vivir el resto de su vida casada con un cervecero, por muy rico que fuera.
Tan pronto como la una se seco, volvio a su busqueda de encontrar algo apropiado que ponerse para la fiesta de Cissy Kavendish esa noche. Aun no habia encontrado lo que queria cuando fue interrumpida por un leve toque en la puerta, y acto seguido entro en el dormitorio una mujer de mediana edad, con el pelo color jengibre y medias enrolladas en los tobillos. Cuando la mujer empezo a guardar el monton de ropa interior ordenadamente doblada que habia traido, le dijo:
– Me marchare dentro de unas horas, si le parece bien, Senorita Francesca.
Francesca tenia en sus manos un vestido de chiffon color miel con plumas blancas y marrones rodeando el dobladillo de Yves St.Laurent. El vestido era realmente de Chloe, pero en cuanto Francesca lo vio, se enamoro de el, de modo que hizo acortar la falda y arreglar el busto antes de transferirlo a su propio armario.
– Piensas que me ira bien este vestido para manana por la noche, Hedda? ?O es demasiado simple?
Hedda guardo la ultima prenda de ropa interior de Francesca y cerro el cajon.
– Todo le quedara perfecto, senorita.
Francesca giro lentamente delante del espejo y arrugo la nariz. El St. Laurent era demasiado conservador, no era su estilo a fin de cuentas. Dejo caer el vestido de gasa al suelo, dio un paso sobre el monton de ropa desparramada y empezo a rebuscar en su armario otra vez. Sus pantalones bombachos de terciopelo serian perfectos, pero necesitaba una blusa para llevar con ellos.
– ?Desea algo mas, Senorita Francesca?
– No, nada mas -contesto Francesca distraidamente.
– Regresare por el te, entonces -anuncio el ama de llaves mientras se dirigia hacia la puerta.
Francesca se dio la vuelta para preguntarle sobre la cena y noto por primera vez que el ama de llaves se encorvaba hacia delante mas de lo normal.
– ?Te esta molestando la espalda de nuevo? ?No me dijiste que estabas mejor?
– Me dolia menos -contesto el ama de llaves, poniendo su mano pesadamente sobre el pomo de la puerta-. Pero lleva doliendome bastante otra vez desde hace unos dias, casi no puedo inclinarme. Por eso me marcho unas horas… para ir a la clinica.
Francesca penso cuan terrible seria vivir como la pobre Hedda, con medias arrolladas en los tobillos y una espalda que te doliera siempre que te movias.
– Deja que coja mis llaves -se ofrecio impulsivamente-.Te llevare con el coche al medico de Chloe en la calle Harley, ya nos enviara la cuenta.
– No es necesario, senorita. Puedo ir a la clinica.
Pero Francesca no queria oir mas. Odiaba ver a las personas sufriendo y era injusto que Hedda no pudiera tener el mejor medico. Indico al ama de llaves que la esperara en el coche, y se puso una blusa de seda debajo de un jersey de cachemir, unas pulseras de oro y marfil en las munecas, hizo una llamada telefonica, se rocio con unas gotas de esencia de melocoton de Femme y se marcho… no sin pensar antes en toda la basura de ropas y accesorios que tenia que recoger al volver para que Hedda no se agachara.
El pelo se arremolinaba alrededor de sus hombros cuando llego al final de la escalera, una cazadora de piel de zorro balanceandose entre sus dedos, y botas de cuero suaves se hundian en el alfombra. Andando hacia el vestibulo, paso junto a dos grandes plantas en jardineras de ceramica. La poca luz solar que entraba en el vestibulo, hacia que las plantas murieran y tuvieran que ser cambiadas constantemente, un despilfarro que ni Chloe ni Francesca se molestaban en preguntar. Los carillones de la puerta sonaron.
