Mas tarde planeaba ir a buscar a Mick y contarle quien era y por que habia ido a la ciudad. Era lo correcto y queria que lo oyera de sus propios labios. Se imagino que podria encontrarlo en uno de sus dos bares y tenia la esperanza de que aquella noche estuviera trabajando en Mort. En realidad no esperaba con ilusion cruzarse con Hennessy, aunque de algun modo tendria que ser asi. Nunca habia estado en el bar donde su madre habia muerto. Para ella, Hennessy era solo otra vieja escena del crimen que tenia que visitar para su libro. Tendria que ir para fijarse en los cambios y examinar el lugar. Y, aunque no tenia miedo, sentia cierta aprehension.

Mientras enjuagaba el plato en el fregadero y lo metia en el lavavajillas, se pregunto si Mick se enfadaria mucho. Hasta que sus amigas no lo mencionaron, no penso en llevar la Taser con ella cuando fuera a contarselo. Aunque no parecia violento, habia disparado misiles Hellfire desde un helicoptero. Y claro, su madre estaba chalada y, aunque a Maddie le gustaba pensar que tenia un psicorradar especial, afinado durante anos de trato con psicoticos esposados a la mesa, preferia pecar de cautelosa y llevar un buen espray de pimienta.

Sono el timbre, y esa vez no se sorprendio de ver a Mick en el porche. Igual que en la ultima visita, sostenia una tarjeta con dos dedos, pero en aquella ocasion no cabia duda de que la tarjeta era la de Maddie.

Le miraba fijamente desde los cristales azulados de las gafas de sol, dibujando con los labios una linea recta. No tenia cara de felicidad, pero tampoco demasiado enfadada. Lo mas probable es que no tuviera que rociarlo con el espray de pimienta, claro que tampoco lo llevaba encima.

Maddie miro la tarjeta.

– ?De donde la has sacado?

– Jewel Finley.

Mierda. No esperaba que lo descubriera de aquel modo, pero tampoco le sorprendia.

– ?Cuando?

– Anoche, en el partido de Travis.

– Lamento que te hayas enterado de esta manera.

Maddie no le invito a entrar, aunque el tampoco espero a que lo invitara.

– ?Por que no me lo contaste? -le pregunto mientras por su lado pasaba un metro ochenta y ocho y ochenta y seis kilos de hombre decidido. Intentar detenerlo habria sido tan inutil como intentar parar un carro de combate.

Maddie cerro la puerta y le siguio.

– Tu no querias saber nada de mi, ?te acuerdas?

– No me vengas con gilipolleces.

La luz se filtraba por los grandes ventanales, deteniendose encima del respaldo del sofa, la mesa de cafe y el suelo de madera. Mick se detuvo en el charco de luz y se quito las gafas. Maddie se habia equivocado en la apreciacion de su ira: ardia como un fuego azul en sus ojos.

– No queria saber nada de tus antiguos novios, ni de tu receta favorita de galletas de chocolate ni de quien se sento a tu lado en segundo curso. -Levanto la tarjeta-. Esto es distinto, y no digas que no.

Maddie se acomodo el cabello detras de las orejas. Mick tenia derecho a estar enfadado.

– Aquella primera noche en Mort habia ido con la intencion de presentarme y contarte quien era y por que estaba en la ciudad, pero el bar estaba lleno y no me parecio un buen momento. Cuando te vi en la ferreteria y en el Cuatro de Julio, Travis estaba contigo, y tampoco me parecio el momento adecuado.

– ?Y cuando estuve aqui solo? -Fruncio las cejas y se coloco las gafas sobre la cabeza.

– Intente contartelo ese dia.

– ?Ah, si? -Se metio la tarjeta en el bolsillo de su polo negro del bar de Mort-. ?Antes o despues de que me metieras la lengua hasta la garganta?

Maddie lanzo una exclamacion. Si, tenia derecho a estar enfadado, pero no a reescribir la historia.

– ?Fuiste tu quien me besaste!

– El momento adecuado -dijo como si ella no hubiera protestado- habria sido antes de que te pegaras a mi pecho.

– ?Que yo me pegara? Tu me apretaste contra tu pecho. -Mick entorno los ojos, pero ella no se iba a permitir enfadarse-. Te dije que no me conocias.

