Aunque no queria hacer carrera, ser modelo era una manera aceptable de ganar dinero en su circulo social, y habia decidido que algo deberia hacer para solventar sus problemas financieros.
Pero para su consternacion, Steward le habia dicho que ella era demasiado bajita.
– Por muy bella que sea la modelo, al menos debe medir 1,65 cms. si quiere dedicarse a la moda -le habia dicho-. Tu apenas mides 1,55. Por supuesto, quizas sea capaz de obtenerle algunas poses… centrandose en tu rostro, ya sabes, pero necesitaras hacer unas pruebas primero.
Ahi fue cuando perdio la paciencia, gritandole que habia sido fotografiada para algunas de las revistas mas importantes del mundo y que ella jamas se prestaria a hacer antes unas pruebas, como una fetida aficionada. Ahora se daba cuenta que habia sido insensato haber perdido asi los estribos, pero no habia podido controlarse.
Aunque hacia ya un ano desde la muerte de Chloe, Francesca todavia encontraba dificil de aceptar la perdida de su madre. A veces su pena parecia estar viva, un objeto palpable que crecia alrededor de ella.
Al principio sus amigos habian sido simpaticos, pero despues de unos pocos meses, parecieron creer que ella debia poner su tristeza aparte, como lo que duraba la longitud del dobladillo ese ano. Tenia miedo que dejaran de invitarla si dejaba de ser esa companera alegre, y odiaba estar sola, asi que finalmente habia aprendido a guardarse su pena. Cuando estaba en publico, se reia y coqueteaba como si nada la preocupara.
Sorprendentemente, la risa habia comenzado a ayudar, y en los ultimos meses poco a poco sentia que finalmente se curaba.
A veces experimentaba aun los indicios vagos de colera contra Chloe. ?Como la pudo haber dejado su madre asi, con un ejercito de acreedores en la puerta como una peste de cigarras para arrebatarles todo lo que poseian? Pero la colera nunca duraba mucho. Ahora que era demasiado tarde, Francesca entendia por que Chloe habia parecido tan cansada y distraida en esos meses antes de ser atropellada por el taxi.
Despues de unas semanas tras la muerte de Chloe, los hombres en trajes con chaleco habian comenzado a aparecer en la puerta con documentos legales y ojos glotones. Primero las joyas de Chloe habian desaparecido, despues el Aston Martin y las pinturas. Finalmente la casa que ella misma habia vendido.
Eso habia pagado lo ultimo de sus deudas, pero la habia dejado con unas miseras cientos de libras, de las cuales habia gastado ya gran parte, y se alojaba en el hogar de Cissy Kavendish, una de las antiguas amigas de Chloe.
Desgraciadamente, Francesca y Cissy nunca se habian llevado del todo bien, y desde primeros de septiembre, Cissy habia insinuado varias veces que queria que Francesca se mudara. Francesca no estaba segura cuanto tiempo mas podia estar haciendole vagas promesas.
Se forzo a reirse del chiste de Talmedge Butler y trato de encontrar consuelo en la idea de que estar sin dinero era un aburrimiento, una situacion meramente temporal. Siguio con la vista a Nicholas a traves de la habitacion con su camisa Gieves y chaqueta Hawk de sport, junto con pantalones de pinzas grises.
Si se casaba con el, tendria seguramente todo el dinero que necesitara, pero solo habia considerado la opcion seriamente una tarde tras recibir una odiosa llamada de un hombre que le dijo las cosas mas desagradables si no pagada pronto el dinero de las tarjetas de credito.
No, Nicholas Gwynwyck no era una solucion a sus problemas. Ella despreciaba a las mujeres que estaban tan desesperadas, e inseguras de si mismas, que se casaban por dinero. Tan solo tenia veintiun anos. Su futuro era demasiado especial, prometia demasiado brillante, para arruinarlo a causa de un contratiempo temporal. Algo sucederia pronto. Todo lo que debia hacer era esperar.
– … Es un pedazo de basura que yo transformare en arte -cogio al vuelo un trozo de conversacion de un hombre elegante vestido de Noel Cowardish con su cigarrillo en la mano, cuya manicura llamo a Francesca la atencion.
El se separo de Miranda Gwynwyck para ponerse a su lado.
