estaban muy bien dotados.
– Primero quiero olerte aqui -anadio Mick bajandole el vestido y oliendole los hombros desnudos-. Eres tan suave… y sabes bien.
– Me gusta tener la piel fina. -Trago saliva con dificultad y cerro los ojos. Queria que siguiera bajando-. Soy una especie de hedonista en eso.
– ?Como puedes ser hedonista y celibe? -le pregunto junto a su cuello.
– No es facil.
Cada segundo que pasaba era mas dificil. Si no iba con cuidado, su lado hedonista se impondria sobre su lado celibe, y se sumiria en un ardor orgasmico. Lo cual no parecia tan horrible, solo que no con el. Levanto una mano hacia la cara de Mick y le acaricio la corta barba de las mejillas.
– Sobre todo cuando tu andas cerca -anadio Maddie.
Mick se echo a reir con una risa grave y masculina que le brotaba del centro del pecho. Levanto la cara con los ojos algo entornados por el placer, y sus pestanas parecian tan largas… El deseo le brillaba en los ojos y bajo las manos hacia la cintura de Maddie.
– Tu eres el ultimo hombre del planeta que puedo tener. -Levanto la boca hasta la de Mick-. Y el que mas deseo.
– ?Que dura es la vida! -susurro junto a los labios de ella.
Maddie asintio y se puso de puntillas. El la cogio por la nuca y apreto la boca contra la suya. Las manos le aferraron mas fuerte la cintura y durante algunos desesperantes segundos se quedo completamente inmovil, con las calidas manos pegadas a la cintura y la boca en la suya. Luego emitio un sonido gutural y deslizo una mano por la espalda de Maddie y puso la otra entre los hombros, por encima de la chaqueta. La atrajo contra su pecho y la beso, con un beso suave y dulce. Sus labios crearon una deliciosa succion que le atrapo la lengua hasta que estuvo dentro de la boca de Mick.
El bolso de Maddie cayo al suelo, y ella deslizo la mano libre por los duros musculos del brazo y los hombros de Mick. Mick irradiaba calor y Maddie sintio calor alli donde sus senos se apretaban contra su pecho. Maddie nunca habia sido una amante pasiva, y mientras le estaba haciendo el amor dulcemente en la boca, ella le acariciaba el cabello con los dedos y con la otra mano recorria los contornos duros del pecho y la espalda de Mick. De no haber sido Mick Hennessy, le habria sacado la camisa de los tejanos y le habria acariciado la piel desnuda.
Mick poso la boca en un lado de su cuello.
– Tu eres la ultima mujer a la que deberia desear -dijo entre jadeos-. Y eres la unica mujer en la que no puedo dejar de pensar. -Puso las manos en el trasero de Maddie y las caderas de ella cobijaron su ereccion-. ?Que tienes que me vuelve loco?
La presion del miembro duro y enorme de Mick contra su vientre era tan fuerte que a Maddie casi le dolia.
Casi. Se mecio contra el mientras Mick le quitaba la chaqueta. Maddie tiro el cardigan de angora detras de el, en alguna parte, no lo necesitaba. Estaba demasiado caliente. Los dedos se le enredaron en la pechera de la camisa de Mick y probo su cuello con la boca; le dejaba buen sabor en la lengua, a carne calida y a hombre excitado, y le chupo la piel. Agarro la camisa y se balanceo contra su pene erecto. Hacia cuatro anos que no notaba nada tan delicioso, y lo echaba de menos. Echaba de menos el tacto de las manos de un hombre, su boca caliente y los sonidos de excitacion que emitia desde lo mas hondo de la garganta.
