– Tienes cuarenta anos, Mama. Debes empezar a cuidar de ti misma. No te has hecho una limpieza facial en semanas.

Para su consternacion vio que heria los sentimientos de Chloe. Apresuradamente le dio un abrazo rapido, con cuidado de no desprenderse de la crema anti solar que se habia echado bajo los pomulos.

– No me hagas caso -dijo-. Yo te adoro. Y todavia eres la madre mas hermosa de Londres.

– Lo que me recuerda… ser una madre en esta casa. ?Tomas tus pildoras anticonceptivas, no es verdad, querida?

Francesca gimio.

– Otra vez no…

Chloe saco un par de guantes de su bolso, de piel de avestruz de Chanel y empezo a estirarlos.

– No puedo soportar pensar lo nefasto que seria que te quedaras encinta tan joven. El embarazo es muy peligroso.

Francesca se toco el pelo detras de los hombros y se miro en el espejo.

– Tengo razones para no olvidarlo, no te preocupes.

– De cualquier manera, ten cuidado querida.

– ?Has visto alguna situacion en la que haya perdido el control con un hombre?

– Gracias a Dios, no -Chloe se levanto el cuello de su abrigo de vison hasta acariciarse la mandibula-. Si hubiera sido como tu cuando tenia veinte anos.

Solto una risita retorcida.

– ?A quien trato de enganar? Si fuera como eres tu en este momento.

Soplando un beso en el aire, le dijo adios ondeando el bolso y desaparecio por el pasillo.

Francesca arrugo la nariz en el espejo, y dejo el peine con el que se estaba peinando, acercandose a la ventana. Cuando miro fijamente hacia abajo al jardin, los inoportunos recuerdos de su viejo encuentro con Evan Varian regresaron a ella, y se estremecio.

Aunque sabia que el sexo no podia ser tan espantoso para la mayoria de las mujeres, su experiencia con Evan hacia tres anos la habia hecho perder mucho de su deseo por experimentarlo con otros hombres que la atraian.

Aun hoy, las palabras de Evan acerca de su frigidez habian quedado en los rincones polvorientos de su cerebro, saltando fuera en los momentos mas extranos e inoportunos. Finalmente, el verano pasado, reunio valor y permitio que un escultor sueco, joven y guapo que habia conocido en Marrakech la llevara a la cama.

Volvio a fruncir el entrecejo cuando recordo lo horrible que habia sido. Ella pensaba que habia algo mas en el sexo que tener un cuerpo encima, tocandola por todas partes, y empapandola en el sudor que emanaba de sus sobacos.

El unico sentimiento que la experiencia habia provocado dentro de ella habia sido una ansiedad terrible. Odiaba su vulnerabilidad, el desconcertante sentimiento que habia abandonado el control. ?Donde estaba la cercania mistica que escribian los poetas? ?Por que no podia sentir ella cercania con alguien?

Tras observar las relaciones de Chloe con los hombres, Francesca habia aprendido a una edad temprana que el sexo era algo vendible como cualquier otra cosa. Tambien sabia que tenia que permitir otra vez a un hombre hacerle el amor.

Pero estaba determinada a no hacerlo hasta que sintiera que controlaba completamente la situacion, y la recompensa fuera lo suficientemente alta para justificar la ansiedad. No sabia a que recompensa se referia exactamente. No dinero, ciertamente. El dinero estaba simplemente ahi, algo en lo que nunca pensaba. La posicion social, siempre habia sido algo seguro desde que nacio. Pero tenia que haber algo… algo evasivo que se estaba perdiendo en la vida.

De cualquier forma, como era una persona basicamente optimista, pensaba que sus infelices experiencias sexuales estaban resultando un punto a su favor. Todos sus amigos saltaban de una cama a otra de tal forma que habian perdido el sentido de la dignidad.

Ella no saltaba de ninguna cama a otra, pero presentaba la ilusion que era una experta,enganando hasta a su propia madre, mientras al mismo tiempo, se mantenia casta. En su conjunto, era una combinacion poderosa, que intrigaba al surtido mas interesante de hombres.

