Grizzell acababa de recuperarse de una lesion, y ella le pregunto:
– ?Como te has sentido al volver al equipo y marcar el primer gol?
– Bien -respondio el, mirandola por encima del hombro y quitandose el calzoncillo.
Jane ya tenia suficiente de esa mierda.
– Estupendo -dijo-. Citare tu declaracion.
Miro hacia la taquilla que habia a unos metros de distancia y vio a Luc Martineau riendose de ella. No habia ninguna posibilidad de acercarse a el y preguntarle que le causaba tanta gracia.
Ademas, no tenia la menor intencion de saberlo.
5. Hazlo sonar
Jane se repantigo en su asiento, se puso las gafas y estudio la pantalla del ordenador portatil. Leyo lo que habia escrito hasta ese momento:
SEATTLE PONE EN JAQUE A LOS KINGS
Los Seattle Chinooks se impusieron en las seis ocasiones en que los jugadores de Los Angeles contaron con superioridad numerica y su portero, Luc Martineau, detuvo 23 disparos a puerta. Los Chinooks terminaron imponiendose por tres a uno. Los Kings lograron colocar un tanto en su marcador en los ultimos segundos del partido, cuando un mal disparo reboto en el guante del jugador de Seattle Jack Lynch y acabo alojado en la red de los Chinooks.
Los Chinooks jugaron con rapidez, sin miedo, imponiendose a sus oponentes a fuerza de habilidad y coraje.
En el vestuario, lo que les gusta es intimidar a las periodistas bajandose los pantalones. Se de una de esas periodistas a la que le gustaria darles una buena patada donde mas duele.
Retrocedio con el cursor y borro el ultimo parrafo. Solo serian seis dias, se dijo. Los jugadores eran muy supersticiosos y recelosos. Sentian que les habian impuesto su presencia, y en realidad estaban en lo cierto. Pero era el momento de aparcar esas cuestiones y hacer su trabajo.
Echo un vistazo a los jugadores, la mayoria de los cuales roncaban agotados en el avion. ?Como iba a ganarse su confianza o su respeto si no hablaban con ella? ?Como resolver aquel entuerto y hacer que su vida y su trabajo fuesen mas sencillos?
La respuesta la obtuvo de Darby Hogue. La noche que llegaron a San Jose telefoneo a su habitacion para decirle que algunos de los jugadores irian a un bar del centro de la ciudad.
– ?Por que no te vienes? -propuso.
– ?Contigo? -dijo ella.
– Si. Podrias ponerte algo mas sexy, de ese modo los jugadores tal vez olviden que eres periodista.
Jane no llevaba nada sexy en la maleta, y aunque asi fuera, no queria que los jugadores la viesen como esa clase de mujer. Necesitaba hacerles saber que debian respetarla como a cualquier otro periodista profesional.
– Dame quince minutos y nos encontramos en el vestibulo -dijo Jane, imaginando que relacionarse con los jugadores fuera de la pista seguramente ayudaria.
Se puso unos pantalones elasticos y un jersey de lana y sus botas, todo ello negro. Era su color favorito.
Fue al lavabo y se recogio el pelo en la nuca. No le gustaba que le tapase la cara, y no queria que Luc pensase que le importaba su opinion. Se miro en el espejo y apoyo una mano en el lavabo. El pelo le cayo sobre los hombros formando oscuras y brillantes ondas y rizos.
La habia llevado a su habitacion. Convencido de que se encontraba mal o estaba borracha, la habia acompanado para asegurarse de que llegaba sana y salva. Aquel acto de inesperada amabilidad afecto a Jane mas de lo que cabria esperar, sobre todo porque lo habia hecho, en realidad, para disfrutar de su velada en el local de strip-tease. Aquel sencillo gesto la habia impresionado, sin importar si deseaba que la impresionasen o no.
