– Bueno, yo una vez le dije a Sebastian que tenia disfraces y esposas -dijo Clare, que siempre intentaba que todos se sintieran mejor-. Pero menti, lo siento. -Y volvio a reclinarse hacia atras en el sofa.

Maddie miro a las tres costureras para observar sus reacciones. Las tres ponian cara de poquer, como si de profesoras de la escuela dominical se tratase. Seguro que habian oido cosas peores. Se volvio hacia Adele, que ladeaba la cabeza como si estuviera esperando algo.

– ?Que? -pregunto Maddie.

– Se que tu has sido algo pervertidilla.

Lo mas que habia hecho Maddie era hablar.

– Nunca me he disfrazado. -Lo penso un momento y en un esfuerzo por apaciguar a Adele confeso-: Pero si te hace sentir mejor, me han atado.

– Y a mi.

– Claro.

– ?Vaya cosa! -Adele no parecia aplacada-. A todo el mundo lo han atado.

– Eso es cierto -anadio Nan, la costurera. Arranco un alfiler del alfiletero que llevaba en la muneca y miro fijamente a Adele-: Y si te hace sentir mejor, de vez en cuando me disfrazo de caperucita roja.

– Gracias, Nan.

– De nada. -Hizo un movimiento circular con el dedo-. Date la vuelta, por favor.

Despues de los arreglos de los trajes de damas de honor, las cuatro amigas fueron a comer a su restaurante favorito. Cafe Ole no tenia la mejor comida mexicana de la ciudad, pero tenian los mejores margaritas. Las acompanaron hasta su mesa preferida y, haciendose oir por encima de una enlatada musica instrumental de mariachis, se pusieron al dia. Hablaron de la boda de Clare y de los planes de Lucy de formar una familia con su pedazo de marido, Quinn. Y querian saberlo todo sobre la vida que Maddie llevaba a ciento sesenta kilometros al norte, en Truly.

– En realidad no es tan malo como creia -dijo, y se llevo la copa a los labios-. Es muy bonito y muy tranquilo… bueno, salvo el Cuatro de Julio. La mitad de las mujeres de la ciudad tienen un pelo espantoso y la otra mitad estan esplendidas. Intento averiguar si es una historia de nativas contra Snowbird [5], pero por el momento no lo se. -Se encogio de hombros-. Crei que si pasaba mucho tiempo encerrada en casa me volveria loca, pero no.

– Sabes que te quiero -dijo Lucy, a la que siempre seguia un «pero»-, pero ya estas totalmente loca.

Probablemente tuviera razon.

– ?Como va el libro? -pregunto Clare mientras una camarera les llevaba la comida.

– Despacio.

Habia pedido una tostada y una ensalada de pollo y levanto el tenedor en cuanto la camarera se fue. Solo hacia unas semanas que le habia contado a sus amigas su intencion de escribir sobre la muerte de su madre, eso fue mucho despues de que encontrara los diarios y comprara la casa en Truly. No sabia por que habia esperado tanto para contarselo. No solia ser reticente a compartir los detalles de su vida personal con sus amigas, a veces para su conmocion y su horror, pero leer los diarios de su madre la habia dejado tan desprotegida que necesitaba tiempo para ajustarse y asumirlo todo antes de hablar con nadie.

– ?Has conocido a los Hennessy? -pregunto Adele mientras atacaba una enchilada rebosante de queso y coronada con salsa agria. Adele hacia ejercicio a diario y, como resultado, podia comer lo que le diera la gana. Maddie, por otro lado, odiaba el ejercicio.

– He conocido a Mick y a su sobrino Travis.

– ?Cual fue la reaccion de Mick cuando le dijiste que escribias el libro?

– Bueno, el no lo sabe. -Probo la ensalada y luego anadio-: Aun no se ha presentado el momento adecuado para hablarle de ello.

– Entonces… -Lucy fruncio el ceno-. ?De que has estado hablando con el?

De que ninguno de los dos se veia casado y de que a el le gustaba su trasero y su olor.

