– Nunca dije que no nos quisiera. Solo que no lo bastante, supongo. Puedes abogar por ella otros veintinueve anos, pero yo nunca entendere por que sintio que su unica opcion era matar a papa y luego suicidarse.

– Nunca he querido que tu lo supieras, pero… -dijo Meg, humillando la mirada, con una voz que no era mas que un susurro-. Papa iba a abandonarnos -anadio mirandole a los ojos.

– ?Que?

– Papa nos iba a dejar por esa camarera. -Trago saliva con dificultad, como si la palabra se le hubiera quedado atragantada-. Oi que mama hablaba de eso por telefono con una amiga. -Meg rio amargamente-. Se supone que con alguna de las que no se habia acostado con papa.

Su padre planeaba dejar a su madre. Sabia que debia sentir algo, rabia, indignacion, tal vez, pero no sentia nada.

– Mama le habia aguantado demasiado -continuo Meg-. La humillacion de que toda la ciudad conociera todos esos sordidos lios, ano tras ano… -Meg sacudio la cabeza-. La iba a dejar por una camarera de cocteles de veinticuatro anos y no pudo soportarlo. No podia permitir que le hiciera eso.

Mick miro los preciosos ojos y el cabello negro de su hermana. La misma hermana que le habia protegido y a la que protegia, al menos en la medida de sus posibilidades.

– ?Lo sabias durante todos estos anos y no me lo has contado?

– No lo habrias entendido.

– ?Que es lo que no habria entendido? Entiendo que prefirio matarlo antes que dejar que se divorciara de ella. Entiendo que estaba enferma.

– ?No estaba enferma! La presionaron demasiado. Ella lo amaba.

– Eso no es amor, Meg. -Cogio el plato y la cerveza y salio de la cocina.

– Como si tu lo supieras.

Aquello lo freno en seco y se volvio para mirarla desde el pequeno comedor.

– ?Alguna vez has estado enamorado, Mick? ?Has amado alguna vez a alguien tanto que la idea de perderlo te hace nudos en el estomago?

Penso en Maddie, en su sonrisa y en su humor seco, y en la gatita de dientes salidos que habia adoptado a pesar de que no le gustaban los gatos.

– No estoy seguro, pero estoy seguro de una cosa. Si alguna vez amo a una mujer de ese modo, jamas le haria dano, y estoy jodidamente seguro de que no le haria dano a los hijos que tuviera con ella. Puede que no sepa demasiado sobre el amor, pero eso lo se seguro.

– Mick… -Meg se acerco a el con las manos levantadas-. Lo siento. No debi decir eso.

Dejo el plato en la mesa.

– Olvidalo.

– Quiero lo mejor para ti. Quiero que te cases y tengas una familia porque se que serias un buen marido y un buen padre. Lo se porque se lo mucho que me quieres a mi y a Travis. -Se abrazo a la cintura de Mick y descanso la mejilla sobre su hombro-. Pero aunque no encuentres a nadie, siempre me tendras a mi.

Mick suspiro, aunque se sentia como si se estuviera ahogando.

Capitulo 15

Maddie estaba sentada en el sofa, con Bola de nieve acurrucada en el regazo, contemplando la pantalla en blanco del televisor. Notaba molestias en el estomago y un peso en el pecho que le dolia al respirar. Se iba a poner enferma. Penso en llamar a sus amigas y pedirles consejo, pero no podia. Ella era la fuerte del grupo, la que no tenia miedo a nada, aunque en aquel momento no se sentia fuerte ni valiente, ni mucho menos.

Por primera vez en mucho tiempo, Maddie Jones tenia miedo. No podia negarlo. No podia llamarlo aprehension y hacer como si no pasara nada. Era demasiado real, demasiado profundo y demasiado aterrador, mucho peor que sentarse frente a un asesino en serie.

Siempre habia imaginado que enamorarse seria como chocar contra una pared de ladrillos, que simplemente estas ahi, comportandote como de costumbre y te dan una patada en el culo y piensas: «Jolin, supongo que estoy enamorada». Pero no habia sucedido asi. Habia llegado sigilosamente, a hurtadillas, y no se habia dado ni cuenta: de sonrisa en sonrisa y de caricia en caricia… una mirada… un beso… un collar rosa de gato… un vuelco en el corazon y una expectativa tras otra, hasta que era tan intenso que ya no habia modo de negarlo. No pudo retroceder hasta que fue demasiado tarde. Ya no podia seguir mintiendose sobre sus sentimientos.

