hasta hacia un ano, no le habia preocupado nada el asunto de encontrar una esposa y formar una familia. Siempre habia pensado que tenia tiempo, pero recibir un disparo le habia hecho ver las cosas desde otra perspectiva. Le habia recordado que era importante en la vida: una familia como la suya.

Claro, tenia a Sam y vivir con Sam era como vivir con un nino de dos anos, desobediente, pero muy entretenido. Sin embargo, no podia hacer fuegos de campamento ni perritos calientes con Sam. No podia comer insectos. La mayor parte de los polis de su edad tenia hijos, y mientras habia estado tirado en casa recuperandose, habia comenzado a preguntarse como seria participar en las ligas infantiles y mirar como sus hijos corrian a las bases. Imaginarse a los hijos era la parte facil. Pensar en una esposa era un poco mas dificil.

No creia ser demasiado selectivo, pero sabia que le gustaba y que no le gustaba en una mujer. No queria una mujer que se pusiera histerica por cosas como los aniversarios mensuales y a la que no le gustara Sam. Sabia que tampoco queria una mujer vegetariana demasiado preocupada por la grasa y el tamano de sus muslos.

Queria volver a casa al salir del trabajo y tener a alguien esperandolo. Queria llegar a casa sin llevar la cena. Queria una chica practica, alguien con ambos pies firmemente plantados en el suelo. Y por supuesto, queria a alguien que le gustara el sexo que a el le gustaba. Torrido, definitivamente torrido. Unas veces rudo y picante, otras no, pero siempre desinhibido. Queria una mujer a la que no le diera miedo tocarle ni que se asustara si la tocaba. Queria mirarla y sentir como la lujuria atravesaba su vientre, y saber que ella sentia lo mismo que el.

Siempre habia creido que reconoceria a la mujer adecuada en cuanto la viera. Realmente no tenia ni idea de como lo sabria, solo sabia que lo haria. Sentiria como si lo dejaran totalmente K.O. o lo fulminara un rayo, y entonces lo sabria.

Tanya volvio a la sala con el ceno fruncido.

– El ultimo numero que llamo era de Bernese, la amiga de mama. ?Por que Bernese estara tomandole el pelo por telefono?

Joe se encogio de hombros y confio en que su hermana no averiguara quien era el verdadero culpable.

– Tal vez esta aburrida. Cuando era novato, una viejecita nos hacia ir una vez al mes a su casa alegando que habia ladrones que intentaban robar sus preciosos perros afganos.

– ?Y lo hicieron?

– Diablos, no. Deberias ver esas cosas, eran verde, naranja y purpura. Joder, te quedabas ciego si las mirabas fijamente. De todas maneras siempre nos tenia preparadas unas galletas y un par de refrescos. Las personas mayores suelen sentirse solas y hacen cosas de lo mas extranas simplemente para tener a alguien con quien hablar.

Los ojos oscuros de Tanya se clavaron en los suyos y el ceno se le hizo mas profundo.

– Eso es lo que te va a ocurrir a ti si no encuentras a alguien que te cuide.

Las mujeres de su familia siempre lo fastidiaban sobre su vida amorosa, pero desde que le habian disparado, su madre y sus hermanas habian redoblado sus esfuerzos para verle felizmente casado. Relacionaban matrimonio con felicidad. Querian que el viviera su version del «y comieron perdices» y aunque entendia su preocupacion, lo volvian loco. No se atrevia a insinuarles que en realidad pensaba en eso seriamente. Si lo hiciese, caerian sobre el como buitres carroneros.

– Conozco a una mujer realmente agradable que…

– No -la interrumpio Joe, aun no estaba dispuesto a considerar a las amigas de su hermana. Se la imaginaba contando cada pequeno detalle a su familia. Tenia treinta y cinco anos, pero sus hermanas todavia le trataban como si tuviera cinco. Como si no fuera capaz de encontrar su trasero sin que le dijeran que estaba al final de la espalda.

– ?Por que?

– No me gustan las mujeres agradables.

– Eso es lo que te pasa. Estas mas interesado en el tamano de las tetas que en su personalidad.

– No me pasa nada. Y no es el tamano de las tetas, es la forma lo que cuenta.

Tanya resoplo. Joe no recordaba haber oido un sonido parecido a otra mujer.

– ?Que? -pregunto.

– Vas a ser un viejo muy solitario.

– Tengo a Sam para acompanarme y probablemente me sobreviva.

– Un pajaro no cuenta, Joey. ?Tienes novia ahora? ?Alguien que presentar a la familia? ?Alguien con quien considerarias casarte?

– No.

– ?Por que no?

– No he encontrado a la mujer adecuada.

– Si hasta los hombres del corredor de la muerte encuentran una mujer para casarse, ?por que razon no lo haces tu?

Capitulo 4

El pequeno distrito historico de Hyde Park estaba situado al pie de las colinas de Boise. En los anos setenta el distrito habia padecido la dejadez causada por el exodo a los suburbios y la popularidad de las casas prefabricadas. Pero en los ultimos anos los negocios se habian modernizado y se habian reformado las tiendas. Como resultado la ciudad habia vuelto a renacer.

Con una longitud de tres manzanas, Hyde Park estaba en medio de los barrios residenciales mas antiguos de la ciudad. Sus habitantes eran una variopinta mezcla de bohemios y gente influyente. Ricos, pobres, jovenes o ancianos que llevaban tanto tiempo alli como las aceras agrietadas. Artistas que luchaban por abrirse camino y prosperos yuppies vivian unos al lado de otros. Pequenas casas purpura con cornisas color naranja junto a casas victorianas con caminos adoquinados.

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