– ?Eh!, Dallie. El portero me ha dicho que te ha dejado entrar. Pensaba que no llegabas hasta manana.
– Ha habido un cambio de planes. Maldita sea, Holly Grace, este lugar me recuerda a un consultorio.
Holly Grace tenia una mirada peculiar sobre su cara cuando paso desde el pasillo, su pelo rubio sobre el cuello de su abrigo.
– Eso es exactamente lo que Francesca siempre dice. Francamente, Dallie, es como algo fantasmal. A veces los dos me dais horror.
– ?Y eso, por que?
Ella dejo su bolso sobre un canape blanco de cuero.
– No vas a creer esto, pero teneis ciertas semejanzas extranas. ?Piensas, que tu y yo, nos parecemos a dos guisantes en una vaina, no? Somos parecidos, conversamos de lo mismo. Tenemos gustos similares en deportes, sexo y coches?.
– Dime donde quieres llegar, porque esta empezando a darme hambre.
– Ha esto quiero llegar. A Francesca y a ti no os gustan las mismas cosas. A ella le gusta la ropa, las ciudades, la gente con glamour. Su estomago se remueve si ve a alguien sudar, y su politica definitivamente se hace mas liberal segun pasa el tiempo… tal vez porque es una inmigrante -Holly Grace apoyo una cadera al dorso del canape y lo miro pensativamente-. Tu, por otra parte, no te preocupas mucho por el glamour, y tienes tendencias politicas mucho mas conservadoras. Mirando la superficie, dos personas no podian ser mas diferentes.
– Adivino que quieres llegar a algun lugar -la cinta de Springsteen habia alcanzado ' Darlington County ' otra vez, y Dallie dio un toque del ritmo con el dedo del pie de su zapato mientras espero que Holly Grace dijera lo que tenia en mente.
– Excepto que os pareceis en las cosas mas peculiares. Lo primero que dijo cuando vio este apartamento fue que le recordaba al consultorio del medico. Y, Dallie, esa muchacha mas o menos recoge todo lo que se cruza en su camino. Primero fueron gatos. Mas tarde perros, lo cual es interesante pues la asustan de muerte. Finalmente, comenzo a recoger a muchachas adolescentes, de catorce, quince anos, que se habian escapado de casa y se vendian en la calle.
– No bromees -dijo Dallie, finalmente habia captado su interes-. Que hace con ellos una vez ella…
Pero entonces se paro cuando Holly Grace se quito el abrigo y vio el chupeton en el cuello.
– ?Eh!, ?que es eso? Esto se parece a un estupido chupeton.
– No quiero hablar sobre ello -se encorvo para cubrir la senal y se encamino a la cocina.
El la siguio.
– Maldita sea, no he visto una de estas cosas en anos. Recuerdo cuando puse algunos de ellos en ese mismo cuello -se apoyo en la entrada-. ?Tienes ganas de hablar de ello?
– Solo comenzarias a gritar.
Dallie dio un resoplido de descontento.
– Gerry Jaffe. Te estas viendo con tu viejo amante comunista de nuevo.
– El no es un comunista -Holly Grace saco una Miller Lite del frigorifico-. Solo porque no estes de acuerdo con la politica de alguien no significa que puedas ir por ahi llamandolo comunista. Ademas, no eres ni la mitad de conservador como quieres hacer creer a la gente.
– Mi tendencia politica no tiene nada que ver con esto. Simplemente no quiero que te hagan dano otra vez, carino.
Holly Grace desvio la conversacion curvando la boca en una sonrisa almibarada.
– ?Hablamos de viejos amantes, como Bambi? ?Ha aprendido ya a leer las revistas sin mover los labios?
– ?Ah!, venga, Holly Grace…
Ella lo miro con repugnancia.
– Juro por Dios que nunca me habria divorciado de ti si hubiera sabido que empezarias a salir con mujeres con nombres terminados en i.
– ?Has terminado ya? -le molestaba que bromeara acerca de Bambi, aun cuando tenia que admitir que la muchacha habia sido un punto bajo en su carrera amorosa. De todos modos Holly Grace no tenia que mofarse de eso-. Para tu informacion, Bambi se casa dentro de unas semanas y se marcha a Oklahoma, asi que actualmente busco una sustituta.