– Y en lugar de contarme lo realmente importante, como que estas en esta ciudad para escribir un libro sobre mis padres, creiste que me interesaria mas saber que eres «una especie de abstemia sexual», ?no? -Descanso el peso sobre un pie y ladeo la cabeza mientras la miraba-. No tenias la menor intencion de contarmelo.

– No seas ridiculo. -Se cruzo de brazos-. Esta es una ciudad pequena y sabia que lo descubririas.

– Y hasta que lo descubriera ?planeabas follarme a cambio de informacion?

No te enfades, se dijo a si misma. Si te enfadas, tendras que sacar la Taser.

– Tu teoria falla en dos suposiciones. -Maddie levanto un dedo-. Que te necesitaba para que me dieras informacion. No te necesito. -Levanto un segundo dedo-. Y que planeaba follarte. No lo planeaba.

Mick dio un paso hacia ella y sonrio, pero no era una de sus sonrisas encantadoras y amables.

– Si yo hubiera tenido mas tiempo, te habrias abierto de piernas.

– ?Estas sonando!

– Y tu me estas mintiendo. A mi y a ti misma.

– Yo nunca me miento a mi misma. -Le miro a los ojos, no estaba intimidada lo mas minimo ni por su tamano ni por su rabia-. Y nunca te he mentido.

Mick entorno los ojos.

– Ocultaste la verdad a proposito, lo que es la misma puta mierda.

– ?Ah, tiene gracia que tu me des lecciones de moralidad! Dime, Mick, ?se conocen entre si todas las mujeres con las que te acuestas?

– Yo no miento a las mujeres.

– No, solo traes trampas para ratones pensando en que te meteras en sus bragas.

– No te traje la trampa por ese motivo.

– ?Ah, no? ?Ahora quien miente? -Maddie senalo la puerta-. Es mejor que te vayas.

Mick no se inmuto.

– No puedes hacer esto, Maddie. No puedes escribir sobre mi familia.

– Si puedo, y eso es lo que voy a hacer. -No le espero, se dirigio hacia la puerta y la abrio.

– ?Por que? He leido todo sobre ti -dijo mientras se acercaba a ella y los talones de sus botas resonaban furiosos contra la madera-. Tu escribes sobre asesinos en serie. Mi madre no era una asesina en serie. Era un ama de casa que estaba hasta las narices de que su marido la enganara. Perdio la cabeza, le mato a el y luego se mato ella. No hay ningun «malo» en esta historia. Ni cabrones enfermos como Ted Bundy o Jeffrey Dahmer. Lo que les ocurrio a mi madre y a mi padre no es el tipo de historia sensacionalista que la gente quiere leer.

– Creo que estoy un poco mas cualificada para decidirlo que tu.

Mick se detuvo en el umbral y se volvio hacia ella.

– Mi madre era solo una mujer triste que una noche se trastorno y dejo a sus hijos huerfanos, victimas de su enfermedad mental.

– Solo sabes hablar de ti y de tu familia, pareces olvidar que hubo otra victima inocente.

– Esa camarerita dificilmente era inocente.

En realidad, habia estado hablado consigo misma.

– Asi que tu eres como todos los de esta ciudad y piensas que Alice Jones recibio lo que se merecia.

– Nadie recibio lo que se merecia, pero ella se estaba acostando con un hombre casado.

Ahora. Ahora si que estaba enfadada de verdad.

– De modo que estaba perfectamente justificado que tu madre le pegara un tiro en la cara.

Mick movio la cabeza hacia atras como si Maddie le hubiera golpeado. Era evidente que no habia visto las fotos ni leido el informe.

– Y tu padre tal vez fuera un embustero, pero ?se merecia que le pegaran tres tiros hasta desangrarse en el suelo de un bar mientras tu madre se quedaba mirando?

Mick alzo la voz por primera vez.

– Estas llena de mierda. Ella no se habria quedado mirando morir a mi padre.

Si el no le hubiera dicho que ella estaba llena de mierda, se lo habria evitado, por muy enfadada que estuviera.

– Sus huellas ensangrentadas estaban por todo el bar. Y no pudo levantarse y caminar por todo el bar

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