sentia que las mejillas le ardian. ?Por que el? No le gustaba. Si, lo encontraba interesante, pero eso no significaba que le gustase.

Luc se acerco a ella por la espalda y apreto el boton del ascensor.

– ?Vas arriba? -le susurro al oido.

– Si. -Jane se pregunto cuanto tiempo debia de haber permanecido alli como una tonta antes de caer en la cuenta de que no habia apretado el boton.

– ?Has bebido? -quiso saber el.

– ?Por que?

– Hueles a vodka.

– Me he tomado un par de martinis mientras cenaba.

– Ah -dijo Luc al tiempo que se abrian las puertas y entraban en el ascensor-. ?A que planta vas?

– Tercera.

Jane se miro las botas, despues desplazo la mirada hacia las zapatillas deportivas, azules y grises, de Luc. Mientras las puertas se cerraban, el se apoyo contra la pared del fondo y cruzo una pierna sobre la otra. El dobladillo de sus Levi's rozo los lazos de los cordones. Alzo la vista y recorrio sus largas piernas y sus muslos, el bulto de la entrepierna y los botones de su camisa hasta llegar a la cara. Desde los confines del ascensor, sus ojos azules la miraban fijamente.

– Me gustas con el pelo suelto.

Ella se puso un mechon de pelo tras la oreja.

– No me gusta mi pelo. No puedo dominarlo, siempre cae sobre mi cara.

– Eso no tiene nada de malo.

?De modo que no? Como cumplido, sonaba como si le hubiese dicho «tu culo no es tan grande». Entonces, ?por que el cosquilleo que habia sentido en la muneca habia llegado hasta su estomago? Las puertas se abrieron, evitandole el mal trago de encontrar una respuesta. Ella salio primero y el la siguio.

– ?Cual es tu habitacion?

– La trescientos veinticinco. ?Y la tuya?

– Yo estoy en la quinta planta.

Ella se detuvo.

– Te has equivocado de piso.

– No, no me he equivocado. -Luc la cogio por el codo con su manaza y recorrio con ella el pasillo. A traves de la tela del jersey, ella sintio el calor de su palma y sus dedos-. En el vestibulo daba la impresion de que estabas a punto de caer al suelo.

– No he bebido tanto. -Jane se habria detenido otra vez si el no hubiese seguido arrastrandola por el pasillo-. ?Me estas escoltando hasta mi habitacion?

– Si.

Ella recordo la primera manana, cuando el le llevo el maletin y le dijo que no estaba intentando ser amable.

– ?Estas intentando ser amable en esta ocasion?

– No. He quedado con los chicos dentro de un rato y no quiero estar comiendome el coco todo el rato pensando si habras llegado o no a tu habitacion.

– Eso te fastidiaria la diversion, ?no es asi?

– No, pero durante un rato no me permitiria concentrarme en Candy Peaks y sus movimientos de animadora cachonda. Candy se lo toma muy en serio, y seria una descortesia por mi parte que no le prestase toda mi atencion.

– ?Estas hablando de una de esas chicas que hacen strip-tease?

– Ellas prefieren que las llamen bailarinas.

– Ya.

Luc le sacudio el brazo.

– ?Vas a escribir sobre eso? -pregunto.

– No, no me importa tu vida privada. -Jane saco del bolsillo su llave magnetica. Luc se la quito de la mano y abrio la puerta antes de que ella pudiese quejarse.

– Bien. En realidad voy a encontrarme con los chicos en un bar que no queda muy lejos de aqui.

Ella alzo la vista hasta las sombras que se formaban en el rostro de Luc debido a la oscuridad de la habitacion. No sabia cual de las dos historias creer.

– ?Por que me cuentas eso?

– Para ver la arruga que se forma en tu frente cuando frunces el entrecejo.

Jane sacudio la cabeza cuando el le devolvio la llave.

– Nos veremos, campeona -dijo el girando sobre sus talones.

Jane observo su nuca y sus amplios hombros mientras se marchaba.

– Hasta manana por la noche, Martineau.

El se detuvo y la miro por encima del hombro.

– ?Tienes pensado entrar en el vestuario?

– Por supuesto. Soy cronista deportiva y eso forma parte de mi trabajo. Como si fuese un hombre.

– Pero no lo eres.

– Pues espero que me traten como si lo fuese.

– Entonces acepta un consejo: no bajes la vista -dijo el, volviendose de nuevo y echando a andar-. De ese modo no te sonrojaras como si fueses una mujer.

La siguiente noche, Jane se sento en las cabinas para la prensa y presencio la batalla de los Chinooks contra los Kings de Los Angeles. Los Chinooks salieron fuerte y metieron tres goles en los dos primeros tiempos. Daba la impresion de que Luc mantendria la porteria a cero por sexta vez en la temporada, hasta que un extrano disparo choco contra el guante del defensa Jack Lynch y paso entre las piernas de Luc hasta alojarse en la red. Al final del tercer tiempo, el resultado era de tres a uno, y Jane dejo escapar un suspiro de alivio. Los Chinooks habian ganado.

Ella no era gafe. Al menos, no lo fue esa noche. Seguiria conservando el trabajo cuando se levantase por la manana.

Recordo con todo detalle la primera vez que entro en el vestuario de los Chinooks, y sintio un nudo en el estomago al abrir la puerta. Los otros periodistas ya estaban entrevistando al capitan del equipo, Mark Bressler.

– Al final hemos jugado bien -dijo mientras se quitaba la camiseta-. Hemos sacado ventaja de las superioridades numericas y hemos aprovechado nuestras ocasiones. El hielo estaba blando esta noche, pero no ha afectado nuestro juego. Vinimos aqui sabiendo lo que teniamos que hacer y lo hemos hecho.

Sin apartar la mirada del rostro de Mark, Jane se acerco con la grabadora. Saco las notas que habia tomado durante el partido y les echo un vistazo.

– Vuestra defensa les ha permitido disparar treinta y dos veces a puerta -dijo, levantando la voz para hacerse escuchar-. ?Estan intentando los Chinooks hacerse con los servicios de un defensa con experiencia antes de que se cierre el mercado de pases el 19 de marzo?

Penso que la pregunta ponia de manifiesto que estaba informada y conocia el tema.

– Esa es una pregunta que solo puede responder el entrenador Nystrom -contesto Mark.

Habia sido demasiado optimista.

– Has marcado tu gol trescientos noventa y ocho esta noche, ?como te hace sentir eso? -pregunto. Conocia aquel detalle porque habia oido hablar de ello a los reporteros de television en las casetas de prensa. Supuso que el capitan haria algun comentario ante aquel alagador recordatorio.

– Bien -se limito a responder.

De nuevo habia pecado de optimista.

Se volvio y se dirigio hacia Nick Grizzell, el escolta que habia marcado el primer gol. Los calzoncillos de los jugadores fueron bajando uno tras otro, mostrando sus atributos, a medida que avanzaba, como si se hubiesen sincronizado. Mantuvo la mirada en alto y al frente al tiempo que ponia en marcha la grabadora y registraba las preguntas de otros periodistas. Su editor del Times ignoraria si aquellas preguntas las habia formulado ella. Pero ella lo sabia, y los jugadores tambien.

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