Ni una palabra de la unica persona de quien queria oirla. En una de las llamadas creyo haber escuchado el graznido de un loro, pero entonces sono el timbre de un telefono al fondo y lo habia descartado como una broma o un vendedor.

No habia vuelto a saber de Joe desde la noche que, de pie en su porche, le habia dicho que confundia sexo con amor. La noche que ella le habia dicho que lo amaba y el habia retrocedido como si tuviera la lepra. El dolor que sentia en el corazon era continuo, desde que se levantaba por la manana hasta que se iba a la cama por la noche. Ni siquiera dormida podia apartarlo de su mente. Joe llenaba sus suenos como siempre, pero ahora cuando se despertaba se sentia vacia y solitaria, ya no deseaba pintarlo. No habia vuelto a coger un pincel desde el dia que el habia entrado en su casa buscando el Monet del senor Hillard.

Gabrielle entro en la sala y se dirigio a la mesa de trabajo donde se apilaban todos los frascos de aceites. Las persianas de la habitacion impedian que se filtraran los rayos daninos del sol, pero Gabrielle no necesitaba ver para separar un frasco de sandalo del resto. Desenrosco el tapon y lo llevo a su nariz. Inmediatamente la imagen de Joe lleno su mente. La imagen de su cara, de sus ojos calidos y hambrientos mirandola con los parpados entrecerrados, de sus labios humedos besandole la boca.

Igual que el dia anterior y el anterior a ese, el dolor volvio a atravesarla antes de que devolviese el tapon al frasco y lo pusiese sobre la mesa. No, no lo habia olvidado. Todavia no. Todavia dolia, pero tal vez al dia siguiente seria mejor. Tal vez al dia siguiente no sentiria nada y estaria lista para volver a su casa en Boise y plantarle cara a la vida una vez mas.

– Te he traido el correo -dijo su madre entrando en la sala como si no pasara nada. Traia una cesta con flores recien cortadas colgando de un codo y un gran sobre en la mano. Llevaba puesto un vestido mexicano con un llamativo bordado acompanado de un chal para protegerse del frio matutino y un collar de munequitas quitapenas para alejar la mala suerte. En algun momento durante su viaje a Mexico habia comenzado a comportarse como una nativa del lugar y nunca mas habia cambiado. Su larga trenza castano rojiza salpicada con vetas grises colgaba por su espalda hasta sus caderas-. Recibi una gran senal esta manana. Va a ocurrir algo bueno -predijo Claire-. Yolanda encontro un monarca de los lirios y ya sabes lo que eso significa.

No, Gabrielle no sabia que ver una mariposa en el huerto significara algo, aparte de que el pobre bicho estaba hambriento y buscaba comida, claro esta. Desde que su madre le habia predestinado un amante moreno y apasionado, sus predicciones psiquicas eran un asunto espinoso. Gabrielle no pregunto sobre la mariposa.

Claire se lo explico de todas maneras mientras le tendia el sobre a Gabrielle.

– Hoy recibiras buenas noticias. Los monarcas siempre traen buenas noticias.

Ella reconocio la letra de Francis cuando cogio el sobre de la mano de su madre y lo abrio. Dentro estaban las facturas mensuales de la casa de Boise y propaganda diversa. Dos cartas atrajeron su atencion inmediatamente. La primera era un sobre firmado por los senores Hillard. La segunda era de la prision estatal de Idaho. No necesito ver la direccion para saber quien habia enviado la carta. Reconocio la escritura. Kevin.

Durante unos segundos la alegria la invadio, como si estuviera recibiendo noticias ele un viejo amigo. Despues, aquel subito arranque de jubilo fue reemplazado por colera y cierta tristeza.

No habia hablado con Kevin desde antes de su arresto, pero habia sabido a traves del abogado que tres dias despues del arresto Kevin habia llegado a un acuerdo con la oficina del fiscal. Habia cantado como el canario del refran proporcionando informacion y nombres a cambio de una reduccion de condena. Habia delatado a cada uno de los coleccionistas y traficantes con los que habia hecho negocios y a los ladrones del robo Hillard. Segun Ronald Lowman, Kevin habia contratado a dos hermanos que en ese momento estaban en libertad bajo fianza y a la espera de sentencia por algunos robos en barrios residenciales y de los que finalmente habian sido declarados culpables.

Gracias a su cooperacion, Kevin solo habia sido condenado a cinco anos de prision pero estaria fuera en dos.

Le dio a su madre el sobre de los Hillard.

