Meg aparto la mirada.

– ?Sabes lo que paso aquella noche?

Meg dejo caer una mano.

– Solo que mama ya no podia aguantar mas y mato a papa y a esa camarera.

No la creia del todo, pero ?que importancia tenia despues de veintinueve anos? Meg no estaba alli. Estaba con el cuando el sheriff llego a su casa aquella noche.

Miro el nitido cielo azul.

– Habia olvidado que esa camarera tenia una nina pequena.

– Si, pero no recuerdo como se llamaba. -Meg volvio a mirar a Mick-. Ni tampoco me importa. Su madre era una puta.

– La nina no tenia la culpa, Meg. Se quedo sin madre.

– Lo mas probable es que estuviera mejor sin ella. Alice Jones se enrollo con nuestro padre y le daba igual quien lo supiera. Alardeaba de su relacion delante de toda la ciudad, asi que no esperes que sienta lastima por una nina huerfana sin nombre y sin cara.

Mick no sabia si Alice habia ido por ahi alardeando o no, y si lo habia hecho, la culpa era de su padre, pues el era quien estaba casado.

– ?Vas a estar bien despues de esto?

– No, pero ?que le voy a hacer? -Se acomodo el bolso en el hombro-. Sobrevivire, igual que he hecho antes.

– Le dije que se mantuviera alejada de ti y de Travis, asi que no creo que te moleste con preguntas.

Meg enarco una ceja.

– ?Te va a molestar a ti con preguntas?

Habia mas de un modo en que una mujer podia molestar a un hombre. «Y no vengas aqui creyendo que puedes decirme lo que tengo que hacer. En realidad me importa un comino si te gusta o no. Voy a escribir ese libro.» Era obstinada, estaba enfadada y mas sexy que una diablesa. Habia entornado un poco los grandes ojos castanos justo antes de cerrarle la puerta en las narices.

– No -respondio-. No me molestara con preguntas.

Meg espero hasta que la camioneta de Mick salio del aparcamiento para soltar el aire y llevarse las manos a ambos lados de la cara. Se masajeo las sienes con los dedos y cerro los ojos ante la presion que aumentaba en su cabeza. Madeline Dupree estaba en la ciudad para escribir un libro sobre sus padres. Alguien debia hacer algo para detenerla. No se podia permitir que una persona… arruinase unas vidas. Deberia haber una ley contra la gente que metia las narices y… hurgaba en el pasado de los demas.

Meg abrio los ojos y miro sus Reebok blancas. La gente de la ciudad no tardaria en enterarse. No tardaria en hablar y murmurar y mirarla como si fuera capaz de pegarse un tiro en cualquier momento. Incluso su hermano a veces la miraba como si estuviera loca. Mick creia que lo mejor era olvidar el pasado, pero habia cosas que ni siquiera el habria podido olvidar nunca. Las lagrimas le enturbiaban la vision y caian sobre la gravilla tras mojarle una zapatilla. Mick tambien confundia su emocion con la enfermedad mental. No lo culpaba por ello. Crecer con sus padres habia sido un tira y afloja que habia acabado con sus muertes.

Una segunda camioneta entro en el aparcamiento y Meg miro a Steve Castle abrir la puerta de su Tacoma y salir de ella. Steve era el amigo de Mick y el manager de Hennessy. Meg no sabia gran cosa de el, mas que habia pilotado helicopteros en el ejercito con Mick, y que habia perdido la pierna derecha por debajo de la rodilla en un accidente.

– Hola, Meg -grito, y su voz profunda precedio a su avance por el aparcamiento.

– Hola.

Meg se enjuago precipitadamente las lagrimas y dejo caer las manos a los costados. Steve era un tipo grande que llevaba la cabeza afeitada al cero. Era un hombre alto, con un pecho ancho y tan… tan masculino que Meg se sentia un poco intimidada por su tamano.

– ?Has tenido un dia duro?

Meg noto que se sonrojaba mientras miraba sus profundos ojos azules.

– Lo siento. Se que a los hombres no les gusta ver llorar a las mujeres.

– Las lagrimas no me molestan. He visto a muchos marines llorar como nenitas. -Se cruzo de brazos sobre los perros que jugaban al poquer en su camiseta-. Bueno, ?que te preocupa tanto, corazon?

Meg no solia compartir sus problemas con personas a las que no conocia, pero habia algo en Steve. Aunque le intimidaba su tamano, tambien le hacia sentirse segura, o tal vez fuera solo que la habia llamado «corazon», pero se confeso.

– Mick acaba de estar aqui, y me ha contado que ha venido una escritora a la ciudad que va a escribir sobre la noche en que nuestra madre mato a nuestro padre.

– Si, ya me he enterado.

– ?Ya? ?Como te has enterado?

– Los muchachos Finley estuvieron en Hennessy anoche hablando de ello.

Meg levanto una mano y se mordio la una del pulgar.

– Entonces creo que podemos decir que ya lo sabe toda la ciudad; todo el mundo hablara de ello y empezara a hacer especulaciones.

– No podemos impedirlo.

Dejo caer la mano a un lado y sacudio la cabeza.

– Lo se.

– Pero tal vez tu podrias hablar con ella.

– Mick ya lo ha intentado. Esa mujer va a escribir el libro y le da igual lo que nosotros pensemos. -Meg se miro las zapatillas deportivas-. Mick le dijo que no se acercara ni a mi ni a Travis.

– ?Por que evitarla? ?Por que no le cuentas tu version?

Le miro a los ojos; la luz del sol se reflejaba en sus brillantes cabellos.

– No se si le importara mi version de los hechos.

– Quiza no, pero no lo sabras hasta que hables con ella. -Desplego los brazos y le puso una manaza en un hombro-. Si una cosa se es que es mejor hacer frente a los acontecimientos. Se puede superar cualquier cosa si sabes a lo que te enfrentas.

Estaba segura de que era cierto, y sin duda muy buen consejo, pero Meg no podia pensar desde que habia notado el peso de su mano en el hombro. La sensacion de firmeza y aquel contacto calido se propagaron por su estomago. No habia sentido semejante calidez por parte de un hombre desde que su ex marido la dejo. Los hombres de la ciudad hablaban y flirteaban con ella, pero nunca parecian querer mas que les rellenara la taza de cafe.

Steve le cogio una mano.

– Me he estado preguntando algo desde que llegue a la ciudad.

– ?Que?

Ladeo la cabeza y la observo.

– ?Por que no tienes novio?

– Creo que los hombres de esta ciudad me temen un poco.

Steve bajo las cejas y luego estallo en carcajadas. Una risa profunda y atronadora que le ilumino la cara.

– No tiene gracia -dijo, pero en aquel momento, envuelta por la risa de Steve Castle, si la tenia. Y estar tan cerca, con la mano en la suya, era… agradable.

Capitulo 8

La pesca en la parte alta del lago Payette habia sido tan buena que el sheriff Potter no habia regresado hasta el martes siguiente, pero en cuanto le dieron la tarjeta de Maddie la llamo inmediatamente y fijaron una cita para el dia siguiente en su casa. Si habia una cosa en la linea de trabajo de Maddie con la que siempre podia contar era con la poli. Ya fuera un detective del Departamento de Policia de Los Angeles o un sheriff de una ciudad

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