– O una copa de vino -apunto alguien.
– Un zumo de frutas -aventuro otro.
Jane alzo la vista hacia el rostro de la camarera.
– ?Teneis ginebra Bombay Shapphire? -pregunto.
– Claro.
– Estupendo. Pues tomare un dry martini, y con tres olivas, por favor. -Observo las caras vueltas hacia ella-. Me encantan las olivas -anadio con una sonrisa.
Bruce Fish solto una carcajada.
– ?No prefieres un Bloody Mary? Lo digo por el apio.
Jane hizo una mueca y nego con la cabeza.
– No me gusta el jugo de tomate.
Miro en direccion a Daniel Holstrom. Las luces de la barra le daban un tono rosado a su cresta rubia de mohicano. Se pregunto si aquel joven novato habria alcanzado la mayoria de edad. Tenia sus dudas.
Se presentaron dos camareras mas, enfundadas en sus correspondientes camisetas cenidas, para limpiar la mesa. Jane esperaba algun que otro piropo subido de tono, pues los jugadores de hockey eran conocidos por su rudo comportamiento con las mujeres, pero no dijeron nada aparte de algunos agradecimientos. La conversacion se desarrollo alrededor de Jane, y no hablaron de nada mas significativo ni mas impresionante que el tiempo o la ultima pelicula que habian visto. Se pregunto si se habrian propuesto aburrirla. Sospechaba que quiza se tratara de eso, y podia decir que lo mas interesante hasta el momento habia sido el reflejo de la luz en el pelo de Daniel.
Bruce, que capto el interes de Jane por la cresta del jugador sueco, le pregunto:
– ?Que te parece el peinado que lleva?
Jane creyo percibir que Daniel se ruborizaba levemente.
– Me gustan los hombres lo bastante seguros de su propia masculinidad para no importarles ser diferentes.
– No tuvo otra alternativa -explico Darby al tiempo que llegaban su cerveza y el martini de Jane-. Es nuevo en el equipo, y todos los recien llegados tienen que pasar por una ceremonia de iniciacion.
El joven asintio como si se tratase de algo completamente logico.
– En mi primer ano -prosiguio Darby-, llenaron mi coche con su ropa sucia.
Todos en torno de la mesa se echaron a reir.
– Mi primera temporada fue con los Rangers. Me raparon la cabeza y metieron mis suspensorios en la maquina de hielo -confeso Peter Peluso.
Bruce tomo aliento, y Jane supuso que podria haber puesto una protectora mano sobre su entrepierna si no hubiese estado sentado a su lado.
– Eso si que es duro -dijo-. Mi ano de novato lo pase en Toronto, y me sacaron a la calle en ropa interior un monton de veces. Os aseguro que se lo que es pasar frio. -Tirito para enfatizar su afirmacion.
– Vaya -dijo Jane bebiendo un sorbo de su bebida-. Me siento afortunada de que solo me dejaseis un raton muerto delante de la puerta y me llamaseis durante toda la noche.
Unas cuantas miradas culpables se posaron en ella por un instante.
– ?Como esta Taylor Lee? -le pregunto a Fishy, decidida a quitar hierro al asunto… por el momento. Tal como imagino, el se lanzo a relatar los mas recientes logros de su hija de dos anos, que incluian el aprender a ir al lavabo y a repetir la conversacion telefonica que habia mantenido con la pequena esa misma tarde.
Jane habia leido un poco sobre Bruce. Sabia que habia pasado por un desagradable divorcio, lo cual no le sorprendio. Una vez que conocia un retazo de sus vidas, suponia que debia de ser dificil mantener una familia unida pasando tanto tiempo de viaje, sobre todo si se tenia en cuenta las prostitutas que frecuentaban los bares de los hoteles.
Al principio Jane no se habia percatado de su presencia, pero no le llevo mucho tiempo identificarlas. Solian llevar vestidos cenidos, cortos y escotados, y todas tenian esa mirada tipica de come hombres.
– ?Alguien quiere jugar a los dardos? -pregunto Rob Sutter acercandose a la mesa.
Antes de que nadie respondiese, Jane ya se habia puesto en pie.
