– Esa clase de porqueria no sirve de nada, si puedes golpear la bola con un hierro-cinco y un viento de doscientas kilometros por hora y dejar la bola en el hoyo.
Hizo que Skeet vaciara sus bolsillos, y conto doce dolares y sesenta y cuatro centavos, se dirigio a tres socios fundadores, y sugirio que jugaran un pequeno partido, a diez dolares el hoyo.
Dallie les dijo a los socios que ellos podian utilizar sus carritos electricos y su material, compuesto por unas bolsas enormes de cuero repletas de hierros Wilson y maderas McGregor. El solo utilizaria su hierro-cinco y su segunda mejor bola, una Titleist.
Los socios miraron al guapo y desalinado chico y a sus raidos y pesqueros pantalones vaqueros junto a sus zapatillas mugrientas de lona, y negaron con la cabeza.
Dallie sonrio abiertamente, y les provoco diciendo que no eran rivales para el y que tenian miedo que el les ganara, ellos entonces aceptaron y subieron la apuesta a veinte dolares el hoyo, exactamente siete dolares y treinta y seis centavos mas de lo que el llevaba en el bolsillo trasero.
Los socios lo llevaron hacia el tee,
Dallie y Skeet cenaron chuletas esa noche y durmieron en el Holiday Inn.
Llegaron a Jacksonville con treinta minutos de adelanto antes que Dallie tuviera que presentarse para la calificacion del Open Orange Bloosom de 1974. Esa misma tarde, un cronista deportivo de Jacksonville con ganas de notoriedad, desenterro el hecho asombroso de que Dallas Beaudine, con su gramatica pueblerina y su politica de campesino, tenia una licenciatura en literatura inglesa.
Dos tardes despues el cronista deportivo finalmente logro rastrear a Dallie en el Luella, una estructura sucia y con las paredes rosas desconchadas y flamencos de plastico, situada no lejos del Gator Bowl, y le abordo para confrontar la informacion como si acabara de descubrir una gran trama politica.
Dallie levanto sus ojos del vaso de Stroh, se encogio de hombros y dijo que ya que el titulo lo habia conseguido en la Tejas A &M (
Era exactamente esta clase de irreverencia lo que habia mantenido a los periodistas deportivos detras de Dallie desde que habia empezado anos antes en profesionales. Dallie los podia mantener entretenidos por horas hablando desde el estado de la Union, los deportistas que se vendian a Hollywood, y el estupido asunto de la liberacion de la mujer. El era una generacion nueva de chico bueno, con aspecto de estrella de cine, guapo, humilde y mas simpatico de lo que dejaba ver. Dallie Beaudine era exactamente como aparecia en las paginas de la revista, excepto en una cosa.
Fallaba siempre en los grandes.
Habia sido declarado nino prodigio y chico de oro de los profesionales, pero seguia cometiendo el mismo pecado, no ganaba ningun torneo grande. Podia jugar un torneo de segunda clase en Apopka, Florida, o en Irving, Texas, y ganarlo con un 18 bajo par, pero en un Bob Hope o en Open Kemper, no pasaba ni el corte
Dallie habia decidido ganar el Open Orange este ano y terminar su racha de mala suerte. Ademas habia una cosa, le gustaba Jacksonville, era la ciudad de Florida que en su opinion no se habia vendido a un parque tematico, y tambien le encantaba el campo donde se disputaba. A pesar de su falta de sueno, hizo una actuacion solida el lunes con una buena calificacion y luego, completamente descansado, jugo brillante el Pro-Am del miercoles. El exito aumentaba su confianza… eso y el hecho de que el Oso Dorado, de Columbus, Ohio, se habia retirado al contraer una inoportuna gripe.
Charlie Conner, el cronista deportivo de Jacksonville, bebio un sorbo de su vaso de Stroh y trato de acomodarse en su silla con la misma gracia facil que observo en Dallie Beaudine.
– Piensa usted que la retirada de Jack Nicklaus afectara al Orange Blossom esta semana?
En la mente de Dallie esa era una de las preguntas mas estupidas del mundo, y penso en decirle 'Eres suficientemente bueno para entrevistarme?' pero fingio pensarlo de todos modos.
– Bien, ahora, Charlie, si tienes en cuenta el hecho de que Jack Nicklaus es el jugador mas grande y esta en camino de convertirse en la mas grande leyenda de la historia del golf, yo diria que sin duda, se notara su ausencia.