Incluso siendo tan estupida como para caer rendida ante un hombre como Luc, con todas las posibles repercusiones emocionales y profesionales que ello entranaria, el jamas se sentiria atraido por una mujer como Jane. Y no era porque ella pensase que no era lo suficientemente atractiva o interesante. Pero era realista. Ken conectaba con Barbie. Brad se habia casado con Jennifer y Mick salia con supermodelos. Asi era la vida. La vida real, y ella nunca habia sido una mujer preparada para soportar los dolores que ocasiona un corazon roto. Nunca habia querido ser una de esas mujeres a las que se puede dejar atras cuando acaba la relacion. Siempre se habia ido ella primero. Dolia menos. Tal vez Caroline estuviera en lo cierto respecto a ella. Penso en sus palabras y sacudio la cabeza. Caroline veia demasiada television.
Cogio el cepillo una vez mas y se peino hacia atras. Se puso crema de cacao en los labios, cogio el bolso y fue a encontrarse con Darby en el vestibulo. En cuanto lo vio, casi echo a correr en la direccion contraria. Jane sabia que ella no era una diosa de la moda, pero tampoco intentaba serlo. Darby, por su parte, no era un dios de la moda, pero si intentaba serlo. Lo que sucedia era que los resultados no eran nada afortunados.
Aquella tarde llevaba unos pantalones de cuero negros y una camisa de seda estampada con llamas y calaveras purpura. Los pantalones de cuero eran un grave error para cualquier hombre que no fuese Lenny Kravitz, pero dudaba que ni siquiera este se atreviera a ponerse aquella camisa. Al mirarlo, Jane comprendio por que los jugadores de los Chinooks dudaban sobre la orientacion sexual de Darby.
Tomaron un taxi desde el hotel al local Big Buddy's, un pequeno bar mas alla del centro de la ciudad. Anochecia y el viento arrastraba gotas de lluvia y algo de polvo. Al apearse, Jane vio la puerta de un local y, encima de ella, un cartel que rezaba «Tenemos las mejores costillas». Se pregunto por que los Chinooks habrian escogido aquel antro.
Dentro del local, habia un televisor practicamente en cada rincon y, tras la barra, un cartel de neon rojo y negro de Budweiser. Una tira de lucecitas de colores seguia colgada del espejo desde Navidad. Olia a tabaco y alcohol rancio, a salsa barbacoa y carne asada. Jane sintio asco.
Sabia que si la veian con Darby corria el riesgo de anadir lena al fuego del rumor segun el cual eran amantes, pero tambien suponia que no habia nada que pudiese hacer al respecto para evitarlo. Se pregunto que era peor, que la considerasen la amante de un tipo que vestia como un macarra o la mantenida de Virgil Duffy, un hombre lo bastante mayor para ser su abuelo.
Oyo el tintinear de las maquinas del millon y vio a varios integrantes de los Chinooks jugando a hockey de mesa en un rincon. Otros cinco estaban sentados a la barra, mirando el partido de los Rangers y los Devils. Otra media docena rodeaba una mesa ante jarras de cerveza, cuencos vacios de ensalada y pilas de costillas roidas.
– ?Eh, chicos! -grito Darby. Al oir su voz todos se volvieron hacia Darby y Jane.
Los Chinooks parecian cavernicolas despues de darse un festin con un lanudo mamut, pues daban la impresion de estar llenos, contentos y relajados. Pero no parecio causarles mucha ilusion el ver a Darby, y menos a ella.
– Jane y yo hemos venido a tomar unas cervezas -prosiguio al tiempo que apartaba una silla para Jane, que se sento junto a Bruce Fish y frente al novato de la rubia cresta de mohicano. Darby se sento a su izquierda, en la cabecera de la mesa. Las rojas llamas y las calaveras color purpura de su camisa brillaron bajo la tenue iluminacion.
Una camarera que llevaba una ajustada camiseta con el nombre del local, Big Buddy, dejo dos servilletas sobre la mesa y tomo nota del pedido de Darby. En cuanto este pronuncio la palabra «Coronita», le pregunto si era mayor de edad. Darby le enseno a reganadientes su carnet de conducir.
– Es falso -dijo uno de los Chinooks-. Solo tiene doce anos.
– Soy mayor que tu, Peluso -replico Darby, guardando el documento en la billetera.
La camarera se volvio hacia Jane.
– Apuesto a que pide un margarita -cuchicheo Fishy.
