Y lo fue. Varias veces, ademas. Dos noches despues, la invito a su apartamento para comer con Marie. Mientras el preparaba el salmon, Jane ayudo a su hermana con los deberes de ingles. A lo largo de la tarde, solo se produjo un momento de tension cuando Luc obligo a Marie a beber leche.

– Tengo dieciseis anos -argumento la chica-. No necesito beber leche.

– ?Quieres quedarte bajita y canija? -le pregunto el.

Marie entorno los ojos.

– No soy bajita ni canija.

– Ahora no, pero piensa en tia Louise.

Evidentemente, la tia Louise debia de ser poco menos que un monumento a la osteoporosis, porque sin anadir nada en su defensa, Marie se bebio el vaso de leche. Luc centro entonces su atencion en Jane. Observo su vaso de leche.

– Yo ya soy bajita y canija -dijo ella.

– Aunque seas bajita, aun puedes perder altura. -Una hermosa sonrisa ilumino el rostro de Luc, que cogio su vaso de leche y se lo bebio.

La noche antes a que partieran para una gira de diez dias, Luc fue a su apartamento. Cuando llamo a la puerta, ella estaba escribiendo la ultima entrega de «Bomboncito de Miel» y no le estaba saliendo demasiado bien. En gran medida porque no dejaba de pensar en Luc y le resultaba muy dificil no incluirlo en la historia. Cerro su ordenador portatil y le dejo entrar.

Una fuerte lluvia habia mojado su pelo y los hombros de su cazadora. Rebusco en el bolsillo y saco una cajita blanca del tamano de la mano del Jane.

– He visto esto y he pensado en ti -dijo.

Ella no tenia ni idea de que podia tratarse. No estaba acostumbrada a recibir regalos de los hombres, excepto lenceria barata. Siempre habia creido, ademas, que esa clase de obsequios estaban mas pensados para el que los hacia que para quien los recibia.

Dentro de la caja, envuelta en fino papel blanco, habia un pequeno tiburon de cristal. Ni ropa interior comestible ni bragas abiertas por delante; era el regalo mas atento que jamas le habia hecho un hombre. Y la conmovio mas de lo que el llegaria nunca a saber.

– Me encanta -dijo tendiendolo hacia la luz.

Un arco iris de colores aparecio sobre la cazadora de Luc y el hueco de su garganta.

– No es gran cosa.

Estaba equivocado. Muy equivocado. Jane cerro la mano alrededor de los retazos de luz, pero no pudo abarcar el amor que sentia en esos momentos en el centro de su alma. Cuando le vio bajarse la cremallera de la cazadora y arrojar esta sobre el sofa supo que tenia que contarle lo de «Bomboncito de Miel». Debia advertirle y despues hacer el amor con el. Pero si se lo decia, corria el riesgo de perderlo, esa misma noche.

No podia decirselo. En caso de hacerlo, el probablemente pusiera fin a su relacion, y por otro lado no podia permitir que nadie dispusiese de semejante informacion. Asi que guardo silencio. Se lo quedo dentro, donde haria que siguiera remordiendole la conciencia, mientras intentaba convencerse de que, quizas, a el no le pareceria mal la historia.

No habia vuelto a leerla desde que la envio. Tal vez no fuese tan obvia como ella la recordaba. Echo los brazos al cuello a Luc. Queria decirle que lo lamentaba y que le amaba.

– Gracias -dijo-. Me encanta.

Tras esas palabras, lo llevo al dormitorio y le pidio disculpas del unico modo que pudo.

Cuando llego por fin la primera semana de marzo y Luc seguia sin saber nada de «Bomboncito de Miel», empezo a relajarse. En Los Angeles, le dijo que no podian hacer el amor porque tenia la regla y no se encontraba muy bien. El llego a su habitacion despues del entrenamiento, llevando consigo una cubitera con hielo en una mano, y una esterilla electrica y un paquete de M &M's rellenos de cacahuete en la otra.

– El entrenador me ha dicho que te diese esto -dijo entregandole la esterilla electrica-. Y te he comprado los dulces que te gustan.

