– Echo de menos a mi madre -dijo ella-. Quiero irme a casa.
Cuando acabo su conversacion con Marie y la senora Jackson, Luc llamo a su agente, Howie Stiller. Al regresar a casa la noche del martes, le esperaban varias notificaciones del colegio enviadas por FedEx.
En ese momento la musica del piano llegaba hasta el lugar en que estaba sentado, en un rincon del bar del hotel. Se llevo la botella de cerveza a la boca y dio un largo trago. Para Marie, regresar a casa no era una solucion. Su hogar era el de Luc, pero estaba claro que no le gustaba vivir con el.
Dejo la botella en la mesa y se repantigo en el sillon. Tenia que hablar con Marie acerca del internado, y no tenia ni idea de cual seria la respuesta de la chica. No sabia si le gustaria la idea o si veria la logica y el beneficio que entranaba. Solo esperaba que no se pusiese histerica.
El dia del funeral de su madre, ella habia tenido un ataque de nervios, y Luc no supo que hacer. La habia abrazado torpemente y le habia dicho que siempre cuidaria de ella. Y lo haria. Le daria cuanto necesitase, pero eso no impedia que fuese un pobre sustituto de su madre.
?Como habia podido complicarsele tanto la vida? Se froto la cara con las manos y, cuando las bajo, vio a Jane Alcott caminando hacia el. Sin duda era demasiado esperar que pasase de largo.
– ?Aguardas a alguna amiga? -le pregunto ella mientras se acercaba al sillon opuesto.
Habia estado aguardando, en efecto, pero habia llamado para cancelar la cita. Tras su conversacion con Marie, su humor no parecia el mas adecuado para un encuentro amistoso. Habia pensado que tal vez podria pasar un rato con sus companeros en uno de esos bares del centro. Cogio su botella y miro a Jane al tiempo que daba un trago. La observo mirandolo, y se pregunto si suponia, erroneamente, que por el hecho de haber sido adicto a los tranquilizantes era, por extension, alcoholico. En su caso, una cosa no tenia nada que ver con la otra.
– No. Solo estoy aqui sentado, solo -respondio bajando la botella.
Habia algo diferente en ella aquella noche. A pesar de la ropa oscura, parecia mas dulce, menos altiva. Algo mas guapa, incluso. Su pelo, por lo general recogido en una cola de caballo, le caia sobre los hombros formando una cascada de rizos. Sus ojos verdes parecian humedos como hojas cubiertas de rocio, su labio inferior tenia un aspecto mas turgente, y las comisuras formaban una ligera curva ascendente.
– Acabo de cenar con Darby Hogue -dijo como si el se lo hubiese preguntado.
– ?Donde?
?En su habitacion? Eso explicaria el peinado, su mirada y la sonrisa. Luc jamas habria imaginado que Darby supiese lo que habia que hacer con una mujer, y mucho menos conseguir que tuviese esa humeda mirada. Y nunca se le habria pasado por la cabeza que Jane Alcott, el angel de la oscuridad y la muerte, pudiese parecer tan calida y sexy.
– En el restaurante del hotel, por supuesto -respondio ella. Su sonrisa desaparecio-. ?Donde habias pensado?
– En el restaurante del hotel -mintio el.
Jane no se lo trago, y por lo que podia suponer, habida cuenta de lo que sabia de ella, tampoco iba a dejar pasar la cuestion.
– No me digas que eres de los que creen que me acoste con Virgil Duffy para obtener el trabajo…
– No -volvio a mentir Luc. Todos se lo preguntaban, aunque el no tenia muy claro si creerlo o no.
– Estupendo, y ahora me acuesto con Darby Hogue.
El alzo una mano.
– No es asunto mio.
Mientras sonaban las ultimas notas del piano, Jane se sento en el sillon frente a el y solto un profundo suspiro. Necesitaba algo de paz.
– ?Por que las mujeres tenemos que sufrir esa clase de estupideces? -dijo-. Si fuese un hombre, nadie me acusaria de acostarme con nadie para promocionarme. Si fuese un hombre, nadie pensaria que tengo que acostarme con mis entrevistados para obtener informacion. Se limitarian a darme una palmadita en la espalda, a estrecharme la mano y a decir… -Hizo una pausa, fruncio el entrecejo y anadio-: Un buen articulo de investigacion. Eres todo un hombre. Un semental. -Se paso los dedos por el pelo para apartarlo de su cara. Los mechones cayeron hacia atras dejando a la vista las diminutas venas azules de sus munecas, y en su jersey se marcaron sus pequenos pechos-. Nadie te acusa a ti de haberte acostado con Virgil para conseguir tu trabajo.
