Ella le gustaba un poco. Bueno, le gustaba mucho. Muchisimo. Pero que una mujer le gustara muchisimo no significaba que la amara. Incluso aunque una relacion con ella no fuera tan jodidamente complicada, Gabrielle no era el tipo de mujer con la que se veia sentando cabeza. No queria lastimarla, pero tenia que mantenerse alejado de ella.
Inspirando profundamente, se meso el pelo con los dedos, luego dejo caer las manos en el regazo. Tal vez no tenia nada de que preocuparse. Nada por lo que sentirse culpable. Ella no tenia por que esperar nada. Era mayorcita. Una chica lista. Probablemente sabia que lo de la cama, lo del suelo y lo de la ducha habia sido un error garrafal. Seguramente temia volver a verlo. Habian sentido algo intenso durante un par de horas, algo realmente bueno, pero no podia ocurrir de nuevo. Ella tambien lo sabia. Tenia que saber que no habia ninguna posibilidad de que mantuvieran una relacion.
Con las cortinas echadas y las luces apagadas, Gabrielle se sento sola en la oscura sala de estar y miro las noticias locales de las cinco y media. El robo Hillard era de nuevo la noticia del dia, solo que esta vez la fotografia de Kevin ocupaba la pantalla en primer plano.
– Un hombre de la localidad fue arrestado hoy acusado del mayor robo de la historia del estado. El empresario Kevin Carter… -comenzaron las noticias. A continuacion salieron unas imagenes de Anomaly y describieron el desarrollo de la operacion. Mostraron a un policia sacando el escritorio, el ordenador y los archivadores de Kevin. Habian registrado la tienda buscando objetos robados. Ella sabia todo lo que habian hecho porque habia estado alli. Despues de vestirse habia conducido hasta la tienda y los habia observado. Ella, Mara, Francis y su abogado, Ronald Lowman. Uno junto a otro. Todos excepto Joe.
Joe no habia vuelto.
La historia ocupo toda la emision. La foto de William Stewart Shalcroft aparecio en una esquina y la de Kevin en la otra mientras un portavoz de la policia respondia a algunas preguntas.
– Tuvimos un colaborador -dijo, pero no menciono su nombre ni que era inocente-. Hemos mantenido al senor Carter bajo vigilancia durante algun tiempo.
Gabrielle oprimio el boton de apagado del mando a distancia y lo dejo en el sofa al lado del telefono inalambrico.
Joe ni siquiera habia llamado.
Toda su vida se estaba desmoronando a su alrededor. Su socio, un hombre en el que confiaba lo suficiente como para considerarlo un amigo muy querido, era un ladron. Aunque las noticias no habian mencionado su nombre, cualquiera que la conociera asumiria que ella era culpable por asociacion. Ronald y ella habian discutido brevemente las opciones que tenia, como cerrar la tienda y abrirla bajo otro nombre, pero no sabia si tendria animo para comenzar de nuevo otra vez. Pensaria en ello una vez que se calmaran los animos y se le aclararan las ideas.
Sono el telefono que tenia a su lado en el sofa y sintio un vuelco en el estomago.
– Diga -contesto antes de que timbrase una segunda vez.
– Acabo de ver las noticias -comenzo su madre-. Voy para alla.
Gabrielle se trago la decepcion.
– No, no lo hagas. Me pasare por tu casa cuando pueda.
– ?Cuando?
– Esta noche.
– No deberias estar sola.
– Estoy esperando a Joe -dijo ella; no estaria sola.
Despues de que colgara el telefono, lleno el bano. Anadio lavanda e ylang-ylang, y coloco el telefono al lado de la banera, pero cuando sono otra vez, tampoco era Joe.
– ?Viste las noticias? -empezo Francis.
– Las vi. -Gabrielle se trago la decepcion por segunda vez-. Oye, ?te importa si te llamo yo dentro de un rato? Estoy esperando que me llame Joe.
– ?Por que no le llamas tu?
Porque no tenia el numero de su casa y tampoco estaba en la guia. Lo habia mirado. Dos veces.
– No, estoy segura de que llamara cuando salga del trabajo. Probablemente no podra hablar conmigo sobre el caso hasta entonces. -O sobre ellos. Sobre lo que ocurriria ahora.
