– Pero no has aprendido la leccion mas importante -aseguro su padre sacudiendo la cabeza-. Se lo que pasaste despues de la muerte de Kamra y se lo que prometiste entonces. Pero estas equivocado, Sadik. Siempre has estado equivocado. No amar a nadie no te mantiene a salvo. Para lo unico que sirve es para que te quedes solo.

El monarca volvio a sentarse.

– No hare nada para ayudarte. Cleo se ha marchado. Cuando nazca mi nieto iremos a verla a ella y al bebe. Solo entonces hablaremos de lo que hay que hacer -aseguro entornando los ojos-. No tengo intencion de mantenerte alejado de tu hijo. Pero Cleo necesita tiempo. Te prohibo que vayas tras ella.

Sadik se marcho sin decir nada mas. Su propio padre se habia puesto en su contra. Y Cleo habia huido de el. Dio un paso, luego otro, y por ultimo se detuvo. Sentia un dolor agudo y molesto en el pecho. No podia respirar, no podia pensar. Solo era capaz de notar el inmenso vacio que sentia dentro.

Aquella sensacion le resultaba familiar. Rebusco en la memoria y recordo que habia sentido lo mismo cuando perdio a Kamra. Pero aquel dolor habia sido un pellizco comparado con la herida abierta que estaba experimentando ante la perdida de Cleo. Sentia como si lo hubieran partido por la mitad. ?Como podia existir un mundo en el que ella no estuviera? ?Como iba el a sobrevivir? Cleo era el sol y la luna en su cielo oscuro. Lo habia acusado de preocuparse solo del bebe, pero estaba equivocada. El nino era un regalo inesperado. Ella lo era todo para el.

Sadik se obligo a si mismo a seguir andando. Los recuerdos se sucedian en su mente, cada uno mas acusador que el anterior. Habia dado por seguros el amor y el carino de Cleo. Nunca le habia dicho lo que ella necesitaba tan desesperadamente escuchar. Estaba seguro de que podria evitar el dolor si no admitia sus sentimientos, pero las palabras no cambiaban lo que sentia por dentro.

– Cleo.

Sadik susurro su nombre. El hecho de pronunciarlo en voz alta le dio fuerzas. Sabia lo que tenia que hacer.

Corrio por los pasillos de palacio. El camino mas corto hacia el garaje pasaba por la zona abierta al publico, asi que atraveso por el medio de una visita guiada. Escucho la voz sorprendida del guia cuando lo identifico delante de los turistas y el sonido de docenas de camaras de fotos eternizando aquel momento.

Cuando llego a la parte de atras se dirigio al garaje y se coloco al volante del mas veloz de sus coches. No tenia mucho tiempo. Cieo saldria en el jet familiar, asi que no podia contar con que el vuelo se retrasara.

Corrio por la circunvalacion que llevaba a la ciudad. Un destello de luz en el espejo retrovisor capto su atencion. ?Lo perseguian los guardias!

Sadik decidio ignorarlos y piso a fondo el acelerador. Quince minutos mas tarde entro en la autopista que llevaba al aeropuerto. «Deprisa, deprisa, deprisa…» Aquella palabra le retumbaba en el cerebro una y otra vez. Apreto con fuerza el volante y obligo al coche a ir todavia mas rapido. Oia a lo lejos las sirenas de los guardias que iban tras el pero no les hizo caso. Lo unico que le importaba era encontrar a Cleo.

Transcurridos cinco minutos penso que seria mejor llamar e intentar retrasar el vuelo. Pero no fue capaz de contactar con la torre de control. Al parecer su padre estaba haciendo lo imposible para impedirle que trajera a Cleo de vuelta a casa. Tendria que…

Sadik freno de golpe. Las ruedas chirriaron en senal de protesta. El coche se balanceo hacia un lado antes recuperar de nuevo la direccion. Le dolia tanto el pecho que no podia respirar.

Un coche negro, como los que utilizaban los miembros de la familia real, estaba volcado en el arcen de la autopista. Varios equipos de rescate se arremolinaban en torno al automovil accidentado. Parecia como si el pasado hubiera regresado para colocar de nuevo a Sadik en un momento que ya habia vivido. Asi era como habia encontrado a Kamra.

Muerta en el arcen de la carretera.

El Principe paro el coche. Si hubiera podido hablar habria gritado de dolor. Se sentia atravesado por una agonia indescriptible. Queria clamar justicia. No podria vivir sin Cleo. ?Es que nadie podia entenderlo? ?Como era posible que la hubiera perdido?

