Solo sabia que queria estar con ella, y que cuando no estaban juntos no podia sacarsela de la cabeza. Confiaba en Jane lo suficiente para haberla dejado entrar en su vida y en la de su hermana. Deseaba con todas sus fuerzas que ella no traicionase su confianza.
Le gustaba observarla, hablar con ella y estar con ella. Le gustaban los vaivenes de su mente, y le gustaba el hecho de que podia ser el mismo a su lado. Le gustaba su sentido del humor y le gustaba hacer el amor con ella. No, adoraba hacer el amor con ella. Le encantaba besarla, tocarla y estar dentro de ella, mirando su cara arrebolada. Cuando estaba en su interior, no dejaba de imaginar posibles maneras de volver a entrar. Era la unica mujer con la que habia sentido algo asi.
Le encantaba oir sus gemidos, y le encantaba el modo en que ella lo tocaba. Le encantaba cuando ella se hacia con el control de la situacion y el estaba a su servicio. Jane sabia que hacer con sus manos y su boca, y le encantaba como lo hacia.
Pero ?la amaba? Tal vez, y le sorprendio el que ello no le asustase.
– ?Luc?
Aparto la mirada de la entrada y la dirigio a sus companeros de equipo. La mayoria de ellos estaban detras de Stromster, mirando la revista abierta que habia sobre la mesa.
– ?Que pasa?
Daniel alzo el ejemplar de Him. Estaba estudiando ingles otra vez…
– ?Has visto esto? -le pregunto Grizzell.
– No.
Daniel le paso la revista, abierta por la seccion «educativa» favorita del sueco.
– Lee -dijo.
Se concentro en la lectura.
LA VIDA DE BOMBONCITO DE MIEL
Uno de mis lugares favoritos en el mundo es el mirador del Space Needle de Seattle, cuando ya es de noche. Y cualquiera que me conozca sabe que me gusta de verdad. Acababa de cenar en el restaurante que hay debajo del mirador, dejando a mi cita de esa noche, un autentico pusilanime, sentado en la mesa esperando a que regresara del lavabo. Llevaba mi pequeno vestido rojo sin espalda ni mangas, con el broche dorado en la nuca y la fina cadena de oro colgando en la mitad de mi espalda. Llevaba los zapatos de tacon de ocho centimetros, y me apetecia algo mas que pez espada del Pacifico. Mi companero era guapo, como todos los hombres. Pero no le gustaba juguetear por debajo de la mesa, asi que estaba empezando a aburrirme. Todo un peligro para los hombres de Seattle.
Luc dejo de leer y miro hacia la puerta justo en el momento en que entraban dos mujeres. No necesito mas que una rapida mirada para saber que se trataba de un par de busconas. Hizo caso omiso de ellas y reanudo la lectura.
La puerta del ascensor que estaba a mi izquierda se abrio, y un hombre vestido con un esmoquin negro salio de el. Recorri con la mirada los cuatro botones de su chaqueta hasta llegar a sus ojos azules. Su mirada se poso en mis pechos perfectos, apenas cubiertos por el vestido rojo. Esbozo una sonrisa de aprobacion y, de repente, mi velada se hizo mucho mas interesante.
Lo reconoci de inmediato. Jugaba a hockey. Era un portero de rapidas manos, celebre por su mente lasciva. Me gustaba aquel hombre. Un millon de mujeres en todo el pais fantaseaban con el. Yo tambien, en un par de ocasiones.
– Hola -dijo-. Bonita noche para mirar las estrellas.
– Mirar es una de mis actividades favoritas. -Su nombre era Lucky, que yo encontre apropiado, si podia fiarme de su sonrisa, porque me parecio que acababa de tener un golpe de suerte.
Luc se detuvo y miro a sus companeros.
– Cristo bendito -dijo-. No puedo ser yo. -Pero tenia el mal presentimiento de que si lo era.
Me incline hacia delante. La parte de atras de mi vestido se alzo mostrando mis largas y torneadas piernas, tan cercanas a la idea del paraiso. Le mire de reojo y sonrei. Su mirada se habia clavado en mi escote, e intente sentirme culpable por lo que iba a hacer con el. Pero la culpa y yo dejamos de relacionarnos hace ya unos veinte anos, y todo lo que sentia era el palpitar que crecia en mi pecho y entre mis piernas.
– ?Y a ti? ?Te gusta mirar?
– Soy mas bien de los que actuan. -Se acerco a mi y me aparto un mechon de la cara-. Me parece mas interesante.
– Me gustan los tipos activos. De hecho me gusta hacerlo en un monton de posturas diferentes. -Lami mis rojos labios-. ?Te interesa?
Sus ojos azules tenian un brillo ensonador cuando poso su mano en mi espalda y me acaricio con los dedos, haciendo que mi piel ardiese.
– ?Como te llamas?
– Bomboncito de Miel.
– Me gusta -dijo mientras se colocaba detras de mi. Deslizo las manos por mi vientre y me susurro al oido-: ?Te gustan las experiencias diferentes, Bomboncito de Miel?
Me eche hacia atras y presione mi trasero contra lo que parecia un buen stick de veinte centimetros. Con sus talentosas manos me acaricio los pechos a traves de la tela del vestido y consiguio que me excitara.
Cerre los ojos y arquee la espalda. El no lo sabia, pero estaba perdido.
– El ultimo hombre con el que estuve no logro recuperarse. De eso hacia un par de dias, y Lou seguia en coma despues de dejarlo tirado en el ascensor de servicio del Four Seasons.
– ?Que le hiciste?
– Le saque todo el jugo del cuerpo…
Mis pezones se endurecieron contra las calidas palmas de sus manos, y me puse como una moto. Nadie iba a impedir que hiciera lo que iba a hacer con aquel grandullon jugador de hockey y su poderoso stick.
– Me estas volviendo loco con esos labios rojos y tu pequeno vestido. -Me mordio en el cuello, y susurro en mi oido-: ?Tienes frio o estas excitada?
– ?Que demonios es esto? -dijo Luc, perplejo.
Estaba verdaderamente cachonda.
– Haces que me den ganas de chuparte, mas que de besarte.
– ?El que? -le pregunte cogiendo su mano y llevandola a mi entrepierna-. ?Esto?
Hice que me acariciara por encima del vestido y de mi tanga rojo de encaje.
Conmocionado, Luc dejo la revista y se echo hacia atras en la silla. Sintio como si un disco hubiese impactado contra su cabeza a toda velocidad. No podia creer lo que acababa de leer. Era completamente imposible. Estaba imaginando cosas que, en realidad, no existian.
– ?Conoces a Bomboncito de Miel? -pregunto Bressler.
– No -respondio Luc, pero habia algo familiar en ella.
– Ahora eres famoso -bromeo el capitan del equipo-. Sigue leyendo. Bomboncito de Miel te ha dejado en estado de coma.
El resto de los chicos rieron, pero Luc no le veia la gracia al comentario. No, lo encontraba molesto.
– ?Por que te habra elegido a ti? -quiso saber Fish-. Te habra visto jugar y habra querido echarle un vistazo de cerca a tu stick.
Luc sintio que la rabia crecia en su pecho, pero se contuvo y dijo:
– Puedo garantizaros que no ha visto nada.
La rabia solo le haria sentir peor. Lo sabia por propia experiencia. Necesitaba aclarar sus pensamientos. Se