– De ratones sobre todo. -Lo cual era verdad, en cierto modo.

– Espera. -Adele levanto una mano-. ?El sabe quien eres y quien era tu madre, y solo quiere charlar de ratones?

– No le he contado quien soy. -Las tres amigas dejaron de comer en el acto para mirarla-. Mientras esta trabajando en su bar o en una barbacoa con todo el mundo alrededor, no es el momento para acercarme a el y decirle: «Soy Maddie Jones y tu madre mato a la mia». -Sus amigas asintieron indicando que estaban de acuerdo y siguieron comiendo-. Y ayer nos iba mal a los dos. Yo tuve un dia de perros. El fue muy amable, me trajo un Mouse Motel y luego me beso. -Pincho un trozo de pollo y aguacate-. Despues de eso, sencillamente se me olvido.

Las tres volvieron a quedarse pasmadas.

– Para usar tu frase favorita -dijo Lucy-: ?Te estas quedando conmigo?

Maddie nego con la cabeza. Tal vez deberia haberselo callado. Pero ya era demasiado tarde.

Ahora le tocaba a Clare el turno de levantar una mano.

– Espera. Aclarame algo.

– Si. -Maddie respondio a lo que pensaba era la siguiente pregunta logica. La que ella habria formulado-. Esta realmente bueno y es fantastico. La entrepierna me ardia.

– No iba a preguntarte eso. -Clare miro a su alrededor, como siempre hacia cuando pensaba que Maddie estaba diciendo algo poco apropiado en un lugar publico-. ?Te has morreado con Mick Hennessy y no sabe quien eres? ?Que crees que sucedera cuando lo descubra?

– Me imagino que se va a cabrear de verdad.

Clare se inclino hacia delante.

– ?Te imaginas?

– No lo conozco lo suficiente para predecir como reaccionara.

Pero si lo conocia. Sabia que iba a enfadarse y sabia que de algun modo ella se lo merecia. Aunque, para ser justa consigo misma, en realidad no habia tenido ocasion de decirselo. Y no era ella quien habia ido a su casa y lo habia besado hasta dejarlo sin aliento. Habia sido el.

– Cuando se lo digas procura tener la Cobra cerca -le aconsejo Lucy.

– No es un tipo violento. No necesitare freirlo.

– Tu no le conoces. -Adele apunto a Maddie con el tenedor y comento una obviedad-. Su madre mato a la tuya.

– Y tu siempre nos recuerdas que a los que tienes que vigilar es a los que parecen sanos. -Clare le refresco la memoria a Maddie.

– Y sin armas de defensa personal, todas somos presas faciles. -Lucy se rio y levanto la copa-. Cuando menos te lo esperas, algun tipo lleva tu cabeza por sombrero.

– ?Me podeis recordar por que soy amiga de vosotras tres? -Tal vez porque eran las unicas personas vivas que se preocupaban por ella-. Se lo dire. Solo estoy esperando el momento adecuado.

Clare se recosto contra el respaldo del asiento.

– ?Oh, Dios mio!

– ?Que?

– Tienes miedo.

Maddie cogio su margarita y bebio hasta que se le congelaron las orbitas de los ojos.

– Yo diria que estoy un poco aprehensiva. -Se puso la calida palma de la mano sobre la frente-. No le tengo miedo a nada.

La montura negra metalica de unas gafas de sol Revo descansaba sobre el puente de la nariz de Mick mientras los cristales de espejo color azul le protegian los ojos del abrasador sol de las seis de la tarde. Mientras cruzaba el aparcamiento del colegio, mantenia la mirada fija en el jugador numero nueve, con la camiseta azul de Hennessy y el casco rojo de bateador. Habia estado ocupado con los libros y pidiendo cerveza al distribuidor, y se habia perdido la primera entrada.

– Vamos, Travis -grito, y se sento en la fila de abajo, en los asientos de la tribuna descubierta. Se inclino hacia delante con los antebrazos encima de los muslos.

Travis descansaba el bate sobre un hombro mientras se acercaba a la T de goma negra que servia de

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