– Yo -respondio, y por el gesto que se dibujo en la cara de Martillo quedo claro que no habia contado con ella.
– No esperes que te deje ganar -dijo el.
Apostar con los dardos le habia permitido a Jane acabar la universidad. No esperaba que nadie la dejase ganar.
– ?No vas a ponerselo facil a una chica? -dijo al tiempo que cogia la copa.
– Yo no le doy cuartel a ninguna mujer.
Ella cogio los tres dardos con la mano libre y cruzo el bar. Martillo no lo sabia, pero iba a sufrir un gran varapalo que se habia ganado a pulso.
– Al menos me explicaras las reglas, ?no?
El le explico como jugar al 501. Ella, por descontado, ya lo sabia, pero pregunto como si no tuviese ni idea, y el fue lo bastante magnanimo para dejarla empezar.
– Gracias -dijo Jane al tiempo que dejaba el martini en una mesa cercana y se acercaba a la linea. La diana colgaba de la pared a unos dos metros de distancia. Hizo rodar el dardo entre los dedos cogiendolo del canon, comprobando su peso. Era de una marca barata. Ella preferia los que estaban fabricados con un noventa y ocho por ciento de tungsteno, con asta de aluminio y voladores Ribtex. La diferencia entre los dardos de baja calidad como el que tenia entre las manos y los que ella poseia era la que puede haber entre un Ford Taurus y un Ferrari.
Se coloco en la linea, agarro mal el dardo adrede y se dispuso a tirar. En el ultimo segundo se detuvo.
– ?No soleis apostar con estas cosas?
– Si, pero no quiero sacarte el dinero. -Rob la miro y sonrio como si hubiese dicho algo muy divertido-. Pero podemos jugarnos las bebidas. El que pierda tiene que pagar las cervezas de todos.
Ella esbozo una mueca de preocupacion.
– Oh. Vaya. Bueno, solo llevo cincuenta dolares. ?Crees que alcanzara?
– Deberia ser suficiente -respondio el con la arrogancia propia de un hombre seguro de su exito.
Durante la siguiente media hora, Jane dejo que creyese que la victoria era suya. Unos cuantos jugadores los rodearon mirando y molestando, pero cuando Rob le llevaba doscientos puntos de ventaja y empezaba a sentir compasion por ella, Jane decidio que ya estaba bien y gano cuatro tandas seguidas. Los dardos eran una cosa seria, y ella supo disfrutar seriamente dandole una paliza a Martillo.
– ?Donde aprendiste a jugar asi? -le pregunto el.
– La suerte de los principiantes -respondio ella, vaciando su copa de un trago-. ?Quien es el siguiente?
– Yo jugare. -Luc dio un paso al frente y cogio los dados de Rob. La luz de la barra proyectaba sombras sobre sus anchos hombros y un lado de su cara. Su cabello humedo brillaba.
– Oye Luc, que es una profesional -le advirtio Rob.
– ?De verdad? -Luc esbozo una media sonrisa-. ?Eres una profesional, campeona?
– El hecho de que le haya ganado a Martillo, ?me convierte automaticamente en una profesional?
– No. Le has dejado creer a Rob que iba a ganar y despues lo has apabullado. Eso si te convierte en una profesional.
Jane intento no sonreir, pero no pudo evitarlo.
– ?Tienes miedo? -pregunto.
– No mucho. -Luc meneo la cabeza y un par de mechones rubios cayeron sobre su frente-. ?Preparada?
– No lo se -respondio Jane-. No tienes mucho espiritu deportivo.
– ?Yo? -Luc se llevo una mano al pecho.
– Te he visto golpear los postes cuando te marcan un gol.
– Solo soy competitivo. -Dejo caer la mano a un lado.
– Claro. -Jane inclino la cabeza y lo miro fijamente a los ojos, cuyo azul apenas resultaba perceptible en la semipenumbra del bar-. ?Crees que podrias soportar perder?
– No tengo la intencion de perder. -Luc se dirigio hacia la linea-. Las damas primero.
Cuando de dardos se trataba, Jane no tenia compasion, y no solo era competitiva, sino que carecia por
