en la oficina. Esperaba que siguiera ocupado en sus propios asuntos.
– Fui agente de estupefacientes durante ocho anos. Se notar la diferencia. ?Y tu?
– No creo que pueda contestar a esa pregunta sin llegar a incriminarme. -Una sonrisa divertida curvo las comisuras de sus labios rojos. Definitivamente ella se lo estaba pasando en grande-. Pero te dire que si alguna vez probe drogas, y recuerda que no estoy confesando nada, fue hace mucho tiempo y por motivos religiosos.
Sabia que se iba a arrepentir, pero de todos modos pregunto:
– ?Motivos religiosos?
– Para buscar la verdad y la iluminacion espiritual -explico-. Para romper los limites de la mente en busca de un conocimiento superior y la paz espiritual.
«Si, se arrepentia.»
– Para explorar la conexion cosmica entre lo bueno y lo malo, la vida y la muerte…
– Para conocer otras civilizaciones. Para llegar adonde nadie ha ido antes – anadio el en tono condescendiente-. Tu y el capitan Kira de
La sonrisa de Gabrielle fue sustituida por un ceno.
– ?Que hay en ese baul? -pregunto.
– Luces de Navidad.
– ?Cuando fue la ultima vez que lo abriste?
– En Navidad.
Un movimiento detras de Gabrielle desvio la atencion de Joe al mostrador de la parte delantera y observo como Kevin caminaba hacia la caja registradora y la abria con un golpe seco.
– Tengo algunos recados que hacer esta manana, Gabrielle dijo Kevin llenando la cartera de dinero-. Para las tres deberia estar de vuelta.
Gabrielle se dio la vuelta y miro a su socio. La tension se palpaba en el aire, pero nadie excepto ella parecio notarlo. Se le formo un nudo en la garganta aunque, por primera vez desde que la habian arrestado, su espiritu encontro un poco de alivio. Tenia un final a la vista para aquella locura. Cuanto antes se fuera Kevin, antes podria el detective registrarlo todo y ver que no habia nada incriminador. Y entonces, por fin, saldria de la tienda y de su vida.
– Ah, de acuerdo. Tomate todo el tiempo que quieras. En realidad, no es necesario que vuelvas.
Kevin miro al hombre de pie detras de ella.
– Volvere.
Tan pronto como Kevin se fue, Gabrielle lo miro por encima del hombro.
– Puedes actuar, detective -dijo, y dirigiendose al mostrador empezo a envolver el plato azul en papel de seda. Por el rabillo del ojo, lo vio sacar una libreta negra del bolsillo trasero de los Levi's. La abrio mientras lentamente se paseaba por la tienda. Despues de rellenar la primera pagina, paso a la siguiente e hizo una pausa.
– ?Cuando viene a trabajar Mara Paulino? -pregunto sin levantar la mirada.
– A la una y media.
Comprobo la marca en el fondo de una mantequillera Wedgwood, luego cerro la libreta y la guardo.
– Si Kevin regresa temprano, entretenlo aqui contigo -dijo caminando a la oficina y cerrando la puerta tras el.
– ?Como? -pregunto ella a la tienda vacia. Si Kevin regresaba temprano, no tenia ni idea de como haria para abordarle y evitar que descubriera al detective registrando su escritorio. La verdad era que no tendria importancia que Kevin regresara pronto y cogiera a Joe con las manos en la masa. Kevin lo sabria de todas maneras. Tenia el escritorio tan ordenado que siempre sabia si alguien habia tocado sus cosas.
Durante las dos horas siguientes Gabrielle se fue poniendo cada vez mas nerviosa. Cada tictac del reloj suponia un paso mas al borde del colapso. Trato de concentrarse en la rutina diaria y fracaso miserablemente. Era demasiado consciente del detective buscando pruebas tras la puerta cerrada de la oficina.
Varias veces se encamino hacia alli con la intencion de asomar la cabeza por la puerta y ver que estaba haciendo exactamente, pero siempre perdia el valor en el ultimo momento. Se sobresaltaba ante el mas minimo sonido y acabo por formarsele un nudo en la garganta que le impidio comer la sopa de brocoli que habia traido para almorzar. Al final, cuando Joe salio de la oficina a la una en punto, Gabrielle estaba tan tensa que sentia deseos de gritar. En vez de hacerlo, inspiro profundamente y, en silencio, entono el tranquilizador mantra de siete silabas que habia compuesto dieciocho anos atras para hacer frente a la muerte de su padre.
– Bueno. -Joe interrumpio su intento de relajacion-. Te vere manana por la manana.
No debia de haber encontrado nada incriminador. Pero Gabrielle no estaba sorprendida; no habia nada que encontrar. Lo siguio a la trastienda.
– ?Te vas?
El la miro a los ojos y curvo los labios.
– ?No me digas que vas a echarme de menos?
– Claro que no, ?pero que pasa con las estanterias? ?Que se supone que le voy a decir a Kevin?
– Dile que empezare manana. -Tomo las gafas de sol del bolsillo de la camiseta-. Tengo que poner un micro en el telefono de la tienda. Manana por la manana vendre un poco mas temprano. No me llevara mas que unos minutos.
– ?Vas a poner un micro en el telefono? ?No necesitas una orden judicial o algo por el estilo?
– No. Solo necesito tu permiso, que me vas a dar ahora mismo.
– No, claro que no.
Sus cejas oscuras se juntaron y sus ojos se volvieron duros.
– ?Por que no, diablos? Creo que dijiste que no tenias nada que ver con el robo del Monet de Hillard.
– Y asi es.
– Entonces no actues como si tuvieras algo que ocultar.
– No lo hago. Pero esto es una horrible invasion de mi intimidad.
El se balanceo sobre los talones y la miro con los ojos entornados.
– Solo si eres culpable. Ahora dame permiso para probar que Kevin y tu sois inocentes.
– Tu no crees que seamos inocentes, ?verdad?
– No -contesto sin titubear.
Le costo Dios y ayuda no decirle donde podia meterse el micro. Estaba tan seguro de si mismo y, sin embargo, tan equivocado. Es probable que no consiguiera absolutamente nada con las escuchas telefonicas, aunque solo habia una manera de probarlo.
– Estupendo dijo-. Haz lo que quieras. Pon una camara de video. Usa un poligrafo. Saca las esposas.
– Eso sera suficiente por ahora. -Joe abrio la puerta trasera y se puso las gafas de sol-. Guardo las esposas para confidentes reacias que necesitan un poco de tortura. -Las lineas sensuales de sus labios se curvaron en una sonrisa provocativa que podria hacer que cualquier mujer casi le perdonara por esposarla y encarcelarla-. ?Te interesa?
Gabrielle se miro los pies escapando del efecto hipnotico de su sonrisa, horrorizada de que el pudiera afectarla de aquella manera.
– No, gracias.
Joe le puso un dedo bajo la barbilla y la obligo a mirarlo. Su voz seductora hizo que un estremecimiento recorriera su piel.
– Puedo ser muy suave.
Ella clavo la mirada en sus gafas de sol sin lograr descifrar si estaba bromeando o hablaba en serio. Si trataba de seducirla o si todo era producto de su imaginacion.
– Paso.
– Gallina. -Dejo caer la mano y dio un paso atras-. Si cambias de idea, dimelo.
Despues de que se marchara se quedo mirando la puerta cerrada. Sintio mariposas en el estomago e intento convencerse de que era porque no habia comido. Pero no llego a creerselo del todo. Tras la marcha del detective, tenia que haberse sentido mejor, pero no era asi. El volveria al dia siguiente con el micro, para oir a escondidas todas sus conversaciones.