Maddie acaricio el lomo de Bola de nieve y no le importo que se le pegaran pelos de gato a la camisa negra y a la falda. Siempre habia pensado que no se podia mentir a si misma; por lo visto se habia superado.

Se habia enamorado de Mick Hennessy y en cuanto el se enterase de quien era ella en realidad, lo perderia. Y Maddie no sabia que hacer.

Sono el timbre y miro el reloj de la estanteria de encima del televisor. Eran las ocho y media. Mick estaba trabajando y no esperaba verlo hasta la una mas o menos.

Dejo a Bola de nieve en el suelo y se encamino hacia la puerta. La gatita apreto a correr tras ella y tuvo que cogerla en brazos para no pisarla. Echo un vistazo por la mirilla y noto esa oleada de calor que ahora reconocia. Era evidente que Mick se habia saltado el trabajo; estaba alli en el porche, con sus tejanos y el polo de Mort. Abrio la puerta y se quedo mirando como las primeras sombras de la noche lo banaban en una luz gris y le tenian los ojos de un azul vibrante. Mientras el la miraba fijamente en la distancia corta, el jubilo y la desesperacion colisionaban en su corazon y le retorcian el estomago.

– Necesito verte -dijo Mick traspasando el umbral.

La enlazo por la cintura y le puso la mano libre en la nuca. La beso en la boca sin mas dilacion. Un beso largo y embriagador que la hacia querer atarse a el y no soltarlo nunca.

Se aparto hacia atras para mirarla a la cara.

– Estaba en el trabajo tirando cerveza y escuchando las mismas y viejas historias de siempre, y solo podia pensar en ti y en la noche en que lo hicimos en el bar. No consigo apartarte de mi cabeza. Baja la gata, Maddie.

Maddie se inclino para dejar a Bola de nieve en el suelo y Mick cerro la puerta.

– No queria estar alli. Queria estar aqui.

Maddie se incorporo y le miro a la cara. Nunca habia sentido un amor asi en su vida. De veras que no, no ese amor que hacia que se le subiera el estomago hasta la garganta y le producia un cosquilleo en la piel. No ese amor que hacia que quisiera cogerle de la mano para siempre, pegarse a su cuerpo como una lapa hasta no saber donde acababa el y donde empezaba ella.

– Me alegro de que hayas vuelto.

Pero tenia que decirle que era Maddie Jones. Ya.

Mick le coloco el cabello detras de la oreja.

– Aqui contigo puedo respirar.

Al menos uno de los dos podia respirar. Ella froto la mejilla contra la mano de Mick, y antes de decirle quien era, antes de que se perdiera para siempre, se le echo al cuello y le beso por ultima vez. Puso el corazon y el alma en aquel beso, su dolor y su alegria, ensenandole sin palabras lo que sentia dentro de si. Le beso en la boca, en la mejilla y en el cuello. Lo recorrio con las manos, acariciandole y memorizando la sensacion.

Mick deslizo las calidas palmas de las manos por el trasero de Maddie y luego por la parte trasera de los muslos. La levanto hasta que ella se cino a su cintura con las piernas. Un profundo grunido vibro a traves del pecho de Mick mientras le devolvia los avidos besos y la llevaba hasta el dormitorio.

Se lo contaria, si, se lo contaria, en un minuto. Las piernas resbalaron de su pecho y el le quito la blusa por la cabeza. Solo queria unos minutos mas, pero cuanto mas vertia su corazon en cada beso, mas queria Mick de ella. Mas respiraba Mick el aire de los pulmones de Maddie y le hacia perder la cabeza. Le acaricio los hombros y los brazos, la espalda y las nalgas hasta que no vestia mas que el sosten, desabrochado y abierto por detras.

Mick se aparto un paso y jadeo. La miraba con ojos idos, no habia pensamiento que pudiera detenerlo cuando lentamente bajo los tirantes del sujetador y las copas azules de saten se deslizaron por las pendientes de los senos de Maddie, brillaron sobre los pezones y cayeron por los brazos hasta el suelo.

– Nos conocemos desde hace muy poco tiempo. -Le acaricio suavemente los pezones con las yemas de los

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