Estaban siguiendo un plan. Era sencillo. Nada arriesgado: solo entrar en Mort, tomarse unas copas y salir. Estaba chupado sin duda, pero Adele se estaba comportando de un modo raro, mirando a su alrededor con aquellos ojos grandes como si esperase que un equipo del grupo de operaciones especiales se abalanzase sobre ellas y les obligase a tenderse en el suelo, con los brazos y las piernas extendidos, a punta de Kalashnikov.

– No, aun no lo he visto.

Maddie dejo el bolso en la mesa, junto a ella, y miro hacia la barra. La luz de la gramola y de la barra se derramaba sobre la multitud, pero apenas llegaba a su rincon. Era el lugar perfecto para mirar sin ser visto.

– ?Que aspecto tiene? -dijo Adele acercando la cabeza a Maddie.

Maddie hizo un gesto con la mano a la camarera.

– Alto. Cabello oscuro y ojos muy azules -respondio.

Encantador cuando quiere algo y sus besos pueden hacerte perder la razon, penso. Maddie recordo el dia en que le habia llevado el Mouse Motel, en el beso y en sus manos sobre su cintura, y sintio un leve hormigueo en el estomago.

– Si las mujeres del bar empiezan a tirarse de los pelos y a buscar su espray de menta para el aliento, sabras que ha llegado.

Una camarera con una permanente atroz, unos Wranglers muy cenidos y una camiseta de Mort les tomo el pedido.

– ?Tan bueno esta?

Maddie nego con la cabeza. Estar bueno era una descripcion poco precisa. En realidad estaba como un queso y en una o dos ocasiones habia estado tentada de morderlo. Como cuando levanto los ojos de la ensalada en la cerveceria y restaurante Willow Creek y vio a Mick sentado delante de ella. Estaba pensando en sus cosas, leyendo las ultimas notas que habia tomado del sheriff Potter, y de repente, ?paf!, alli estaba el, tan atractivo y con un cabreo monumental. En condiciones normales, un hombre enfadado no le habria parecido nada sexy, pero Mick no era un hombre normal. Estaba sentado enfrente de ella, cada vez mas cabreado, advirtiendole que no se acercara a su bar, mientras sus ojos iban adquiriendo un tono azul fascinante. Y Maddie se pregunto que habria hecho el si se hubiera subido a la mesa y le hubiera plantado la boca en la suya. Si le hubiera besado en el cuello y le hubiera mordido justo debajo de la oreja.

– Hoy he hablado con Clare -dijo Adele y acabo con el fantaseo de Maddie sobre Mick.

Las dos amigas hablaron de la boda que se avecinaba, hasta que la camarera regreso con el Bitch on Wheels de Adele y el vodka Martini extraseco de Maddie. La camarera tenia el pelo horrible, pero hacia su trabajo de puta madre.

– ?Que les pasa en el pelo a algunas de estas mujeres? -pregunto Adele cuando la camarera se hubo alejado.

Maddie echo un vistazo a su alrededor y calculo que un cincuenta por ciento de las mujeres iban mal peinadas.

– Yo tambien me hago la misma pregunta. -Maddie se llevo la copa a los labios-. La mitad tiene bien el cabello y la otra mitad lo tiene hecho un asco.

Continuo su inspeccion por encima del borde de la copa. Ni rastro de Mick.

– ?Te conte lo del tipo con el que sali la semana pasada? -pregunto Adele.

– No.

Maddie se puso el cardigan y se preparo para otra historia sobre citas desastrosas.

– Bueno, me paso a recoger en un Pinto trucado.

– ?En un Pinto? ?No eran aquellos coches de los setenta que explotaban?

– Si. Era naranja butano, como un blanco movil, y conducia como Jeff Gordon. -Adele se acomodo varios rizos rebeldes detras de las orejas-. Incluso llevaba esos guantes sin dedos de los pilotos.

– ?Te estas quedando conmigo? ?Donde conociste a ese tipo?

– En el autodromo.

Maddie no pregunto que estaba haciendo Adele en el autodromo. No queria saberlo.

