sentia como si estuviese observando uno de esos puzzles que forman una enorme fotografia -una imagen su vida-, pero en el que todas las piezas estuviesen mezcladas. Si lograba ponerlas en orden, todo volveria a adquirir claridad.

– Creo que me gustaria que Bomboncito de Miel me dejara en estado de coma -dijo alguien

– No es real -comento Lynch.

– Tiene que ser real -argumento Scott Manchester-. Alguien escribe esas historias.

La conversacion paso rapidamente a centrarse en las conjeturas acerca de donde podia haber visto Bomboncito de Miel a Luc. Todos coincidieron en que debia de vivir en Seattle, pero no se ponian de acuerdo respecto a su sexo. Se preguntaban si Bomboncito de Miel habria conocido ya a Luc, y si en realidad se trataria de un hombre. El consenso general dictaba que si no era un hombre, pensaba como si lo fuese.

A Luc le importaba bien poco si Bomboncito de Miel era en realidad un hombre o una mujer. Se habia pasado los dos ultimos anos intentando librarse de esa clase de mierda, y ahi estaba de nuevo, avivando el fuego que el habia tratado de extinguir. Solo que en esta ocasion era peor que antes.

– Es una invencion -dijo alguien. Pero a Luc no se lo parecia. Le resultaba tan familiar que se le erizo el vello de la nuca. El vestido rojo. La parte en que hablaba de los pezones erectos. Lo de tener frio o estar excitada. Las bragas rojas. La referencia al chupar mas que besar.

Una de las piezas del puzzle se coloco en su lugar. Tenia que ser Jane. Alguien les habia estado espiando, pero no parecia posible. «Haces, que me den ganas de chuparte, mas que de besarte…» Luc recordaba haber pronunciado esas palabras, u otras muy parecidas, cuando toco su suave piel. La noche que llevaba el vestido rojo, queria dejarle una marca, un chupeton. ?Acaso les habian seguido? Movio unas cuantas piezas mas del puzzle, pero seguia sin aparecer la imagen.

– Eh, chicos. ?Que estais haciendo?

Luc alzo la vista de las paginas de la revista y se fijo en los ojos verdes de Jane. Tenia que decirselo. Iba a subirse por las paredes.

– Eh, Tiburoncito -dijeron los muchachos.

Jane vio a Luc y sonrio. Despues reparo en la revista y su sonrisa se congelo.

– ?Has oido hablar de «La vida de Bomboncito de Miel»? -le pregunto Sutter.

Jane fijo los ojos en Luc.

– Si. He oido hablar.

– Bomboncito de Miel ha escrito sobre Luc.

Jane palidecio.

– ?Estais seguros?

– Absolutamente.

– Lo siento, Luc.

Luc se puso en pie. Ella entendia que significaba eso para el. Entendia lo que sus companeros no podian entender. Una vez que se habia escrito aquello acerca de el, citarian la historia de Bomboncito de Miel y la usarian como excusa para diseccionar su vida privada. Para escarbar en asuntos que ni les iban ni les venian. Camino hasta ella y le miro a los ojos.

– ?Te encuentras bien?

Ella asintio y despues sacudio la cabeza.

Sin pensarselo siquiera, Luc la cogio del brazo y salieron del bar. Cruzaron el vestibulo y subieron en el ascensor.

– Lo lamento, Luc -dijo casi en un susurro.

– No es culpa tuya, Jane.

Apreto el boton de la planta de Jane, despues la miro. Ella se habia situado en un rincon del ascensor. Tenia los ojos humedos y, de repente parecian muy pequenos. Cuando llegaron a su habitacion, las lagrimas rodaban por sus mejillas. Ni siquiera le habia hablado de sus extranas suposiciones y ella ya estaba llorando.

