que hacer.
Capitulo 13
TRES dias mas tarde Cleo llego a la conclusion de que su constante aumento de peso iba a dejar de ser un problema. No queria comer, no podia dormir y le dolia cada centimetro del cuerpo, como si la hubieran arrojado desde el tercer piso de un edificio.
Se obligaba a si misma a probar bocado por el bebe. Y por la misma razon se iba a la cama cada noche. Pero mientras Sadik dormia ella miraba fijamente al techo. Y en cuanto al dolor… sabia que se trataba sencillamente de la manifestacion fisica de su espiritu roto. Habia jugado un partido en la primera division y lo habia perdido.
Con el frescor de la manana camino hacia el jardin para encontrarse con el Rey. Llevaba puesto un vestido azul brillante y se habia aplicado mas maquillaje de lo habitual en un esfuerzo por disimular su tristeza. Consiguio incluso sonreir ante la vision del rey de Bahania sentado en un banco con dos gatitos en el regazo.
Hassan la oyo llegar y levanto la vista. Sonrio en senal de bienvenida, dejo a los gatitos en el suelo y se levanto. Su expresion paso de alegre a enfadada en cuestion de segundos.
– ?Que te pasa? -pregunto a modo de saludo.
Al parecer Cleo no habia hecho un buen trabajo disimulando su pena.
– Nada. Estoy bien. Hace un par de dias que no me encuentro muy bien. Creo que tengo un poco de gripe.
Hassan le tomo el rostro con la mano y la miro fijamente a los ojos.
– Nina, para mi eres siempre motivo de satisfaccion. Sin embargo no eres una buena mentirosa. Lo que veo en tus ojos no tiene nada que ver con la gripe. Dime que te preocupa.
La preocupacion del Rey era mas de lo que podia resistir. A Cleo se le llenaron los ojos de lagrimas que fue incapaz de reprimir. Cerro los ojos y le conto la verdad.
– Me estoy muriendo por dentro -susurro-. Por favor, Majestad. No me obligueis a quedarme aqui.
El Rey la guio hacia el banco. Cuando estuvo sentada le paso a uno de los gatitos. Cleo le acaricio la suave piel y sintio el calor del cuerpecito del animal. El cachorro se acomodo en la palma de su mano y cuando ella se lo llevo al pecho comenzo a ronronear. Cleo sonrio entre lagrimas.
– Es precioso -susurro acariciandole la cabeza.
– Este tiene mucho caracter -aseguro el Rey tomando asiento a su lado y agarrando al otro gatito-. Su madre es una de mis gatas favoritas. Tiene mucho corazon. Creo que esta sera su ultima camada. Cuando sus cachorros crecen y se los regalamos a alguien ella sufre mucho. Se pasa semanas triste. A veces ni siquiera come y tengo que darle yo mismo el alimento. Al parecer nadie le ha dicho que soy el Rey -aseguro encogiendose de hombros.
– Por lo que cuenta tampoco le importaria, seguramente.
– Seguramente no -dijo Hassan con una mueca antes de volver a ponerse serio-. Por mucho que me gusten sus gatitos no podria soportar verla pasar por esto de nuevo. Su infelicidad me duele. Es solo una gata -continuo mirando a Cleo-. Tu eres la hija de mi corazon. Cada dia que no estes mi corazon sangrara un poco. Pensare en ti a menudo. Llegado el momento tendremos que llegar a un acuerdo en lo concerniente a mi nieto. Pero por ahora eres libre de marcharte.
Cleo no entendia bien a que venia la historia de la gata. Pero ahora que tenia permiso para salir de Bahania, la losa que le oprimia el pecho parecio algo menos pesada y fue capaz de respirar. Pasar un tiempo alejada de Sadik le serviria para recuperarse… o al menos para empezar el proceso de curacion. Tenia el presentimiento de que el seria el unico hombre al que de verdad amaria.
Pero ya se enfrentaria a aquella realidad en otra ocasion. Por el momento era suficiente con que pudiera retirarse y lamerse las heridas a solas.
– Gracias, Alteza. Ya se que no es esto lo que vos quereis, ni lo que yo quiero, pero…
Hassan alzo la mano para impedirle que siguiera hablando.
