convertirse en alcoholica no era algo que hubiese preocupado nunca a Jane, y ello por dos razones: sus resacas eran demasiado fuertes, y cuando bebia perdia, literalmente, la capacidad de juicio, a veces junto con sus bragas.
La conversacion entre Jane y Darby se aparto del hockey para centrarse en otros temas. Jane se entero de que aquel chico habia obtenido una licenciatura summa cum laude en Harvard a la edad de veintiun anos. Menciono su pertenencia a MENSA en tres ocasiones, y tambien hablo de la casa que tenia en Mercer Island, de quinientos metros cuadrados, de su barco de seis metros de eslora, y de su Porsche color rojo cereza.
No cabia duda: Darby era un cretino. Eso no era necesariamente malo ya que aparte de ser una impostora, en ocasiones Jane se consideraba a si misma una cretina. Para acabar con aquella conversacion, Jane mencino sus titulos en periodismo y lengua. Darby no parecio muy impresionado. Sus platos llegaron y el alzo la vista mientras untaba de mantequilla sus patatas asadas.
– ?Voy a salir en tu columna «Soltera en la ciudad»?
Jane se detuvo cuando se disponia a extender la servilleta sobre su regazo. A la mayoria de los hombres les asustaba la posibilidad de ser mencionados en la columna.
– ?Te importaria?
El abrio los ojos como platos.
– Que va. -Recapacito por unos segundos y anadio-: Pero tendria que salir bien parado. O sea, no me gustaria que nadie pensase que fui un mal acompanante.
– No creo que pudiese mentir -dijo ella. La mitad de lo que escribia en aquella columna eran mentiras.
– Podria facilitarte las cosas.
Si lo que pretendia era ayudarla, lo minimo que podia hacer Jane era escucharle.
– ?Como?
– Podria decir a los chicos que no estas aqui para escribir sobre el tamano de sus trancas o sus manias sexuales -dijo, lo que le llevo a pensar de inmediato en quienes de ellos tendrian manias sexuales. Tal vez Vlad el Empalador-. Podria darles mi palabra de que no te acostaste con el senor Duffy para conseguir el trabajo.
Jane se llevo una mano a la boca, con expresion de horror. Habia imaginado que algunos malpensados en la sala de prensa daban por sentado que ella habia intercambiado favores sexuales con Leonard Callaway, pues, despues de todo, era el editor general y ella era simplemente la mujer que escribia aquella estupida columna para solteronas. Ella no era una autentica periodista. Sin embargo, nunca habria imaginado que alguien pudiese suponer que se habia acostado con Virgil Duffy. ?Si aquel hombre podia ser su abuelo! De acuerdo, Duffy era un viejo verde y hubo un momento en su vida en que el nivel de exigencia de Jane estaba por los suelos, lo que la habia llevado a enrollarse con tipos de los que le gustaria olvidarse para siempre, pero nunca, por nada del mundo, se habria ido a la cama con alguien cuarenta anos mayor que ella.
Darby se echo a reir y corto un trozo de ternera.
– Deduzco por tu gesto de asombro que esos chismorreos no son ciertos.
– Por supuesto que no. -Jane cogio su copa de martini y la vacio de un trago. El vodka y el triple seco le calentaron el esofago camino del estomago.
– Ni siquiera habia visto en persona al senor Duffy hasta el primer dia en el vestuario.
La injusticia de aquellos comentarios habia hecho mella en Jane. Hizo sena al camarero de que le llevara otro martini. Por lo general le molestaba pronunciar frases como «no es justo». Creia que la vida en si no era justa, y que llorar por ello solo hacia que las cosas empeorasen. Pero aquel era un caso de injusticia flagrante y no podia hacer nada al respecto. Si lo negaba, dudaba que alguien la creyese.
– Si escribes sobre mi en tu columna, hazme quedar bien -dijo Darby-. Yo hare que las cosas sean mas faciles para ti.
Jane cogio el tenedor y se llevo a la boca un poco de arroz.
– ?Que pasa contigo, tienes problemas para salir con chicas?
Lo habia dicho en broma, pero al ver que a Darby se le encendian las mejillas, supo que habia dado en el clavo.
– En la primera cita, las mujeres creen que soy un pirado.
– Pues yo no he pensado eso -mintio Jane temiendo que le creciera la nariz.
El sonrio, lo que hacia que el riesgo aumentase.
– Nunca me dan una segunda oportunidad -dijo.
– Bueno, tal vez si no hablases de la MENSA y de tus titulos universitarios, tendrias mejor suerte.
– ?Tu crees?
– Si. -Habia dado cuenta de la mitad del salmon cuando llego la segunda copa.
– Tal vez podrias darme algunos consejos.
Si claro, como si ella fuese una experta.
– Tal vez.
Darby poso en ella una mirada cargada de astucia.
– Podria facilitarte las cosas -dijo de nuevo.
– Estoy recibiendo llamadas molestas. Haz que acaben.
– Vere que puedo hacer al respecto -dijo Darby, sin mostrarse sorprendido.
– Si, porque son desagradables.
– Miralo como una especie de novatada.
Vaya vaya.
– Encontre un raton muerto frente a la puerta de mi habitacion anoche.
El bebio un trago de cerveza.
– Quiza llego alli solo.
Por supuesto.
– Quiero una entrevista con Luc Martineau.
– No eres la unica. Luc es un tipo muy reservado.
– Pideselo.
– No soy la persona mas adecuada para hacerlo. No le gusto.
Jane cogio el limon y se lo llevo a los labios. A Luc tampoco le gustaba ella.
– ?Por que?
– Sabe que puse reparos a su fichaje. Fui muy franco al respecto.
Eso era toda una sorpresa.
– ?Por que?
– Bueno, es una historia antigua, pero se lesiono estando en Detroit. Yo no creia que un jugador de su edad pudiera recuperarse plenamente de dos dificiles operaciones de rodilla. Martineau fue muy bueno, quizas uno de los mejores, pero once millones de dolares al ano es una apuesta demasiado fuerte por un hombre de treinta y dos anos que tiene las rodillas fastidiadas. Habiamos fichado a un jugador en la primera ronda del draft, un defensa corpulento, y a un par de extremos. Eso nos debilitaba el ala derecha. No estaba seguro de que Martineau fuese lo que necesitabamos.
– Esta jugando una buena temporada -senalo.
– Hasta ahora. ?Que pasaria si se lesionase? Un equipo no puede depender de un solo jugador.
Jane no sabia mucho de hockey, y se pregunto si Darby estaba en lo cierto. ?Era posible que hubiesen montado el equipo alrededor de un portero de primera fila? ?Acaso Luc, que parecia tan frio y calmado, sentia la tremenda presion de cumplir con las expectativas que se habian depositado en el?
Una llamada de la senora Jackson hizo saber a Luc que Marie llevaba sin ir al colegio desde que el se habia marchado de Seattle. La senora Jackson le dijo que habia acompanado todas las mananas a Marie al colegio y que la habia visto entrar en el edificio. Lo que tambien supo fue que la chica volvia a salir en cuanto se iba.
Luc pidio hablar con Marie y le pregunto donde habia pasado todo ese tiempo.
– En el centro comercial -fue la respuesta.
Cuando le pregunto por que lo habia hecho, Marie contesto:
– Todos me odian en el colegio. No tengo amigos. Son estupidos.
– Vamos -dijo el-, ya veras como haras amigos y todo ira bien.
Marie empezo a llorar y, como siempre, Luc se sintio mal y torpe.