Luc la miro a los ojos.
– Eso se debe a que soy un semental.
Todos tenian una cruz con la que acarrear, y desde el dia en que se la colgaron, Luc no habia tenido la energia suficiente como para hacerse el simpatico y comprenderlo. No disponia de tiempo ni energia para preocuparse de los periodistas arrogantes. Tenia sus propios problemas, y uno de ellos era la mujer que en ese momento estaba frente a el.
Jane lo miro a su vez y se cruzo de brazos. La luz hacia brillar su melena corta y rubia. El azul de su camisa resaltaba el de sus ojos. Despues de los dos martinis que se habia tomado durante la cena, todo a su alrededor parecia deslumbrante. O, como minimo, asi habia sido hasta que Luc insinuo que ella y Darby se acostaban juntos.
– Si tuviese pene -dijo-, nadie pensaria que me he ido a la cama con Darby.
– Yo no lo tendria tan claro. No estamos del todo seguros acerca de la orientacion sexual de esa rata. -Luc se inclino para coger su cerveza y Jane sintio que le daba un vuelco el corazon cuando la camisa se le abrio permitiendole entrever la clavicula, la parte superior del hombro y el musculoso cuello.
Jane podria haberle aclarado a Luc sus dudas sobre ese tema, pero no estaba dispuesta a decirle que durante la cena Darby le habia pedido que le aconsejase sobre chicas.
– ?Como estan tus rodillas? -pregunto al tiempo que apoyaba los antebrazos sobre la mesa.
– Perfectamente -respondio el, llevandose la botella a la boca.
– ?No te duelen nada?
Luc bajo la botella y se limpio con la lengua una gota que habia quedado en su labio superior.
– ?Que pasa? ?No estas al corriente? Pense que habias estado hurgando en mi pasado.
Su presuncion era desmesurada; sin embargo, por alguna razon que no podia explicarse, Jane encontraba a Luc mas interesante que cualquier otro jugador de los Chinooks.
– ?Realmente crees que no tengo nada mejor que hacer que malgastar mi tiempo pensando en ti? -inquirio Jane-. ?Escarbando en la pequena historia de Luc Martineau?
– Carino, no hay nada pequeno en la historia de Luc -dijo el, sonriendo.
La Jane que escribia la columna «Soltera en la ciudad» habria esgrimido una ingeniosa replica. Bomboncito de Miel lo habria tomado de la mano y lo habria llevado hasta la habitacion para la ropa blanca. Le habria desabrochado la camisa y habria posado la boca sobre su calido pecho. Habria respirado con fuerza sobre su piel, percibiendo el olor de su caliente y fuerte cuerpo. Habria comprobado personalmente cuanto de lo que se decia de el era verdad. Pero Jane no era ninguna de esas mujeres. La Jane autentica era demasiado inhibida y consciente de si misma, y odiaba que el hombre capaz de dejarla sin aliento fuese el mismo que podia ver en su interior y la encontraba tan deficiente.
– ?Jane?
Ella parpadeo.
– ?Que?
El alargo la mano por encima de la mesa y rozo las puntas de sus dedos.
– ?Te encuentras bien?
– Si.
Luc apenas si la habia rozado, pero Jane sintio que una especie de corriente electrica recorria la palma de su mano y le llegaba a la muneca.
– No. Me voy a mi habitacion.
El alcohol, la presencia de Luc y el agobio de los ultimos cinco dias formaron una mezcla que estallo en su cerebro mientras buscaba con la mirada los ascensores. Por unos segundos se sintio desorientada. En los ultimos cinco dias se habian alojado en tres hoteles diferentes, y de repente no conseguia recordar donde estaban los ascensores. Miro hacia el mostrador de recepcion y los localizo a la derecha. Sin pronunciar una palabra, salio del bar. Aquel encuentro no habia sido nada bueno, se dijo mientras recorria el vestibulo. Luc era tan corpulento y abiertamente masculino que la habia alterado por completo. Se detuvo frente a las puertas de los ascensores;