– Leelo tu si te interesa -dijo, luego tomo la otra carta y atraveso el pasillo hacia la sala de estar. Se sento en un viejo sillon y le temblaron las manos cuando abrio el grueso sobre. Habia una carta de cuatro paginas escrita en papel legal. La luz que atravesaba las ventanas ilumino la letra sesgada.

Estimada Gabe

Espero que leas esta carta y me des la oportunidad de explicar mis acciones. Primero dejame decirte que lamento sumamente el dolor que con toda seguridad te he causado. Nunca fue mi intencion, y jamas imagine que mis otros negocios repercutirian negativamente en ti.

Gabrielle hizo una pausa. «?Negocios?» ?Asi llamaba a vender antiguedades y pinturas robadas? Sacudio la cabeza y devolvio la atencion a la carta. Hablaba de su amistad, de todo lo que queria contarle y los buenos tiempos que habian compartido. Comenzaba casi a sentir lastima por el cuando la carta tomo otro cariz.

Se que un gran numero de personas ve mis acciones como crimenes y quizas esten en lo cierto. Comprar y vender propiedad robada va contra la ley, pero mi unico crimen VERDADERO es haber querido demasiado. Quise las cosas buenas de la vida y por ello tengo que cumplir una condena mas dura que la de la mayoria de los condenados. Los maltratadores y pederastas reciben condenas mas leves que la mia. ?No son mis crimenes una tonteria en comparacion? ?A quien hice dano? ?A los ricos que estan asegurados?

Gabrielle bajo la carta a su regazo. «?A quien hizo dano?» ?Hablaba en serio? Con la mirada hojeo rapidamente el resto de la carta llena de mas racionalizaciones y excusas. Insultaba a Joe con palabras realmente fuertes. Esperaba que hubiera sido lo suficientemente lista para darse cuenta de que Joe solo la habia usado para acercarse a el y confiaba en que a esas alturas hubiera tenido la sensatez de haberse deshecho de el. Gabrielle estaba sorprendida de que no se hubiera enterado del papel que ella habia jugado, y hacia el final de la carta le llegaba a preguntar si le escribiria, como si aun siguieran siendo buenos amigos. Descarto la idea y con la carta en la mano entro en la sala de nuevo.

– ?Que habia en el sobre? -pregunto Claire, levantandose de la mesa donde, recientemente, Gabrielle habia estado mezclando petalos de rosa y lavanda en un mortero.

– Una carta de Kevin. Quiere que sepa que lo siente y que no es tan culpable como parece. Que solo robo a gente rica. -Hizo una pausa para dejar caer la carta a la basura-. Supongo que estas eran las buenas noticias que te dijo la mariposa que recibiria hoy.

Su madre la miro de aquella manera suya tan calmada y compuesta, sin juzgarla. Y Gabrielle se sintio como si hubiera pateado a un amante de la paz.

Suponia que lo habia hecho, pero ultimamente parecia que no podia ni ayudarse a si misma. Era abrir la boca, y toda la colera que tenia dentro salia como un chorro a presion.

Sin ir mas lejos, la semana pasada su tia Yolanda habia estado deshaciendose en alabanzas sobre su tema favorito: Frank Sinatra, y Gabrielle le habia espetado:

– Sinatra era un mamon y las unicas que no piensan asi son las mujeres que se pintan las cejas.

Gabrielle habia pedido perdon inmediatamente a su tia y Yolanda parecio haberlo aceptado y olvidado, pero una hora mas tarde se apropio sin querer de un pavo en el supermercado.

Gabrielle no era ella misma, no tenia realmente clara su identidad. Le dolia admitirlo, pero su confianza y su corazon habian sido destrozados por dos hombres diferentes el mismo dia haciendole perder la fe en si misma y en todo lo que la rodeaba.

– El dia aun no ha terminado -dijo Claire y senalo los posos del mortero sobre la mesa-. Los Hillard dan una fiesta, y segun la invitacion quieren que vayan todos los que colaboraron en la recuperacion de su pintura.

– No puedo ir. -El solo pensamiento de ver a Joe hacia que tuviera mariposas en el estomago como si se hubiera tragado el mistico monarca del huerto de su madre.

– No puedes esconderte aqui para siempre.

– No me escondo.

– Huyes de la vida.

Por supuesto que huia de la vida. Su vida era un agujero negro que se extendia delante de ella totalmente vacio. Habia meditado y probado a imaginarse la vida sin Joe, pero no lo habia conseguido. Siempre habia sido

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