– Que molestia -murmuro Francesca, mirando su reloj. Si no se apuraba, no tendria tiempo de llevar a Hedda al medico y tener todavia tiempo de vestirse para la fiesta de Cissy Kavendish. Impacientemente, abrio la puerta principal.
Un policia uniformado estaba al otro lado de la puerta consultando una pequena libreta que tenia en una de sus manos.
– Busco a Francesca Day -dijo, ruborizandose levemente cuando levanto la cabeza y vio su apariencia conmovedora.
Enseguida penso que se trataba de las impagadas multas de trafico que coleccionaba en el cajon de su escritorio, y le dijo con su mejor sonrisa.
– Usted la ha encontrado
El la miro solemnemente.
– Senorita Day, lo siento mucho pero le traigo malas noticias.
Por primera vez ella advirtio que el tenia algo en su otra mano. Un frio miedo repentino cayo sobre ella cuando reconocio el bolso de piel de avestruz Chanel de Chloe.
El trago saliva incomodamente.
– Parece ser que ha habido un accidente bastante grave donde su madre esta implicada…
Capitulo 5
Dallie y Skeet viajaban por la autopista 49 de Estados Unidos hacia Hattiesburg, Misisipi. Dallie habia podido agarrar un par de horas de sueno en el asiento de atras mientras Skeet conducia, pero ahora estaba detras del volante otra vez, contento por que no tenia que estar en el club de golf hasta las 8:48 de la manana, asi que tendria tiempo de practicar unas cuantas bolas primero.
Odiaba conducir toda la noche despues de un torneo para llegar al siguiente mas que cualquier otra cosa. Si los peces gordos de la PGA tuvieran que hacer unos pocos hoyos despues de haberse pasado toda la noche conduciendo por tres estados, se imaginaba que cambiarian las reglas y las fechas bien pronto.
En el campo de golf, Dallie no era demasiado cuidadoso vistiendo… un largo normal de camisas, nada de animales pintados y nada rosa… pero era bastante particular acerca de sus ropas fuera del campo. Preferia llevar Levi's cenidos y destenidos, botas de cuero tejanas hechas a mano y camisetas lo suficientemente viejas para tirarlas lejos si estaba de mal humor o utilizarlas para abrillantar el capo de su Buick Riviera sin preocuparse por destrozarlas.
Algunas de sus seguidoras le enviaban sombreros de cowboy, pero nunca se los ponia, favoreciendo el uso de las gorras, como la que llevaba ahora. Siempre decia que al Stetson lo habian arruinado los agentes de seguros gordinflones que los llevaban de poliester. No es que Dallie tuviera nada contra el poliester… al fin y al cabo era invento americano.
– Aqui hay una historia para ti -dijo Skeet.
Dallie bostezo y se pregunto si seria capaz de hacer bien un golpe con el maldito hierro-dos. Habia fallado ese golpe el dia anterior, y no comprendia por que. Despues del desastre del Orange Blossom, habia mejorado su juego, pero todavia no habia podido terminar arriba ningun torneo grande esta temporada.
Skeet puso el tabloide mas cerca a la luz de la guantera.
– ?Recuerdas que te ensene una foto de esa pequena chica inglesa, la que estaba en la fiesta con ese principe y las estrellas de cine?
Quiza cambiaba su peso demasiado rapido, penso Dallie. Por eso tenia el problema con su hierro-dos. O podia ser su backswing.
Skeet siguio.
– Recuerdo que dijiste de ella que parecia una de esas mujeres que no sacudirian la mano a menos que le llevaras un anillo de diamantes. ?Recuerdas ahora?
Dallie gruno.
– De todos modos, parece que su madre murio atropeyada por un taxi la semana pasada. Ponen una foto de ella aqui, saliendo del funeral y lo que sigue es terrible.
– ?Como que?
– Inconsolable. Escribir eso.
Dallie cambio su peso en una cadera y busco en el bolsillo trasero de su vaqueros.
– Ella es rica. Si fuera pobre dirian solo que esta