El timbre del telefono interrumpio sus pensamientos. Dando un paso sobre un monton de ropa desechada, cruzo la alfombra para coger el receptor.

– Soy Francesca -dijo, sentandose en una de las sillas Louis XV.

– Francesca. No cuelgues. Tengo que hablar contigo.

– Bien, si es San Nicholas -cruzando las piernas, se inspecciono las puntas de las unas para buscar desperfectos.

– Querida, no quise enfadarte la semana pasada.

El tono de Nicholas era serio, y ella lo podia ver en su mente, sentado detras de su escritorio en la oficina, sus facciones agradablemente tensas por la determinacion. Nicky era tan dulce y tan aburrido.

– He sido miserable sin ti -siguio diciendo-. Y siento mucho haberte presionado.

– Claro que debes sentirlo -dijo ella-. Realmente, Nicholas, actuaste como un estupido presumido. Odio que me griten y no consiento que me digan que soy una especie de Femme Fatale.

– Perdoname, querida, pero no te grite realmente. Realmente, fuiste tu quien me grito…- se callo, pensando aparentemente lo siguiente que iba a decir.

Francesca encontro por fin un pequeno desconchon en la una del indice. Sin levantarse de la silla, se estiro hacia el tocador a por su frasco de laca de unas marron canela.

– Francesca, querida, he pensado que tal vez te gustaria acompanarme a Hampshire este fin de semana.

– Lo siento mucho, Nicky. Estoy ocupada.

El tapon del frasco de laca de unas cedio bajo la presion de sus dedos.

Cuando saco la brochita, sus ojos vagaron por las paginas del tabloide doblado colocado junto al telefono. Un salvamantel de cristal estaba puesto encima, de manera que aumentaba un trozo circular de las palabras que estaban impresas con su propio nombre saltando a la vista, con las letras retorcidas daba la impresion de ser un fotomontaje de carnaval.

Francesca Day, la hermosa hija de la vividora internacional Chloe Day y nieta de la legendaria couturiere Nita Serritella, rompe corazones otra vez. La ultima victima de la tempestuosa Francesca es su ultimo y frecuente acompanante,el guapo Nicholas Gwynwyck, de treinta y tres anos, heredero de Cervezas Gwynwyck. Los amigos dicen que Gwynwyck estaba listo para anunciar la fecha de la boda cuando Francesca empezo de repente a aparecer en compania del actor de veintitres anos David Graves…

– ?El proximo fin de semana, entonces?

Ella movio las caderas en la silla, girando lejos de la vista del tabloide para pintarse la una.

– No lo creo, Nicky. No hagamos esto mas dificil.

– Francesca -la voz de Nicholas parecio romperse-. Tu… tu me dijiste que me adorabas. Yo crei…

Un ceno volvio a su frente. Se sentia culpable, aunque no fuera su culpa que el hubiera malinterpretado sus palabras. Suspendiendo la brocha del esmalte de unas en en aire, se puso el receptor mas cerca del menton.

– Te quiero, Nicky. Como un amigo. Mi cielo, eres dulce y amable…

Y aburrido.

– ?Quien no te adoraria? Hemos pasado momentos maravillosos juntos. Recuerdo la fiesta de Gloria en Hammersmith cuando Toby se tiro en esa espantosa fuente…

Ella oyo una exclamacion amortiguada al otro lado del telefono.

– ?Francesca, como puedes hacerme esto?

Ella soplo a su una.

– ?Hacerte que?

– Salir con David Graves. Tu y yo estamos practicamente comprometidos.

– David Graves no es de tu incumbencia, y nosotros no estamos comprometidos. Hablare contigo cuando estes dispuesto a tener una conversacion civilizada.

– Francesca…

Colgo el receptor con un estallido. ?Nicholas Gwynwyck no tenia derecho a interrogarla! Soplando la una, fue hasta su armario. Ella y Nicky se habian divertido juntos, pero no lo amaba y ciertamente no tenia intencion de

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