El cronista deportivo miro Dallie escepticamente.
– ?El jugador mas grande? ?No te olvidas de otros jugadores como Ben Hogan o Arnold Palmer?
Se detuvo reverencialmente antes de pronunciar el proximo nombre, el nombre mas santo en el golf.
– ?No estas olvidandote de Bobby Jones?
– Nadie ha jugado nunca como Jack Nicklaus -dijo Dallie firmemente-. Ni Bobby Jones.
Skeet habia estado hablando con Luella, la duena del bar, pero cuando oyo que el nombre de Nicklaus se mencionaba fruncio el entrecejo y pregunto al cronista deportivo acerca de las oportunidades de los Cowboys para ganar la Super Bowl. Skeet no queria oir hablar a Dallie de Nicklaus, asi que habia adquirido el habito de interrumpir cualquier conversacion que girara en esa direccion.
Skeet pensaba que hablar acerca de Nicklaus hacia que el juego de Dallie se fuera directamente al infierno. Dallie no lo admitiria, pero Skeet tenia bastante razon.
Cuando Skeet y el cronista deportivo se pusieron a hablar acerca de los Cowboys, Dallie trato de sacudirse la depresion que volvia sobre el cada otono, intentando buscar algun pensamiento positivo. La temporada del 74 estaba acabando y no habia sido demasiado mala para el.
Habia conseguido unos miles de dolares de premios en metalico y mas del doble apostando en algunos aspectos de los partidos… quien daba el mejor golpe con la izquierda, quien ponia mejor la pelota en determinada zona, quien sacaba mejor la pelota del bunker
Habia intentado el truco de Trevino de jugar unos hoyos tirando la pelota en el aire y golpeandola con una botella de Dr.Pepper, pero el cristal de la botella no era lo suficientemente grueso como lo era cuando Super Mex habia inventado aquel golpe en el saco sin fondo de las apuestas del golf y Dallie lo habia dejado de intentar cuando tuvieron que darle cinco puntos en su mano derecha.
A pesar de su herida, habia ganado suficientemente dinero para pagarse la gasolina, y mantenerse Skeet y el sin problemas. No era una fortuna, pero era un paraiso en comparacion con la vida que llevaba con Jaycee Beaudine, su viejo, trabajando en los muelles del Buffalo Bayou en Houston.
Jaycee habia muerto hacia un ano, una vida marcada por el alcohol y el mal genio. Dallie no se habia enterado de la muerte de su padre hasta hacia unos pocos meses cuando encontro por casualidad a uno de los viejos companeros de copas de Jaycee en una cantina de Nacogdoches. Dallie hubiera deseado saberlo a tiempo y haber podido ir a su funeral, y escupirle en la tumba. Unas gotas de saliva por todas las palizas que le habia propinado, todos los abusos que habia cometido con el, todas las veces que oia sus insultos, inutil…nino guapo… basura…hasta que con quince anos no pudo soportarlo mas, y se habia marchado.
Por lo poco que habia visto de las viejas fotos, su aspecto deberia agradecerselo a su madre. Ella, tambien se habia marchado. Habia abandonado a Jaycee al poco de nacer Dallie, y no se habia molestado en llevarlo con ella. Jaycee dijo una vez que habia oido que se habia marchado a Alaska, pero nunca trato de encontrarla.
– Demasiados problemas -le dijo Jaycee a Dallie-. No merece la pena hacer el esfuerzo por una mujer, especialmente cuando hay tantas otras alrededor.
Con sus ojos castanos y su espeso pelo, Jaycee habia atraido a mas mujeres de las que podia merecer. Con el paso de los anos mas de una docena de ellas habian vivido con ellos, trayendo un par de ninos.
Algunas de esas mujeres habian tratado bien a Dallie, otras lo habian maltratado. Cuando fue haciendose mayor, advirtio que las que le trataban mal parecian durar con su padre mas tiempo que las otras, probablemente porque era necesaria esa cantidad de mal genio para sobrevivir durante unos pocos meses con Jaycee.
– El nacio tacano -una de las mujeres mas agradables le habia dicho a Dallie mientras hacia su maleta-. Algunas personas son exactamente asi. No te das cuenta como es Jaycee al principio, porque es listo, tiene tan buenas palabras que hace que te sientas la mujer mas hermosa del mundo. Pero hay algo retorcido dentro de el,
