Los negocios del barrio eran tan eclecticos como los residentes. La vieja zapateria estaba abierta desde que se podia recordar y en la misma manzana un chico podia cortarse el pelo por siete pavos. Lo mismo se podia tomar tacos que pizza, un cafe expreso que ropa interior comestible en la tienda de lenceria Naughty or Nice. Podias cenar en el autoservicio 7-Eleven despues de llenar el deposito de gasolina, y comprar desde un Slurpie a un
El sol matutino se derramaba sobre el barrio iluminando directamente el escaparate de Anomaly y llenando la tienda de luz. El escaparate estaba repleto de una gran variedad de platos orientales de porcelana y lavamanos. Una vidriera dorada de unos treinta centimetros con grandes palomas dibujadas en la superficie llenaba de sombras irregulares la alfombra berberisca.
Gabrielle estaba en la parte oscura de la tienda, anadiendo algunas gotas de aceite a un delicado vaporizador de cobalto. Durante mas de un ano, habia experimentado con diferentes aceites esenciales. Todo el proceso era un ciclo continuo de probar, equivocarse y volver a probar.
Estudiaba las propiedades quimicas mezclando los aceites en pequenos frascos, utilizando las pipetas y los quemadores como si de un cientifico loco se tratase. Crear aromas maravillosos satisfacia su lado mas artistico. Creia que ciertos aromas podian curar mente, cuerpo y espiritu, ya fuera por sus propiedades quimicas o evocando imagenes calidas y agradables que sosegaban el alma. Sin ir mas lejos la semana anterior habia logrado crear con exito un preparado unico. Lo habia embotellado en bellos frascos rosas y como parte del marketing, habia colmado la tienda de una suave fragancia a flores y citricos embriagadores. Lo vendio todo el primer dia. Esperaba que le fuera igual de bien en el
El preparado que se traia entre manos no era tan especial, pero era muy conocido por sus efectos relajantes. Enrosco el cuentagotas al frasco de pachuli y lo devolvio a la caja de madera que contenia los demas aceites. Cogio otro de los pequenos frascos que contenia salvia y, con mucho cuidado, anadio dos gotas. Se suponia que ambos aceites combinados ayudarian a reducir la tension nerviosa, relajarian, y aliviarian el exceso de cansancio. Esa manana, con un policia a punto de infiltrarse en la tienda, Gabrielle necesitaba las tres cosas a la vez.
La puerta trasera de Anomaly se abrio y cerro, y se sintio invadida por el panico. Miro por encima del hombro hacia la parte trasera de la tienda.
– Buenos dias, Kevin -saludo a su socio.
Le temblaron las manos mientras cambiaba de frasco. Eran las nueve y media de la manana y ya tenia los nervios de punta, y ademas estaba que se caia de sueno. No habia dormido en toda la noche intentando convencerse a si misma de que podria mentir a Kevin. De que no era tan malo permitir que el detective Shanahan trabajara de encubierto en la tienda si con ello ayudaba a limpiar el nombre de Kevin. Pero tenia varios problemas graves: era una mentirosa deplorable y, para ser sinceros, no creia que pudiera fingir que le gustaba el detective pues era incapaz de imaginarse a si misma como su novia.
Odiaba mentir. Odiaba crear mal karma. Pero realmente, ?que era una mentirijilla mas cuando estaba a punto de crear una perturbacion karmica de proporciones sismicas?
– ?Hola! -saludo Kevin desde el vestibulo encendiendo las luces-. ?Que estas mezclando hoy?
– Pachuli y salvia.
– ?Y no acabara oliendo la tienda como un concierto de esos
– Probablemente. Lo hice para mi madre. -Ademas de ayudar a relajarse, el perfume le recordaba cosas agradables, como el verano en que ella y su madre habian seguido a los Grateful Dead a lo largo del pais. Gabrielle tenia diez anos y le habia encantado dormir en la furgoneta Volkswagen, comer tofu y tenir todo lo que caia en sus manos. Su madre lo habia llamado el verano del despertar. Gabrielle no sabia exactamente que era lo que habia despertado, pero habia sido la primera vez que su madre habia hablado de sus poderes psiquicos. Antes de eso eran metodistas.
– ?Que tal las vacaciones de tu madre y tu tia? ?Has hablado con ellas?