– Te estoy concediendo tiempo, Cleo, no una exoneracion permanente. Sadik y tu tendreis que arreglar las cosas en algun momento. Pero por ahora creo que una separacion sera lo mejor. Tenemos una villa en Florida. Ya que nos acercamos al invierno, alli estaras muy bien. El avion estara preparado para el viaje a las tres de la tarde. ?Te parece bien?
De hecho se sentia abrumada. Dejo al gatito en el banco y se abrazo al rey. Hassan sujeto al gatito con una mano mientras que con la otra la abrazaba.
– Lamento que te vayas -le dijo-. Has sido una hija maravillosa. Estoy muy orgulloso de ti, Cleo. No lo olvides nunca. Y en cuanto a Sadik, siento tener que decir que mi hijo es un estupido necio.
Sadik se detuvo en el momento que estaba tecleando una orden de transferencia. El cursor parpadeo al final de una suma multimillonaria. Los dedos del Principe acariciaron las teclas, pero algo lo habia distraido.
Levanto la cabeza, preguntandose si habria escuchado algun sonido desconocido. No, no se trataba de eso. Trato de librarse de la sensacion de que algo iba mal y trato de concentrarse en el trabajo, pero no pudo. Termino de teclear la cifra, pulso «Enter» y salio del programa.
Despues se levanto, se acerco a la ventana y miro hacia fuera. No habia ningun signo de tormenta en el horizonte, y sin embargo no podia sacudirse la sensacion de tension que flotaba en el aire. Algo habia cambiado… y para mal.
Cleo.
Se dirigio a toda prisa al ala privada de palacio, pero antes incluso de entrar en la suite supo que se habia marchado. Sin embargo cruzo el salon y entro en el dormitorio. La mayoria de la ropa estaba colgada en el armario, pero faltaban un par de conjuntos informales y tambien sus cremas. Sadik le echo un vistazo a la mesilla de noche y comprobo que tampoco estaban las vitaminas.
Maldiciendo entre dientes, el Principe dirigio sus pasos al despacho de su padre. ?Seria demasiado tarde? No, se dijo. Estuviera donde estuviera la encontraria.
Entro en la oficina del Rey sin llamar a la puerta. Uno de los guardias dio un paso adelante y un asistente se puso inmediatamente de pie, pero Sadik los ignoro a los dos. Fue directamente a la puerta doble y entro sin llamar.
El rey Hassan estaba sentado detras de su escritorio. No parecio sorprendido de ver a su hijo y les hizo un gesto al guardia y al asistente antes de indicarle a Sadik con un gesto que se sentara.
El Principe rechazo la invitacion con un movimiento de cabeza. Se acerco al escritorio y coloco las dos manos encima.
– Le dijiste que podia marcharse.
Fue una afirmacion mas que una pregunta. Su padre clavo los ojos en su mirada enfurecida.
– Si. Se lo dije.
– ?No tenias derecho! -aseguro golpeando la mesa con el puno-. ?Es mi esposa!
Hassan se puso en pie y lo miro fijamente.
– Tiene el corazon roto. No pienso quedarme viendo como se va apagando por culpa de la infelicidad. No fuiste capaz de reconocer el tesoro que tenias y ahora la has perdido.
?No! Aquello no podia ser cierto. Sadik trato de respirar hondo pero no tenia fuerzas. Tal vez se debiera a que de pronto sentia un tremendo agujero en el pecho.
– Estaba contenta. Me ama. Ella misma me lo dijo.
Eso habia ocurrido solo tres dias atras. Sadik recordaba el momento con claridad. Por primera vez desde que supo lo del bebe habia tenido la seguridad de que Cleo no se iba a marchar. Al confesarle su amor le habia dado la oportunidad de relajarse. Si lo amaba se quedaria. Siempre estarian juntos. Las mujeres enamoradas eran felices. Siempre habia sido asi.
– Al parecer no le basta con amarte -dijo Hassan enfadado-. Ella esperaba mas, y yo tambien.
– ?Que otra cosa esperabais? -pregunto Sadik frunciendo el ceno-. He sido un marido atento y carinoso. A Cleo no le ha faltado de nada. La atiendo todas las mananas y he aprendido todo lo que he podido sobre embarazos y partos.
