de una puta vez de mis bares.
El pecho de Maddie hizo una especie de contraccion y expansion que no solo era imposible, sino alarmante.
– No volveras a verme aqui dentro -le aseguro, y abrio la puerta.
Maddie salio al bar, con su musica country a todo trapo y el olor a cerveza, y se abrio camino hasta Adele. Al entrar en Mort se habia preguntado si Mick la iba a echar de una patada en el culo como le habia amenazado.
Ahora se preguntaba si no habria sido mejor que lo hubiera hecho.
Mick cerro la puerta de la oficina y se reclino contra ella. Cerro los ojos y se puso la mano en la dolorosa ereccion. Si Maddie no le hubiera detenido, le habria metido la mano en la entrepierna, le habria quitado las bragas y se lo habria hecho alli mismo, contra la puerta. Le gustaba pensar que habria tenido la claridad mental suficiente para cerrar la puerta antes, pero no habria apostado por ello.
Dejo caer la mano y rodeo el escritorio. La chaqueta roja de Maddie estaba en el suelo, la recogio y se sento en su silla para contemplar la caja de caudales de la oficina que estaba enfrente de el. Antes, cuando tras echar un vistazo al bar habia visto a Maddie sentada a la mesa, tomando un Martini y haciendo oidos sordos a la advertencia de que se mantuviera alejada de sus bares, se lo habian llevado los demonios. Le habia hecho el mismo efecto que la Taser que ella llevaba en el bolso. Inmediatamente despues de toda aquella conmocion, experimento una dosis de ira y un deseo irrefrenable de olerle el cuello.
Al verla charlando con el australiano, tambien sintio algo mas. Algo un poco incomodo. Algo parecido a querer arrancarle la cabeza a aquel tio. Lo cual era absolutamente ridiculo. Mick no tenia nada contra el australiano, y por supuesto no tenia ningun tipo de relacion con Maddie Dupree. No sentia nada por ella. Bueno, salvo rabia. Un ardiente deseo de enterrar la nariz en un lado del cuello mientras se hundia entre sus suaves muslos una y otra vez.
Maddie tenia algo. Algo mas que un cuerpo hermoso y una cara bonita. Algo ademas del aroma de la piel y la elegante boca. Algo que atraia la mirada a traves de un bar atestado hacia una mesa en un rincon oscuro. Algo que le hacia reconocer su perfil oscuro como si la conociera. Algo inefable que le impelia a besarla y acariciarla y abrazarla fuerte contra el pecho como si fuera su lugar natural, cuando en realidad su lugar natural no era cerca de el. Realidad que tendia a olvidar cuando ella estaba cerca.
Se acerco la chaqueta a la cara. Olia a ella, era un olor dulce, a fresas, y la tiro sobre la mesa del escritorio.
Unas semanas antes su vida era bastante buena. Tenia un plan para el futuro que no incluia pensar en el pasado. Un pasado que se habia esforzado mucho en olvidar.
Hasta aquel momento. Hasta que Maddie llego a la ciudad en su Mercedes negro y saco la vida de Mick de la carretera.
Capitulo 10
Maddie tardo poco mas de una semana en encontrar la pista de la amiga de su madre que habia sido vecina en el recinto para caravanas. Poco despues de la muerte de su madre, Trina Olsen-Hays vendio su caravana y se traslado a Ontario, Oregon. Se caso con un bombero a mediados de los anos ochenta, tuvo tres hijos mayores y dos nietos. Cuando se sento frente a ella en el cafe local, Maddie recordo vagamente a la mujer rellenita, de cabellos pelirrojos y un poco de tupe, pecas y cejas pintadas. Se acordaba de que le daba miedo mirar aquellas cejas. Ver a Trina tambien le trajo a la memoria una colcha de color rosa de lunares. No sabia por que ni que significaba, solo que se sentia caliente y segura arropada en ella.
– Alice era realmente una buena chica -dijo Trina ante un cafe y un pastel de nueces-. Y joven.