La noche que la pillo con el pijama de vaquitas estaba comprando M &M's con cacahuetes. Se habia acordado. Ella se echo a llorar.

– ?Que demonios te pasa? -le pregunto Luc mientras volcaba el hielo sobre una toalla.

– Estoy un poco sensible y llorona -respondio ella, pero se debia a otra cosa mucho mas importante.

Se sentaron juntos apoyados en la cabecera de la cama, y el coloco una almohada bajo su rodilla izquierda y puso encima de esta el hielo.

– Te molesta la rodilla -dijo Jane, como tantas veces.

Se habia tomado varios Advils.

– Solo la izquierda, en esta ocasion. Y solo un poquito.

Sin duda era algo mas que un poquito, pues se habia llevado el hielo consigo. Durante la entrevista en su piso le habia dicho que su vieja lesion no le molestaba. Pero en aquel momento confiaba en Jane lo suficiente para permitirle comprobar lo que habia estado preguntandole desde que se conocieron. Sus rodillas le molestaban a veces. Ella se sento a su lado y le cogio la mano.

– ?Que sucede? -pregunto.

– Nada -contesto Jane.

– Conozco esa mirada, y se que ocurre algo.

Ella intento esbozar una sonrisa, pero no lo consiguio.

– ?Sabe alguien mas que te molesta la rodilla?

– No. -La mirada de Luc se poso en la boca de Jane y despues ascendio hasta sus ojos-. No se lo vas a decir a nadie, ?verdad?

Ella apoyo la mejilla en su hombro.

– Tu secreto esta a salvo conmigo, Luc. Nunca se lo dire a nadie.

– Lo se, o no estaria aqui. -Le dio un beso en los labios, y ella se apreto contra el.

Tal vez su relacion pudiese funcionar. El confiaba en ella, y a pesar de que eso la hacia sentir un poco culpable, tambien le daba esperanzas por primera vez desde que habian empezado a estar juntos. Quiza no tuviese por que acabar. Quiza Ken no siempre escogiera a una Barbie. Quizas al final, la escogiese a ella.

Luc se metio en la boca la ultima galleta salada y se retrepo en la silla. Al otro lado de la mesa, Asesino estaba dando cuenta de un plato de alitas de pollo. Luc aparto la mirada del capitan y la dirigio hacia la entrada del bar del hotel.

Fuera, el sol de Phoenix lucia en mitad del cielo y la temperatura alcanzaba los treinta grados. Algunos de los muchachos estaban solos, otros formaban grupos, y Jane se encontraba en su habitacion escribiendo la columna «Soltera en la ciudad». Le habia dicho que se encontrarian en el bar cuando acabase. De eso hacia una hora, y el empezaba a sentirse tentado de ir a su habitacion. Pero no lo hizo, porque no creia que a ella le gustase la idea, y aunque estaba impaciente, respetaba su trabajo.

– ?Os habeis enterado de que han suspendido a Kovalchuck? -pregunto Asesino mientras se limpiaba los dedos con la servilleta.

– ?Cuanto le ha caido?

– Cinco partidos.

– Menudo varapalo -dijo Fish, que estaba sentado junto al capitan del equipo-. Aunque he visto sanciones peores.

Daniel Holstrom y Grizzel se unieron a ellos, y la conversacion se centro en las peores sanciones de la NHL, lista encabezada por el jugador de los Chinooks Rob Sutter. Manchester y Lynch acercaron sus sillas a la mesa y se empezo a hablar acerca de quien ganaria en una hipotetica pelea entre Bruce Lee y Jackie Chan. Luc apostaba por Bruce Lee, pero tenia otras cosas en la cabeza y no entro en el debate. Volvio otra vez la mirada hacia la puerta del bar.

El unico momento en que no pensaba en Jane era cuando estaba entre los tres palos. De algun modo, al meterse en la cama con ella, ella se le metio en la cabeza. A veces sentia que Jane ocupaba todo su cuerpo, y le sorprendia que le gustase la sensacion.

No podia asegurar que estuviese enamorado de ella, que experimentase a su lado el amor eterno, en un motivo de paz, en la clase de amor que su madre nunca habia encontrado y que su padre jamas habia buscado.

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