– ?Estas entrevistando aspirantes?
– Solo tengo los ojos abiertos.
Oyeron una llave en la puerta y luego la voz de un nino, chillona y sin aliento, sono desde el vestibulo.
– ?Eh!, Holly Grace, lo hice! ?Subi cada escalon!
– Bien por ti -dijo distraidamente. Y luego suspiro-. Maldita sea, Francie me matara. Este es Teddy, su nino. Desde que supo que venias a Nueva York, me ha hecho prometer que no dejaria que los dos se conocieran.
Dallie se ofendio.
– No soy exactamente un maltratador infantil. ?Que piensa que voy a hacerle? ?Secuestrarlo?
– Se averguenza, es todo.
La respuesta de Holly Grace no decia a Dallie exactamente nada, pero antes de que pudiera hacerle preguntas, el muchacho irrumpio en la cocina, el pelo castano levantado con un remolino, un pequeno agujero en la costura del hombro de su camiseta de Rambo.
– ?Adivinas que he encontrado en la escalera? Un cerrojo realmente guay. ?Podemos ir al Museo del Mar otra vez algun dia? Esta realmente ordenado y… -se callo cuando descubrio a Dallie casi a su lado, con una mano sobre la encimera, la otra levemente equilibrado sobre su cadera-. Caramba…
Su boca se abria y se cerraba como un pececito rojo.
– Teddy, este es el autentico Dallas Beaudine -dijo Holly Grace-. Parece ser que finalmente tienes la posibilidad de conocerlo.
Dallie sonrio al nino y ofrecio su mano.
– ?Eh!, Teddy. Me han hablado mucho de ti.
– Caramba -repitio Teddy, sus ojos abriendose con admiracion-. Ah, caramba…
Y entonces se apresuro a devolverle el apreton de manos a Dallie, pero antes de ponerla alli, se paro, preguntandose cual mano deberia dar.
Dallie lo rescato agachandose y agarrando la mano derecha para una sacudida.
– Holly Grace me dice que vosotros dos sois colegas.
– Te hemos visto jugar por la tele mas de un millon de veces -dijo Teddy con entusiasmo-. Holly Grace me ha estado ensenando las reglas del golf y los palos.
– Bien, eso es verdaderamente fantastico.
El muchacho seguramente no era guapo, penso Dallie, divertido por la expresion admirada de Teddy… como si acababa de aterrizar ante la presencia de Dios. Ya que su madre era realmente hermosa, el viejo Nicky debia ser tres cuartos de feo.
Tan emocionado como para estarse quieto, Teddy cambio su peso de un pie a otro, sus ojos no se separaban de la cara de Dallie. Sus gafas se deslizaron hacia abajo por su nariz y las empujo hacia arriba, pero estaba demasiado distraido por la presencia de Dallie para prestar atencion a lo que hacia, y golpeo las patillas con el pulgar. Las gafas se inclinaron hacia una oreja y se cayeron.
– ?Eh! -dijo Dallie, inclinandose para recogerlas.
Teddy se inclino, tambien. Sus cabezas se unieron cerca, la pequena color caoba y la mas grande rubia. Dallie cogio las gafas primero y se las entrego a Teddy.
Sus caras estaban separadas por menos de un centimetro. Dallie sintio el aliento de Teddy sobre su mejilla.
Sobre el estereo en la sala de estar, el Boss cantaba acerca de estar ardiendo y un cuchillo que cortaba un valle de seis pulgadas por su alma. Y en aquel pequeno espacio de tiempo mientras el Boss cantaba sobre cuchillos y valles, todo estaba todavia bien en el mundo de Dallie Beaudine.
Y luego, en el siguiente espacio de tiempo, con el aliento de Teddy como un susurro sobre su mejilla, el fuego extendio la mano y lo agarro.
– Cristo.
Teddy miro a Dallie con ojos perplejos y luego subio sus gafas hacia su cara.
La mano de Dallie agarraba a Teddy por la muneca, haciendo al nino estremecerse.