– Jane -dijo el en cuanto cerraron la puerta-, se que esto te sonara muy raro… -Hizo una pausa para ordenar sus pensamientos-. En esa mierda de historia de Bomboncito de Miel, hay ciertas cosas que estan demasiado cerca de la realidad para ser una coincidencia. Cosas que describen lo que tu y yo hicimos. No se como puede saber tanto. Es como si alguien nos hubiese estado observando y hubiera tomado notas.

Ella se sento en el borde de la cama y coloco las manos entre las rodillas. Permanecio callada y el continuo.

– Tu vestido rojo, por ejemplo. Describe tu vestido rojo con la cadena dorada en la espalda.

– Oh, Dios…

El se sento junto a ella y le paso un brazo por los hombros. Las cosas que sabia la persona que habia escrito la historia le inquietaban. Jane tambien parecia contrariada, por lo que no entro en detalles ya que temia asustarla mas de lo necesario.

– No puedo creer que haya vuelto a empezar. He tenido cuidado de mantenerme alejado de esa clase de basura. -Las ideas se acumulaban en su cerebro, pero no tenian sentido-. Estoy fuera de mis casillas. Paranoico. Tal vez contrate a un investigador privado para que llegue al fondo de todo esto.

Ella se puso de pie de un salto y fue hasta la silla que habia junto a la ventana. Se mordio el labio inferior y miro un punto por encima de la cabeza de Luc.

– ?No te sientes halagado? -pregunto.

– ?Maldita sea, no! -respondio el-. Me siento como si me hubiesen estado espiando. A los dos.

– Si alguien nos hubiese seguido nos habriamos dado cuenta.

– Seguramente tienes razon, pero no se como explicar lo de la revista. Se que parece una locura. -Y lo cierto era que lo parecia, incluso para el-. Tal vez uno de los chicos… -Meneo la cabeza y prosiguio-: No quiero pensar que uno de los chicos tenga algo que ver con esto, pero ?quien podria ser? -Se encogio de hombros-. Tal vez me he vuelto loco.

Jane lo miro largamente y finalmente dijo:

– Lo escribi yo.

– ?El que?

– Soy la autora de la serie «Bomboncito de Miel».

– ?Como?

Jane respiro hondo y dijo:

– Yo soy Bomboncito de Miel.

– Vale.

– Lo soy -repitio ella entre lagrimas.

– ?Por que dices eso?

– ?Maldita sea! No puedo creer que tenga que demostrartelo. Nunca he querido que lo supieses. -Jane se enjugo las mejillas y se cruzo de brazos-. ?Quien mas podria saber que tu me preguntaste si tenia frio o estaba excitada? Estabamos solos en el apartamento.

Y entonces, una a una, las piezas del puzzle fueron encajando. Las cosas que solo el y Jane sabian. La nota enganchada en su agenda recordandole algo acerca de «Bomboncito de Miel»… Jane era Bomboncito de Miel. Pero no podia ser.

– No.

– Si.

Luc se puso en pie y miro a Jane, al otro lado de la habitacion. Observo sus rizos oscuros, que tanto le gustaba tocar, su suave y palida piel y aquella boca rosada que adoraba besar. Esa mujer se parecia a Jane, pero si realmente era Bomboncito de Miel, no era la mujer que el creia conocer.

– Ahora no sera necesario que contrates a nadie -dijo Jane como si ello supusiese un consuelo-. Y ya no tendras que sospechar de ninguno de los chicos.

El la miro a los ojos como si pudiese leer en ellos la increible verdad. Sintio un repentino vacio en el pecho. Habia confiado en ella lo bastante para meterla en su casa y en su vida. Y tambien en la vida de su hermana. Se sentia fatal.

– La escribi la noche despues de que me besaras por primera vez. Se podria decir que me inspiraste. -Jane dejo caer las manos a los lados del cuerpo, abatida-. La escribi mucho antes de que tuviesemos una relacion.

– No mucho antes. -Su propia voz le parecio extrana. Era una voz hueca, como si esperara que la rabia la

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