Maddie miro la grabadora que descansaba en la mesa en medio de ellas, luego miro a Trina.
– Tenia veinticuatro anos.
– Soliamos charlar del futuro mientras compartiamos una botella de vino. Yo queria ver mundo. Alice solo queria casarse. -Trina sacudio la cabeza y dio un bocado al pastel-. Tal vez porque tenia una nina pequena. No se, pero solo queria encontrar un hombre, casarse y tener mas hijos.
Maddie no sabia que su madre pensara en tener mas hijos, pero se dijo que tenia sentido. Si su madre viviera, no le cabia duda de que habria tenido un hermano o una hermana, o ambos. No era la primera vez, pero le conmovio pensar en lo diferente que habria sido su vida de no haber sido por Rose Hennessy. A Maddie le encantaba su vida. Le encantaba la mujer en la que se habia convertido. No la cambiaria por nada, pero a veces pensaba en lo distinta que habria sido.
– ?Conocia a Loch o a Rose Hennessy?
Mientras miraba a Trina sentada frente a ella, se pregunto si su madre llevaria un peinado anticuado o se habria puesto al dia adaptandose a la moda.
– Eran mayores que yo, pero los conocia a los dos. Rose era una persona impredecible. -Trina dio un sorbo de cafe-. Y Loch era un seductor nato. No era de extranar que Alice se enamorase de el. Quiero decir, todas las mujeres estaban enamoradas de el, pero la mayoria de las mujeres tenia mas sentido comun.
– ?Sabe que sentia Loch por Alice?
– Solo se que Alice creia que iba a dejar a su esposa y a su familia por ella. -Trina se encogio de hombros-. Pero todas las mujeres con las que se enredaba pensaban lo mismo. Solo que Loch nunca lo hacia. Claro que tenia sus lios amorosos, pero nunca dejaba a Rose.
– Entonces ?que cree usted que habia de diferente en la relacion de Loch y Alice? ?Que llevo a Rose a la desesperacion y le hizo cargar un arma y presentarse en el bar Hennessy aquella noche?
Trina sacudio la cabeza.
– Siempre he creido que fue la gota que desbordo el vaso.
Tal vez.
– O pudo ser que Alice fuera mucho mas joven y bonita que las demas. ?Quien sabe? Lo que recuerdo es lo rapido que Alice se enamoro de Loch. No se creeria lo rapido que se enamoro perdidamente.
Despues de leer los diarios de su madre, Maddie lo creia de sobras.
Trina dio otro mordisco al pastel y miro la boca de Maddie mientras masticaba. Enarco sus cejas pintadas y miro a Maddie a los ojos.
– Reconozco tu boca. Eres la hijita de Alice, ?verdad?
Maddie asintio. Casi era un alivio revelarlo.
Trina sonrio.
– Bueno, ?que te parece? Siempre me he preguntado que habria sido de ti despues de que tu tia se te llevara.
– Era mi tia abuela y me llevo con ella a Boise. Murio la primavera pasada. Entonces encontre los diarios de mi madre y en ellos aparecia su nombre.
Trina dio unas palmaditas en la mano de Maddie por encima de la mesa. Fue una caricia fria y un poco extrana.
– Alice estaria muy orgullosa de ti.
A Maddie le gustaba pensar eso, pero no estaba segura.
– Entonces ?te has casado? ?Tienes ninos?
– No.
Trina le dio una ultima palmadita y luego cogio el tenedor.
– Aun eres joven. Tienes tiempo.
Maddie cambio de tema.
– Tengo un debil recuerdo de una colcha de lunares. ?Recuerda algo de eso?
– Hummm. -Dio un bocado y miro al techo para pensarlo-. Si. -Le devolvio la mirada a Maddie y sonrio-. Alice la hizo para ti y solia envolverte enterita en ella como un…
– Un burrito. -Maddie concluyo la frase como si el recuerdo de su madre le refrescara la memoria.
«Tu eres mi burrito de lunares.» Si Maddie hubiera sido una mujer muy emotiva, la punzada que sentia en el
