– He oido que ha descubierto un segundo sospechoso. Que tal vez Rose no disparase a Loch y a la camarera y luego se suicidara. Tal vez fue alguien y los mato a los tres.

– No se quien le ha dicho eso, pero le aseguro que no es cierto. No hay otro sospechoso. Rose disparo a Loch y a Alice Jones, luego dirigio la pistola contra ella misma.

– ?Ah! -Francine parecia un poco desilusionada, claro que podia ser una falsa impresion creada por sus ojos-. Entonces supongo que el sheriff no va a reabrir la investigacion y llamar al programa Caso abierto.

– No. No hay segundo sospechoso, ni episodio de Caso abierto, ni pelicula y Colin Farrell no va a venir a la ciudad.

– Habia oido que era Brad Pitt. -Francine escaneo el ultimo articulo y le dio a la tecla de total.

– ?Santo Dios! -Maddie le dio el dinero exacto y cogio la compra-. Brad Pitt -exclamo resoplando, mientras ponia las bolsas en el asiento de atras.

Cuando llego a casa le dio a Bola de nieve un pescado de colores vivos y se preparo la comida. Trabajo en la cronologia del libro, escribio los acontecimientos tal como habian sucedido minuto a minuto, los ordeno y los pego en la pared detras de la pantalla de su ordenador.

A las diez de la noche, Mick la llamo y le pidio que se reuniera con el en Mort. Su reaccion instintiva fue decir que si. Era viernes por la noche y no le habria importado salir, pero algo la contuvo. Y ese algo tenia mucho que ver con la manera en que se le encogia el estomago en cuanto oia su voz.

– No me encuentro bien -mintio.

Necesitaba poner un poco de tiempo y distancia entre ellos. Darse un respiro. Un respiro de lo que se temia se estaba convirtiendo en algo mas que sexo esporadico. Al menos para ella.

Podia oir la musica amortiguada de la gramola de fondo competir con varias docenas de voces.

– ?Estaras bien?

– Si, me ire a la cama.

– Podria ir mas tarde a ver como estas. No tenemos por que hacer nada. Solo te traere sopa y aspirinas.

Le gusto la idea.

– No, pero gracias.

– Te llamare manana al mediodia para comprobar como sigues -dijo, pero no lo hizo.

En lugar de llamarla aparecio en el embarcadero, con una camiseta blanca de cerveza Pacifico, un banador azul marino de talle bajo que cenia sus caderas, capitaneando un Regal de seis metros y medio.

– ?Como te encuentras? -pregunto Mick mientras entraba en su casa por las puertas cristaleras de la terraza.

Se quito las gafas de sol y Maddie miro a su cara tan atractiva.

– ?En que sentido?

– Anoche estabas enferma.

– ?Ah! -Lo habia olvidado-. No era nada. Ya estoy bien.

– Perfecto. -La atrajo contra su pecho y la beso en la cabeza-. Ponte el banador y ven conmigo.

Maddie no pregunto adonde iban ni cuanto iban a tardar.

Mientras estuviera con Mick no le importaba. Se puso el banador de una pieza y se ato un panuelo azul con caballitos de mar rojos alrededor de la cadera.

– ?Aun no te has cansado de mi? -le pregunto mientras caminaban hacia su barco amarillo y blanco.

Mick fruncio el ceno y la miro como si la idea no se le hubiera aun pasado por la imaginacion.

– No, aun no.

Mick le dio una vuelta por el lago y por algunas de las espectaculares cabanas que no se podian ver desde la carretera. Le ofrecio a Maddie una Coca light de la nevera y saco una botella de agua para el.

El sol implacable en lo alto del cielo despejado de agosto calentaba la piel de Maddie. Al principio era agradable, pero al cabo de una hora regueros de sudor le resbalaban por el canalillo que formaban los pechos y por la nuca. Maddie odiaba sudar. Era una de las razones por las que no hacia ejercicio. Nunca se creyo aquello de que «para presumir hay que sufrir». Creia firmemente en que «si no duele, es bueno».