– Hola, querida mia. Eres increiblemente encantadora, y he estado esperando toda la tarde para presentarme. Miranda dijo que yo te gustaria.
Ella sonrio y puso la mano en la que el la extendia.
– Francesca Day. Espero que valga la pena la espera.
– Lloyd Byron, y lo vales, definitivamente. Nos conocimos hace tiempo, aunque seguramente no me recuerdes.
– Al contrario, te recuerdo muy bien. Eres un amigo de Miranda, un famoso director cinematografico.
– Es cierto, lo lamento, otro que se ha vendido a los dolares yanquis.
El inclino su cabeza atras dramaticamente y hablo al techo, liberando un anillo de humo perfecto.
– Cosa miserable, el dinero. Hace que la gente mas extraordinaria haga todo tipo de cosas depravadas.
Los ojos de Francesca se abrieron traviesamente.
– ?Que cosas depravadas hace esa gente, si te lo puedo preguntar?
– Muchas cosas, demasiadas.
Tomo un sorbo de un vaso generosamente lleno de algo que parecia whisky escoces.
– Todo conectado con Hollywood es depravado. Yo, sin embargo, estoy determinado a poner mi propio sello a pesar que la mayoria de peliculas son estupidamente comerciales.
– Que tremendamente valiente eres.
Ella sonrio con lo que esperaba que pasara por admiracion, pero era realmente de diversion ante su parodia casi perfecta del director hastiado forzado a vender su arte.
Los ojos de Lloyd Byron le trazaron los pomulos y se demoraron en la boca, su inspeccion admirativa era lo suficientemente desapasionada para decirla que el preferia la compania masculina a las mujeres. El embolso los labios y se inclino hacia delante como si estuviera confiandole un gran secreto.
– En dos dias, querida Francesca, parto para Misisipi un lugar dejado de la mano de Dios para empezar a filmar algo llamado Delta Blood, una guion que he transformado de un trozo de basura en un fuerte reclamo espiritual.
– Me encantan las peliculas con transfondo espiritual -ronroneo, levantando una copa de champan frio de una bandeja que pasaba mientras cotilleaba secretamente a Sarah Fargate-Smyth tratando de decidir si su vestido de tafetan era de Adolfo o de Valentino.
– Pienso hacer de Delta Blood una alegoria, una declaracion de la reverencia tanto para la vida como para la muerte -el hizo un gesto dramatico con su vaso sin tirar una gota-. El ciclo duradero del orden natural. ?Entiendes?
– Los ciclos duraderos son mi particular especialidad.
Por un momento el parecio traspasar su piel con la mirada, y entonces apreto sus ojos cerrandolos dramaticamente.
– Puedo sentir tu fuerza de la vida golpeando tan intensamente el aire que me roba el aliento. Arrojas vibraciones invisibles con apenas el movimiento mas pequeno de la cabeza -el apreto la mano en su mejilla-. Estoy absolutamente seguro que nunca me equivoco con las personas. Tocame la piel. Estoy sudando.
Ella sonrio.
– Quizas los langostinos estaban poco frescos.
El asio la mano y beso sus puntas de los dedos.
– Es amor. Me he enamorado. Yo absolutamente te tengo que tener en mi pelicula. En el momento en que te vi, supe que eras perfecta para hacer mi Lucinda.
Francesca levanto una ceja.
– Yo no soy una actriz. ?Quien te dio esa idea?
El fruncio el entrecejo.
– Nunca pongo etiquetas a las personas. Tu eres lo que yo percibo que seas. Le dire a mi productor que simplemente me niego a hacer la pelicula sin ti.
– ?No piensas que eso seria algo muy extrano? -dijo con una sonrisa-. Practicamente lo has decidido en menos de cinco minutos.
– Lo he sabido toda mi vida, y siempre confio en mis instintos; eso es lo que me diferencia de los otros -los labios formaron un ovalo perfecto y emitieron un segundo anillo del humo-. El papel es pequeno pero memorable. Experimento con el concepto del viaje fisico asi como espiritual en el tiempo… una plantacion meridional en la cima de su prosperidad en el siglo XIX y luego la misma plantacion hoy, abandonada y decadente. Quiero utilizarte al principio en varias escenas cortas pero infinitamente memorables, mostrandote como una joven virgen inglesa