Despues de que Francis colgara, Gabrielle salio de la banera y se puso un par de pantalones cortos color caqui y una camiseta blanca. Se dejo el pelo suelto porque penso que a el le gustaria mas de ese modo. Ni siquiera intento convencerse a si misma de que no estaba esperando su llamada. No importaba cuanto lo intentara, nunca seria una mentirosa consumada. Con cada tictac del reloj, se le tensaban mas los nervios.
A las siete y media, un minusvalido vendiendo bombillas tuvo la desgracia de llamar.
– ?No! -chillo ella al telefono-. ?He tenido un dia realmente malo! -colgo y se hundio en el sofa. Cierto, acababa de ganarse el peor karma imaginable. ?Que clase de mujer gritaba a un discapacitado?
El tipo de mujer cuya vida estaba en la cuerda floja, y que deberia haber sido mas escrupulosa con su negocio y su vida amorosa, pero no lo habia sido. El tipo de mujer que estaba a punto de perder los nervios y que sabia en lo mas profundo de su ser que si podia perderse en los brazos de Joe todo estaria bien.
Si queria hablar con el, tendria que llamar a la comisaria de policia o dejarle un mensaje en el busca. Habia hecho el amor con el, y el le habia tocado el corazon como nadie habia hecho nunca. Habia tocado su cuerpo, consiguiendo una respuesta que ella jamas habia experimentado. Habia sido algo mas que sexo. Lo amaba, pero tenia el alma en vilo al no saber lo que el sentia por ella. La incertidumbre la estaba volviendo loca y aquello era peor que cualquier cosa que hubiera sentido en su vida.
Habian hecho el amor, luego el habia salido corriendo de su casa como alma que lleva el diablo. Y si, sabia que el no habia tenido otra opcion. La logica le decia que su precipitada partida no habia sido decision suya, pero ni siquiera le habia dado un beso de despedida. Ni siquiera habia mirado hacia atras.
Sono el timbre de la puerta y dio un brinco. Cuando miro por la mirilla, Joe le devolvio la mirada desde detras de sus galas de sol. Contuvo el aliento y el dolor se le asento en el corazon como si hubiera tragado aire.
– Joe -dijo abriendo la puerta.
Luego fue incapaz de pronunciar otra palabra por la emocion que la embargaba. La hambrienta mirada de Gabrielle lo recorrio de arriba abajo, desde el pelo oscuro, pasando por la camiseta negra y los vaqueros, a la punta de las botas negras. Devolvio la mirada a esa cara intensamente masculina con la sombra caracteristica de la barba de ultima hora de la tarde y las delgadas lineas de su boca sensual. La boca sensual con la que el le habia besado el interior del muslo hacia menos de doce horas.
– ?Viste las noticias? -pregunto, y habia algo en su voz, algo en la manera en que se comportaba que hizo sonar campanas de alarma en su cabeza-. ?Has hablado con tu abogado?
Finalmente, ella encontro la voz.
– Si. ?Quieres entrar?
– No, no es una buena idea. -Retrocedio hasta el borde de los escalones-. Pero queria hablar contigo sobre lo que sucedio entre nosotros esta manana.
Ella supo lo que iba a decir antes de que abriera la boca.
– No me digas que lo sientes -le advirtio, porque no creia que su corazon pudiera soportar sentir su lastima como si lo que habian compartido fuera un error- No me digas que nunca deberia haber ocurrido.
– No decirlo no hace que no sea asi, Gabrielle. Lo que sucedio fue culpa mia. Eras mi colaboradora y hay procedimientos y politicas estrictas respecto a eso. Viole todas las reglas. Si quieres hablar con alguien de asuntos internos, puedo decirte con quien debes contactar.
Ella se miro los dedos desnudos de los pies, luego subio los ojos hasta su reflejo en las gafas. El hablaba de reglas otra vez. A ella no le preocupaban las reglas ni los procedimientos, ni queria hablar con nadie que no fuera el. Joe hablaba de lo que habian hecho, pero no de como se sentia. Puede que no la amara, pero tenia que sentir el vinculo entre ellos.
– Me equivoque y lo siento.
Eso le hacia dano, pero no tenia tiempo de lamerse las heridas. Si no se lo decia, nunca sabria lo que ella sentia por el. Si Joe se marchaba ahora sin que le dijera nada, siempre se preguntaria si el haberselo dicho hubiera podido cambiar las cosas.
– No lo sientas. Puede que no lo sepas, pero no me acuesto con cualquiera. Supongo que no puedo esperar
