espontanea ante la vida. Si algo no marchaba bien, cambiaba de rumbo y tomaba una nueva direccion. Pero por primera vez, todos los sitios adonde se dirigia eran iguales.

– Tienes que cerrar este ciclo. -Gabrielle cogio una ramita de menta y la giro entre los dedos-. Tal vez, deberias escribirle una carta a Kevin. Luego deberias pensar en ir a la fiesta de los Hillard. Necesitas enfrentarte a los hombres que te han lastimado y que te han puesto tan furiosa.

– No estoy furiosa.

Claire simplemente se la quedo mirando.

– De acuerdo, estoy un poco furiosa.

Descarto la idea de escribirle a Kevin enseguida, aunque quiza su madre tuviera razon. Tal vez deberia enfrentarse a todo eso para poder seguir adelante. Pero no a Joe. No estaba preparada para ver a Joe, para mirar sus familiares ojos castanos y ver que no sentia nada por ella.

Durante el tiempo que habia permanecido con su abuelo, su madre, su tia Yolanda y ella habian hablado de Kevin, pero la mayor parte del tiempo ella habia hablado de sus sentimientos por Joe. No habia mencionado que Joe era su yang, ni siquiera lo habia insinuado. Pero de todas maneras, su madre lo habia sabido.

Su madre creia que las almas gemelas y el destino estaban irremediablemente entrelazados. Gabrielle esperaba que no tuviera razon. Claire habia hecho frente a la perdida de su marido cambiando totalmente de vida. Gabrielle no queria cambiar su vida. Queria recuperarla tanto como fuera posible.

Pero tal vez su madre tenia razon en una cosa. Tal vez fuera hora de volver a casa. Tiempo de concluir una etapa. Tiempo de recoger los pedazos y vivir su vida otra vez.

Joe metio la cinta de video y la puso en marcha. El zumbido y el chasquido del aparato llenaron la silenciosa sala de interrogatorios mientras apoyaba el trasero contra la mesa y cruzaba los brazos sobre el pecho. La pelicula parpadeo y salto, y luego la cara de Gabrielle lleno la pantalla del televisor.

– Por supuesto, yo misma soy artista -dijo ella, y oir su voz despues de un mes fue como sentir el brillo del sol en la cara despues de un invierno largo y frio; entro a raudales por cada poro de su piel calentando todo su ser.

– Entonces entendera que el senor Hillard este ansioso por recuperarlo -sono su voz fuera de camara.

– Me imagino que si. -Los grandes ojos verdes de Gabrielle se llenaron de confusion y miedo. No recordaba haberla visto tan asustada y no entendia como no se habia dado cuenta. Ahora lo sabia porque la conocia y sabia que era inocente.

– ?Ha visto o se ha encontrado alguna vez con este hombre? -pregunto el-. Su nombre es Sal Katzinger.

Ella inclino la cabeza y miro las fotos antes de volver a pasarselas.

– No. No creo habermelo encontrado nunca.

– ?Ha oido mencionar alguna vez ese nombre a su socio, Kevin Carter? -pregunto el capitan Luchetti.

– ?Kevin? ?Que tiene que ver Kevin con ese hombre?

El capitan explico la conexion entre Katzinger y Kevin, y sus sospechas de como estaba involucrado en el robo del Monet de los Hillard. Joe observo la mirada de Gabrielle que iba de Luchetti a el mismo con cada emocion presente en su bella cara. Miro como se metia el pelo detras de la oreja y puso los ojos en blanco al ver como defendia ferozmente a un hombre que no merecia su amistad.

– Ciertamente me enteraria si vendiese antiguedades robadas. Trabajamos juntos casi todos los dias. Si el estuviera ocultando un secreto de ese calibre, lo sabria.

– ?Como? -pregunto el capitan.

Joe reconocio la mirada que le echo a Luchetti. Era la mirada que ella reservaba para los poco entendidos.

– Solo lo sabria.

– ?Alguna otra razon?

– Si, es Acuario.

– Cielo santo -se oyo Joe gemir a si mismo.

Noto su propia exasperacion y escucho la explicacion de Gabrielle acerca de que Lincoln tambien era Acuario, y esta vez se rio. Aquel dia lo habia vuelto completamente loco. Y habia seguido haciendolo los dias siguientes. Se rio entre dientes mientras ella contaba lo de la barrita de caramelo que habia robado pero que por supuesto no habia disfrutado ni un poquito. Luego la observo cubrirse la cara con las manos y la risa se le congelo en la cara. Cuando ella levanto la mirada de nuevo, las lagrimas anegaban sus ojos verdes y mojaban sus pestanas. Se las enjugo y miro fijamente a la camara. Su mirada era acusadora y dolida, y Joe se sintio como si le hubieran golpeado en el estomago con una porra.

– Mierda -dijo a la habitacion vacia y presiono el boton de expulsion del video.

No deberia haber mirado la cinta. Lo habia estado evitando durante un mes y era lo mejor que podia haber hecho. Ver como ella afrontaba los hechos y oir su voz habia provocado que todo saliese de nuevo a la superficie. Todo el caos, la confusion y el deseo.

Cogio la cinta y se fue a casa. Necesitaba darse una ducha rapida, luego iria a casa de sus padres para la fiesta del sesenta y cuatro cumpleanos de su padre. De camino recogeria a Ann.

Ultimamente habia pasado algun tiempo con ella. La mayor parte en el bar. Iba a desayunar y algunas veces, cuando no podia salir, ella le llevaba el almuerzo. Y hablaban. Bueno, Ann hablaba.

Habian salido dos veces y la ultima vez, al llevarla a casa, la habia besado. Pero algo parecia no estar bien y termino el beso casi antes de que empezara.

El problema no era Ann. Era el. Ella era todo lo que siempre habia buscado en una mujer. Todo lo que habia pensado que queria. Era bonita, lista, una excelente cocinera y sabia que seria la madre ideal. Pero era aburrida hasta lo indecible. Y eso en realidad tampoco era culpa de ella. No era culpa de ella que cuando el la miraba deseara que dijera algo tan raro como para que se le erizara el pelo de la nuca. Algo que lo haria reaccionar y ver las cosas bajo una nueva luz. Gabrielle tenia la culpa. Habia arruinado lo que creia que queria. Ella lo habia puesto todo del reves, y su vida y su futuro ya no estaban tan claros para el como antes. Tenia la impresion de que se estaba moviendo en circulos, de que iba en la direccion equivocada, pero quiza si se detenia, si se quedaba quieto, todo volveria a encajar y su vida retomaria su curso habitual.

Esa tarde seguia dandole vueltas al asunto. Deberia estar divirtiendose de lo lindo con su familia, pero era incapaz de hacerlo. Por eso, era el unico que permanecia en la cocina mirando el patio trasero y pensando en el video de Gabrielle.

Aun podia oir su voz horrorizada cuando le habian pedido que se sometiera al detector de mentiras. Si cerraba los ojos, podia ver su bella cara y su pelo alborotado. Si se dejaba llevar, podia sentir el tacto de sus manos y el sabor de su boca. Y cuando imaginaba su cuerpo apretado contra el suyo, podia recordar el perfume de su piel. Casi era mejor que no estuviera en la ciudad.

Sabia donde estaba, por supuesto. Lo habia sabido dos dias despues de que se hubiera marchado. Habia tratado de contactar con ella una vez, pero no contesto y el no habia dejado mensaje. Lo mas probable era que lo odiase y no la culpaba. No despues de lo que habia pasado esa noche en el porche cuando le habia dicho que lo amaba y el le habia respondido que estaba confundida. Tal vez lo habia manejado todo mal, pero como era habitual en Gabrielle, su declaracion lo habia sorprendido tanto como si lo hubiera mandado al infierno. No esperaba algo asi. Habia sido el broche final para una de las peores noches de su vida. Si pudiera dar marcha atras y hacer las cosas de manera diferente lo haria. No sabia exactamente lo que le diria, pero de todas maneras ahora no tenia importancia. Estaba bastante seguro de que en ese momento el no era una de sus personas favoritas.

Su madre entro por la puerta trasera y la mosquitera se cerro de golpe tras ella.

– Es la hora del pastel.

– Bien.

Cambio el peso de pie y observo a Ann hablando con sus hermanas. Seguramente le estaban contando la vez que habia prendido fuego a sus Barbies. Sus sobrinos corrian por el gran patio, disparandose con pistolas de agua y gritando a todo pulmon. Ann encajaba perfectamente en su familia, como el ya habia imaginado.

– ?Que paso con la chica del parque? -pregunto su madre.

El no necesitaba preguntar que chica.

– Era simplemente una amiga.

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