Gabrielle cerro la tapa de la caja de madera y miro a Kevin, que estaba al otro lado de la habitacion, en la puerta de la oficina que compartian.
– No, no hablo con ellas desde hace unos dias.
– Cuando vuelvan, ?se quedaran en su casa de la ciudad unos dias o iran al norte con tu abuelo?
Suponia que el interes de Kevin por su madre y su tia tenia mas que ver con el hecho de que le ponian nervioso que con la simple y genuina curiosidad. Claire y Yolanda Breedlove no solo eran cunadas, sino que tambien eran las mejores amigas del mundo y vivian juntas. Algunas veces se leian el pensamiento, lo que podia llegar a ser espeluznante si no estabas acostumbrado.
– No estoy segura. Creo que vendran a Boise para recoger a Beezer, luego iran en coche al norte para ver que tal anda mi abuelo.
– ?
– El gato de mi madre -contesto Gabrielle. La culpa le estaba creando un nudo en el estomago mientras miraba fijamente los familiares ojos azules de su amigo. El ya pasaba de los treinta anos pero aparentaba alrededor de veintidos. Era unos centimetros mas bajo que Gabrielle y tenia el pelo rubio claro. Era contable de profesion y anticuario de vocacion. Manejaba la parte administrativa de Anomaly dejandole a Gabrielle total libertad para expresar su creatividad. No era un criminal y no creia en lo mas minimo que usara la tienda como tapadera para vender articulos robados. Abrio la boca para contarle la mentira que habia memorizado en la comisaria de policia, pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta.
– Trabajare esta manana en la oficina -dijo el, desapareciendo por la puerta.
Gabrielle cogio un encendedor para prender una vela de te en el pequeno vaporizador. Una vez mas se dijo a si misma que realmente estaba ayudando a Kevin aunque el no lo supiera. No era como si se lo estuviera sirviendo en bandeja al detective Shanahan, ?verdad?
?A quien enganaba? No podia ni mentirse a si misma, pero tampoco podia hacer nada. El detective llegaria a la tienda en menos de veinte minutos y ella tenia que hacerle creer a Kevin que lo habia contratado como manitas durante unos dias. Se metio el encendedor en el bolsillo de la falda de gasa y se dirigio a su escritorio, que estaba atestado con articulos de oficina. Recorrio con la mirada la cabeza rubia de Kevin inclinada sobre unos documentos, aspiro profundamente y dijo:
– He contratado a una persona para trasladar la estanteria a la trastienda -dijo obligandose a mentir-. ?Te acuerdas que hace tiempo hablamos de ello?
Kevin levanto la cabeza y fruncio el ceno.
– Lo que recuerdo es que decidimos esperar hasta el ano proximo.
No, el habia decidido por los dos.
– Creo que no puede posponerse mas, asi que contrate a un manitas. Mara puede ayudarle -dijo, refiriendose a la joven universitaria que trabajaba en la tienda media jornada por las tardes-. Joe estara aqui en unos minutos. -Posar su mirada culpable en Kevin fue una de las cosas mas dificiles que habia hecho en su vida.
El silencio se extendio entre ellos durante largos segundos mientras la miraba con el ceno fruncido.
– Este Joe no formara parte de tu familia, ?no?
El solo pensamiento del detective Shanahan compartiendo sus genes la perturbo tanto como tener que fingir que era su novia.
– No -Gabrielle enderezo una pila de facturas-. Te alegrara saber que Joe no es de mi familia -Fingio interesarse en la hoja que tenia delante. Luego escupio la mayor mentira de todas-. Es mi novio.
El ceno fruncido desaparecio y la miro totalmente estupefacto.
– Ni siquiera sabia que tuvieses novio. ?Por que no lo has mencionado antes?
– No quise decir nada hasta estar segura de mis sentimientos-dijo, soltando una mentira tras otra-. No queria que me diera mala suerte.
– Ah. Bien, ?cuanto hace que lo conoces?
– No mucho. -Eso si que era verdad, penso.
– ?Como lo conociste?
Penso en las manos de Joe recorriendole las caderas, los muslos, los senos y en su ingle presionando la de ella, y el calor subio por su cuello y le tino las mejillas.
– Corriendo por el parque -dijo, sabiendo que sonaba tan culpable como se sentia.