Mick echo el ancla en Angel Cove y se quito la camiseta blanca.

– Antes de que los chicos Allegrezza urbanizaran esta zona, soliamos venir aqui a nadar cada verano. Mi madre nos traia y luego volviamos conduciendo Meg o yo. -Se quedo en mitad del barco y miro la orilla arenosa, ahora salpicada de grandes casas y embarcaderos llenos de barcos y motos acuaticas-. Recuerdo muchos biquinis y aceite de bebe… tambien recuerdo que se me metia arena en el banador y se me pelaba la nariz. -Se quito las chanclas y se dirigio hacia la popa-. Aquellos si eran buenos tiempos.

Maddie dejo caer el panuelo de las caderas y le siguio. Se quedaron uno al lado del otro en la plataforma.

– La arena en el banador no parece algo bueno.

Se echo a reir.

– No, pero Vicky Baley solia salir del agua con un biquini que se resbalaba y tenia aquella asombrosa delantera que…

Maddie le dio un empujon y, mientras se tambaleaba, la cogio de la muneca y los dos acabaron en el lago.

– Uaaa, esta fria -grito Mick al salir a la superficie, mientras Maddie intentaba contener la respiracion. El agua helada le robaba el aire de los pulmones y Maddie se agarro a la escalerilla de la popa del barco.

La risa serena de Mick se propagaba por la superficie ondulada mientras nadaba hacia ella.

Maddie se quito el cabello humedo de los ojos.

– ?Que te hace tanta gracia?

– Tu; te pusiste celosa de Vicky Baley.

– No estoy celosa.

– Aja. -Se sujeto al borde de la plataforma-. Su delantera no es tan buena como la tuya.

– Jolin, gracias.

Gotas de agua empezaron a caer de un mechon del cabello que le tocaba la frente y a resbalar por las mejillas de Mick.

– No tienes motivos para estar celosa de nadie. Tienes un cuerpo precioso.

– No tienes por que decir eso. Mis pechos no son…

Mick le coloco un dedo en los labios.

– No hagas eso. No desprecies lo que siento como si solo te lo dijera para poder follar contigo, porque no es asi. Ya he follado contigo y eres maravillosa.

Coloco la otra mano en la nuca de Maddie y le dio un beso en el que se fundieron las bocas ardientes y los labios frios, las gotas de agua y las lenguas que se deslizaban suavemente. Cuando la besaba asi, se sentia maravillosa.

– Anoche te eche de menos -dijo mientras se apartaba-. Me gustaria no tener que trabajar esta noche hasta tarde, pero tengo que hacerlo.

Lamio el sabor que el le habia dejado en los labios y trago saliva.

– Lo comprendo.

– Ya se que lo comprendes. Creo que por eso me gustas tanto.

Mick le sonrio. Una sencilla curva en la boca que parecia de todo menos simple. A Maddie le perforaba el pecho y le robaba el aliento, y sabia que tenia problemas. Problemas de los grandes y graves, con aquel modo de decir las cosas que la hacia sentir como si se estuviera ahogando en los preciosos ojos de Mick. Maddie se dio un chapuzon y salio con la cabeza hacia atras para apartarse el cabello de la cara.

– Los dos tenemos horarios intempestivos -dijo ella, y subio por la escalera. Se quedo en la popa del barco y se escurrio el agua del pelo-. Pero nos funciona porque somos noctambulos y podemos dormir hasta tarde.

– Y porque tu me deseas. -Mick salio del agua.

Maddie le miro con el rabillo del ojo. Los musculos del pecho y la linea de vello humedo que le recorria el abdomen y el vientre y desaparecia bajo la cinturilla del banador.

– Es cierto.

– Y Dios sabe que yo tambien te deseo.

Levo el ancla y la puso en un compartimiento lateral. Luego fue hasta la silla del capitan y la miro mientras se

Вы читаете Enredos y otros lios
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату