– Un paquete de Juicy Fruit.

Dallie nego con la cabeza.

– Hay una parada para camioneros a unos pocos kilometros. Estiraremos las piernas.

Pararon y tomaron cafe, antes de volver de nuevo al coche. Llegaron a Hattiesburg con el tiempo de sobra para que Dallie fuera al tee descansado, y se califico facilmente para el torneo.

Antes de llegar al motel esa tarde, pararon en la oficina de correos de la ciudad para verificar su apartado de correos. Encontraron un monton de facturas esperandolos, junto con unas pocas cartas… una de ellas comenzo una discursion que los siguio al motel.

– Yo no me vendo, y no quiero oir mas acerca de ello.

Dallie chasqueo la lengua cuando tiro su gorra lejos y se sento de golpe en la cama del motel, quitandose la camiseta por encima de la cabeza.

Skeet ya llegaba tarde a una cita que se habia conseguido con una camarera de pelo rizado, pero miro por encima de la carta que el tenia en la mano y estudio el pecho de Dallie con sus hombros anchos y musculos bien definidos.

– Eres la persona mas terca que he conocido a lo largo de mi vida. Esa cara bonita tuya junto con esos musculos desarrollados en exceso en el pecho nos podria hacer con mas dinero en este momento que el que tu y tu oxidado hierro-cinco podais ganar en toda la temporada.

– No poso para ningun calendario de pacotilla.

– O. J. Simpson ha aceptado hacerlo, junto con Joe Namath y un esquiador frances. Diablos, Dallie, tu eres el unico golfista que puede aparecer.

– ?No pienso hacerlo! -grito Dallie-. No me vendo.

– Hiciste esos anuncios para Foot-Joy.

– Eso es diferente y lo sabes.

Dallie entro como un relampago al cuarto de bano y cerro la puerta, gritando desde dentro.

– ?Foot-Joy hace unos malditos y elegantes zapatos de golf!

El chaparron paso y Skeet sacudio la cabeza. Murmurando entre si, cruzo el pasillo hasta su propia habitacion. Durante mucho tiempo habia sido obvio para todos que la belleza de Dallie atraeria a Hollywood, pero el muy tonto no tomaria ventaja de ello. Los buscadores de talentos le habian estado llamando de forma regular con llamadas de larga distancia desde el primer ano de profesionales, pero lo unico que Dallie pensaba de ellos era que eran sanguijuelas y terminaba haciendo comentarios despectivos referentes a sus madres, que hubiera sido mas terrible si lo hubiera dicho en la cara.

?Que era tan terrible, se preguntaba Skeet, acerca de ganar algun dinero abundante a bajo tipo de interes un tiempo? Hasta que Dallie empezara a ganar algun grande, no verian contratos comerciales de seis cifras, algo que Trevino ya lograba, por no hablar de los increibles contratos de Nickaus y Palmer.

Skeet se peino y cambio una camisa de franela por otra. No comprendia donde estaba el condenado problema de posar para un calendario, a pesar de tener que compartir espacio con ninos bonitos como J. W. Namath. Dallie tenia lo que los buscadores de talento llamaban magnetismo sexual.

Demonios, aun estando medio ciego podias ver eso. Por muy mala racha que tuviera en su juego, siempre tenia las gradas repletas, y el ochenta por ciento de ese publico usaba lapiz de labios. Un minuto despues de haber finalizado su partido, esas mujeres le rodeaban como las moscas a la miel.

Holly Grace dijo que a las mujeres les gustaba Dallie porque sabian que el no llevaba ninguna ropa interior de colores coordinados o boxers como Wayne Newton. Lo que tenemos con Dallas Beaudine, Holly Grace habia insistido mas de una vez, es el Ultimo Macho Americano 100% Genuino de el Estado de la Estrella Solitaria.

Skeet cogio la llave del cuarto y rio entre dientes para si mismo. La ultima vez que hablo con Holly Grace por telefono, dijo que si Dallie no ganaba un gran torneo pronto, le agarrara de las orejas y lo llevara al lugar donde le sacarian de esa miseria.

* * *

La fiesta anual de Miranda Gwynwyck, se celebraba la ultima semana de septiembre y estaba en plena actividad, la anfitriona inspeccionaba las fuentes de langostinos, de corazones de alcachofas, y de langostas rojas del Mediterraneo con gran satisfaccion. Miranda, autora del exitoso libro feminista 'La Mujer es Guerrera', adoraba hacer de anfitriona, para demostrar al mundo que ser feminista y vivir bien no estaba peleado.