No supo cuanto tiempo estuvo alli sentado. Tenia la sensacion de que hubiera transcurrido toda una vida, pero tal vez pasaron solo unos minutos hasta que un agente de policia golpeo con los nudillos la ventanilla del coche.

– ?Hay algun problema, principe Sadik?

Sadik bajo la ventanilla y sacudio lentamente la cabeza.

– El accidente -consiguio decir a duras penas con un hilo de voz-. El ocupante…

El agente consulto su libro de notas.

– Era alguien de la embajada. Estaba borracho, por supuesto. Por suerte solo ha habido destrozos en el coche y supongo que en su orgullo.

Sadik miro fijamente al hombre, incapaz de asimilar aquellas palabras.

– ?No habia una mujer?

– No. Solo iba el conductor, senor.

Sadik trato de darle las gracias, pero no sabia que decir. Lo unico que sabia era que Cleo no estaba muerta. Todavia tenia una oportunidad. Si era demasiado tarde para alcanzarla en el aeropuerto recorreria el planeta entero hasta encontrarla. La llevaria a casa, costara lo que costara convencerla.

Enfilo hacia la autopista. Los guardias de palacio estaban ahora mucho mas cerca. Podia ver sus coches por el retrovisor. El policia dio un salto hacia atras cuando Sadik acelero a toda pastilla.

Unos minutos mas tarde diviso el aeropuerto. Rodeo las terminales principales para dirigirse al hangar privado que albergaba la flota real. Al fondo distinguio uno de los coches de palacio deteniendose en aquel instante frente a una pequena terminal. Detras de el, los guardias ganaban terreno. Ya estaban cerca.

Sadik piso el acelerador rumbo a la terminal. En aquellos momentos Cleo salio del coche para dirigirse a la entrada. El Principe se acerco todo lo que pudo con el coche, despues pego un frenazo, apago el motor y se bajo como una exhalacion.

– ?Cleo, espera! -grito mientras corria hacia ella.

Una docena de guardias iba tras el pisandole los talones.

Cleo contemplo el espectaculo. Su marido, tan propio, tan principesco corria en su direccion como si lo persiguiera el mismisimo diablo. Estaba claro que habia descubierto que se marchaba y pretendia impedirselo. Cleo no conocia sus intenciones. Lo unico que sabia era que estaba demasiado dolida como para escuchar sus argumentos sobre la necesidad de que estuvieran juntos por el bien del nino.

– Cleo, por favor…

Ella le dio la espalda y se dirigio a la terminal. Si no hubiera pasado por la consulta del medico para asegurarse de que podia viajar sin problemas, en aquellos momentos ya no estaria alli.

El sonido de un rifle cargandose capto su atencion. Cleo se quedo paralizada. Luego se dio la vuelta para mirar a Sadik. Estuvo a punto de caerse redonda de la impresion.

El principe Sadik de Bahania, segundo hijo del Rey, estaba rodeado por un grupo de guardias armados. Sadik se defendio como pudo, pero uno de los guardias lo inmovilizo. Otro de ellos le estaba apuntando con el rifle.

– Estamos cumpliendo ordenes, Alteza -dijo el guardia que lo apuntaba-. No puede usted interferir en nada de lo que haga la princesa Cleo.

Cleo parpadeo. Aquello no podia estar pasando de verdad. Desde que llego a Bahania habia visto muchas cosas absurdas, pero aquello… aquello era una locura.

Estaba claro que no iba a poder marcharse con la discrecion que hubiera deseado. Sadik estaba alli y parecia muy decidido. Tendria que hablar con el.

Dejo en el suelo su bolsa de mano y avanzo hacia su marido. Estaba impresionada por el hecho de que hicieran falta cuatro guardias para reducirlo, pero no pensaba decirselo a el. Observo aquel rostro tan hermoso, aquella boca que habia besado la suya con tanta ternura y deseo con todo su corazon que las cosas hubieran sido de otra manera entre ellos. Cleo habria cambiado la rotacion de la tierra por el… si Sadik la hubiera amado.

– No me marcho para siempre, Sadik -dijo con suavidad tratando de no pensar en los guardias que lo rodeaban-. Necesito tiempo para pensar y para alcanzar la paz interior. Se que vamos a tener un hijo juntos. Tu y yo tendremos que llegar a un acuerdo sobre como vamos a criarlo. El Rey me ha concedido una tregua, no me ha dado permiso para desaparecer.

Sadik la miro fijamente con una expresion que ella no le habia visto nunca. La intensidad de su mirada la hizo

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