Los dedos de Mick encontraron el lazo detras del cuello y hurgaron en el hasta que el vestido se solto en sus manos. Bajo los tirantes blancos mientras volvia a buscar los labios de ella con los suyos. Esta vez no hubo nada tierno ni dulce en el beso. Fue un beso carnal y avido, de bocas hambrientas, y ella mordio su lengua. Pudo haberlo detenido, pero no queria detenerlo. Aun no. Maddie queria mas. La parte superior del vestido resbalo hasta la cintura y las manos de Mick le cogieron los pechos por encima del sosten blanco sin costuras. Los aros metalicos mantenian los senos erguidos y centrados, y Mick le froto los pezones con los pulgares a traves del grueso algodon. Maddie apreto el vientre contra el, tocando los lugares doloridos, y los gemidos de Mick entraron en la boca de ella. Maddie estaba tan excitada que se mareaba. Sentia un latido en la piel, notaba los senos pesados y los pezones tan tensos que le dolian. Hacia mucho tiempo que no experimentaba aquel delicioso placer; bajo la mano por el pecho de Mick, por encima de la cinturilla de los tejanos y apreto la palma contra la turgida ereccion.
– Tocame -gimio Mick en su boca.
Y Maddie le toco. Mientras el le acariciaba los pezones a traves del sujetador, ella subia y bajaba la mano a lo largo de su miembro; desde la base de la bragueta, subia por el largo pene, duro como una piedra, hasta su henchida punta. El hombre tenia un buen paquete, y el dolor humedo de la entrepierna instaba a Maddie a cogerle la mano y llevarlo hasta alli, para satisfacerla, y a tocarla a traves de las bragas y… Pero Maddie dejo caer las manos.
– ?Basta!
Mick levanto la cabeza.
– ?Un minuto!
En un minuto ella estaria experimentado los estertores del orgasmo.
– No. -Dio un paso atras y las manos de el cayeron a sus lados-. Sabes que no podemos hacer esto. No podemos hacerlo nunca. -Le miro fijamente mientas se ataba el vestido a la nuca-. Juntos, no.
Mick sacudio la cabeza, parecia tener los ojos desorbitados.
– Lo he pensado mejor.
– No hay nada que pensar. -El era Mick Hennessy y ella era Maddie Jones-. Creeme, tu eres el ultimo hombre en la tierra con el que puedo mantener una relacion sexual, y yo soy la ultima mujer en la tierra con la que deberias tener una relacion sexual.
– Ahora mismo no recuerdo por que.
Tenia que contarselo, todo; quien era ella en realidad y quien era el.
– Porque…
Se humedecio los labios y trago saliva; de repente se le habia secado la garganta. La tension sexual los atraia como una fuerza caliente, pulsante y casi irresistible. Mick tenia el cuello rojo donde ella lo habia marcado y la miraba con aquellos ojos azules, centelleantes de deseo. Lo ultimo que queria era ver como todo aquel deseo feroz era sustituido por el enfado. Ahora no. Mas tarde.
– Porque estoy escribiendo un libro sobre tus padres y Alice Jones, y hacer el amor contigo no va a cambiar eso. Solo lo empeorara.
Mick retrocedio unos pasos y se sento en el borde de la mesa. Respiro hondo y se aliso el cabello con las manos.
– Me habia olvidado. -Dejo caer las manos a los costados-. Durante unos pocos minutos, me olvide de que estabas en la ciudad para hurgar en el pasado y hacer de mi vida un infierno.
Maddie se agacho para coger el bolso.
– Lo siento.
Y lo decia en serio, pero sentirlo no cambiaba nada, aunque casi deseo lo contrario.
– No lo bastante para dejarlo correr.
– No -dijo buscando el picaporte a su espalda-. No para eso.
– ?Que quieres decir?
Mick aspiro una bocanada de aire y la solto.
– ?Cuanto tiempo vas a quedarte en la ciudad jodiendome la vida?
Buena pregunta.
– No lo se. Hasta la proxima primavera, tal vez.
Mick bajo la vista.
– Mierda.
Se colgo el bolso del hombro y lo miro, sentado alli, con el cabello negro de punta de haberselo peinado con los dedos. Maddie resistio el impulso de alisarselo.
Levanto la mirada.
– Es evidente que no podemos estar a tres metros el uno del otro sin arrancarnos la ropa. Y como decirte que te mantengas alejada de mis bares es como ondear un trapo rojo delante de un toro, te voy a pedir que te largues