– Dime que no te acostaste con el.

– No. Imagine que un tipo que conducia tan rapido haria otras cosas igual de rapido. -Adele suspiro-. Creo que tengo la maldicion de las citas pesimas.

Maddie no creia en las maldiciones, pero no podia decirle que no. De todas las mujeres del mundo Adele era la que peor suerte tenia con los hombres. Y Maddie tambien tenia bastante mala suerte.

Una hora, y tres historias sobre citas frustrantes, mas tarde, seguian sin senales de Mick. Maddie y Adele pidieron otra copa y empezaron a creer que ya no apareceria.

– Hola, senoras.

Maddie levanto la mirada de su Martini para mirar a los dos tipos que estaban delante de ella. Eran altos, rubios y estaban muy bronceados. El hombre que hablaba tenia acento australiano.

– Hola -dijo Adele dando un sorbo de su Bitch on Wheels.

Adele podia haber tenido muchas citas pesimas, pero eso era solo porque atraia a la mayoria de los hombres. Con sus rizos dorados y sus grandes ojos de color aguamarina, Adele parecia atraer a los hombres como una barbacoa a las abejas. Y por supuesto, el sex appeal de Adele funcionaba con todas las nacionalidades. Maddie miro a su amiga desde detras de la copa y sonrio.

– ?Quereis sentaros? -pregunto Adele.

No tuvieron que preguntarselo dos veces; se sentaron corriendo en las dos sillas vacias.

– Me llamo Ryan -dijo el tipo que estaba mas cerca de Maddie, hablaba de un modo que recordaba a Cocodrilo Dundee.

– Maddie -dijo dejando la bebida sobre la mesa.

– Este es Tom, mi colega. -Senalo a su amigo-. ?Vivis en Truly?

– Acabamos de mudarnos. -Cielo santo, esperaba que saliera con algun australianismo. Estaba demasiado oscuro para ver el color de sus ojos, pero era mono-. ?Y vosotros?

Acerco la silla para que ella pudiera oirle mejor.

– Estoy aqui solo durante el verano trabajando como bombero.

Extranjero y mono.

– ?Eres bombero aereo?

Asintio y siguio explicandole que la temporada de incendios en Australia era exactamente la contraria que en Estados Unidos. Por ese motivo, muchos bomberos aereos australianos trabajaban en el oeste americano durante el verano. Cuanto mas hablaba, mas fascinada estaba Maddie, no solo por lo que decia, sino por el sonido de su voz mientras lo decia. Y cuanto mas hablaba, mas se preguntaba Maddie si no seria el hombre perfecto para poner fin a su periodo de abstinencia. No iba a quedarse mucho tiempo en Truly y luego se iria. No llevaba anillo de boda, pero sabia que aquello no significaba nada.

– ?Estas casado? -le pregunto acercandose un poco. Solo para asegurarse.

Pero, antes de que pudiera responder, dos manos la sujetaron por los hombros y la pusieron en pie. Se volvio despacio hasta que su mirada aterrizo en el amplio pecho de una camiseta negra del bar de Mort. A pesar de la oscuridad que les rodeaba, reconocio aquel pecho antes incluso de levantar la mirada por el grueso cuello, la fuerte barbilla y los labios apretados. No tenia que mirarle a los ojos para saber que eran unos ardientes y furiosos ojos azules.

– ?Que estas haciendo aqui? -le dijo Mick al oido acercandose un poco mas.

Olia a jabon y a cuero.

– Parece ser que hablo contigo.

Mick la cogio de la mano con firmeza.

– Vamonos.

Cogio el bolso de la mesa, miro a Ryan por encima del hombro y luego a Adele.

– Ahora mismo vuelvo -grito.

– Pareces muy convencida -dijo el hombre que tiraba de ella a traves de la concurrencia hacia la parte trasera de Mort.

– Disculpadnos -dijo mientras se chocaba con Darla. Mick seguia aferrandole la mano, mientras se movia a traves de la multitud como un jugador de futbol americano.

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