Su politica personal no le permitia llevar vestidos ni faldas, pero ser anfitriona le daba derecho a ejercer lo que llamaba en su libro la faceta 'domestica'… la mas civilizada forma de la naturaleza humana, sin masculino o femenino.

Sus ojos barrieron sobre el grupo selecto de huespedes que habia reunido entre las paredes punteadas de su sala de recibir, decorado de nuevo en agosto como un regalo de cumpleanos del hermano de Miranda.

Los musicos y los intelectuales, varios miembros de la nobleza, un racimo de escritores y actores muy conocidos, unos pocos charlatanes para poner picante… exactamente la clase de personas estimulantes que ella adoraba tener juntos.

Y entonces fruncio el ceno cuando su mirada cayo en el inconveniente proverbial de su satisfaccion… la diminuta Francesca Serritella Day, espectacularmente vestida como siempre y, como siempre, el centro de la atencion masculina.

Ella miro el revoloteo de Francesca de una conversacion a otra, viendose increiblemente hermosa en un mono turquesa de seda. Ella movio su nube de brillante pelo castano como si el mundo fuera su ostra de perla personal cuando todos en Londres sabian que estaba realmente sin blanca. Que sorpresa se debio llevar al comprobar las numerosas deudas de Chloe.

Sobre el ruido cortes de la fiesta, Miranda oyo la risa generosa de Francesca y escucho como ella saludaba a varios hombres de forma seductora, la voz de espera-que-te-cuente-esto, acentuando descuidadamente las palabras menos importantes de una manera que a Miranda la ponia furiosa. Pero, ?que provocaba que los estupidos bastardos la rodearan en pequenos charcos fundidos a sus pies?. Desgraciadamente, uno de esos bastardos estupidos era su amado propio hermano Nicky.

Miranda fruncio el entrecejo y recogio una nuez de macadamia de un tazon opalescente de Lalique impreso con libelulas. Nicholas era la persona mas importante en el mundo para ella, un hombre maravillosamente sensible con un alma culta. Nicky la habia alentado a escribir La Mujer es Guerrera. El la habia ayudado a refinar sus pensamientos, le traia su cafe de noche, y lo mas importante, la habia protegido de la critica de su madre sobre por que su hija, con unos ingresos anuales de cientos de miles de libras, tenia que meterse con tales tonterias.

Miranda no podia soportar la idea de estarse quieta mientras Francesca Day le rompia el corazon. Durante meses habia visto revolotear a Francesca de un hombre a otro, dando la espalda a Nicky siempre que ella se encontraba entre admiradores. Cada vez el esperaba su regreso, un poco mas harto, quizas, con menos entusiasmo… pero volvia a ella de cualquier forma.

– Cuando estamos juntos -el habia explicado a Miranda-. Me hace sentirme como si fuera el mas ingenioso, el mas brillante, que la mayoria de los hombres en el mundo.

Y entonces agrego secamente:

– A menos que este de mal humor, por supuesto, si eso ocurre me hace sentir como si fuera una absoluta mierda.

?Como lo hacia ella?Se preguntaba Miranda. ?Como podia alguien tan intelectual y espiritualmente inferior tener tanto poder? En su mayor parte, Miranda no lo podia negar, era por su belleza extraordinaria. Pero ademas desprendia vitalidad, el ambiente se volvia etereo a su alrededor.

Una artimana barata de salon, Miranda penso con repugnancia, estaba claro que Francesca Day no tenia nada en la cabeza. ?Mirala apenas! Estaba practicamente sin un penique, y actuaba como si no tuviera problemas en el mundo. Quizas ella no se preocupaba, penso Miranda inquietamente… porque confiaba que Nicky Gwynwyck y todos sus millones la esperaban pacientemente con los brazos abiertos.

Aunque Miranda no lo sabia, ella no era la unica persona que estaba preocupada en su fiesta esa noche. A pesar de su exposicion exterior de alegria, Francesca se sentia miserable. Apenas el dia anterior, habia ido a ver a Steward Bessett, el prestigioso dueno de una agencia de modelos para pedirle trabajo.

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