Holly Grace comprendio que algo andaba mal y se puso rigida al ver a Dallie mirar tan glacialmente a la cara de Teddy.

– ?Dallie?

Pero el no la oia.

El tiempo habia dejado de avanzar.

Habia vuelto atras en los anos hasta que era un nino otra vez, un nino que miraba fijamente a la cara enfadada de Jaycee Beaudine.

Excepto que la cara no era grande y abrumadora, con mejillas sin afeitar y dientes apretados.

La cara era pequena. Tan pequena como la de un nino.

* * *

El Principe Stefan Marko Brancuzi habia comprado su yate, Estrella del Egeo, a un jeque saudita del petroleo. Cuando Francesca dio un paso a bordo y saludo al capitan del Estrella, tenia la dificil sensacion que el tiempo no habia pasado y tenia nueve anos otra vez, y subia a bordo del yate de Onassis, el Christina, preparada para realizar el numerito del caviar a personas vacias que tenian demasiado tiempo libre y nada que valia la pena hacer con el.

Temblo, pero esto muy bien podia haber sido una reaccion a la noche humeda de diciembre. La marta cibelina definitivamente habria sido mas apropiada para el tiempo que el chal fucsia.

Un auxiliar la condujo a traves del afterdeck hacia las luces acogedoras del salon. Cuando entro en el opulento espacio, Su Alteza Real, el Principe Stefan Marko Brancuzi, avanzo y la beso ligeramente sobre la mejilla.

Stefan tenia la mirada de pura sangre compartida por tantos rasgos de la realeza europea, una nariz aguda, una boca cincelada. Su cara habria estado prohibida si no fuera por su bendita sonrisa.

A pesar de su imagen como un principe playboy, Stefan tenia una manera de ser pasada de moda que Francesca encontraba atrayente. Era tambien un trabajador duro que habia pasado los ultimos veinte anos convirtiendo su pequeno y atrasado pais en uno moderno que rivalizaba con Monaco en sus placeres opulentos.

Ahora necesitaba a su propia Grace Kelly para poner la guinda de sus logros, y no hacia ningun secreto del hecho que habia seleccionado a Francesca para el papel.

Sus ropas eran elegantes y costosas… una chaqueta de sport sin forma de gris, pantalones de pinzas oscuros, una camisa de seda, abierta en la cuello. El tomo su mano y la condujo hacia la barra de caoba donde dos copas de Baccarat en forma de tulipan los esperaban.

– Disculpame por no haber ido yo mismo a recogerte. Mi horario ha sido hoy bestial.

– El mio, tambien -dijo ella, arrebujandose en su chal-. No puedes imaginarte las ganas que tengo de marcharme con Teddy a Mexico. Dos semanas sin hacer nada mas que acariciar la arena con los pies.

Tomo la copa de champan y se sento en uno de los taburetes de la barra. Sin querer, dejo a su mano vagar sobre el cuero suave, y otra vez su mente fue a la deriva atras en el tiempo al Christina y a otro juego de taburetes de barra.

– ?Por que no traes a Teddy aqui? ?No te gustaria hacer un crucero por las islas griegas durante unas semanas?

La oferta la tentaba, pero Stefan la presionaba demasiado rapido. Ademas, algo dentro de ella rechazaba la idea de ver a Teddy caminar por las cubiertas del Estrella del Egeo.

– Lo siento, pero me temo que ya tengo los planes hechos. Tal vez en otro momento.

Stefan fruncio el ceno, pero no la presiono. El gesticulo hacia unos tazones de cristal tallado con diminutos huevos morenos dorados.

– ?Caviar? Si no te gusta el osetra, pedire beluga.

– ?No! -la exclamacion fue tan aguda que Stefan le miro fijamente por la sorpresa. Ella le lanzo una sonrisa inestable-. Lo siento. No me gusta el caviar.

– Querida, pareces alterada esta noche. ?Pasa algo malo?

– Solo estoy un poco cansada.

Sonrio e hizo una broma. Poco despues en medio de una alegre conversacion entraron al comedor. Cenaron corazones de alcachofa con salsa picante de aceitunas negras y alcaparras, seguido de pollo marinado con cilantro y enebro.

Cuando la Charlotta de frambuesa llego regada con crema inglesa de jengibre, estaba demasiado llena para comer mas que unos bocados. Cuando estaba sentada a la luz de las velas y el afecto de Stefan, penso cuanto disfrutaba.

?Por que simplemente no se decidia y se casaba con el? ?Que mujer en su sano juicio podria resistirse a la idea de ser una princesa? Para conservar su valorada independencia, trabajaba demasiado duro y pasaba mucho tiempo lejos de su hijo.

Le gustaba su carrera, pero comenzaba a comprender que queria mas de la vida que liderar el ranking Nielsens. ?De todos modos este matrimonio era lo que realmente queria?

– ?Me escuchas, querida? Esta no es la respuesta mas alentadora que alguna vez he recibido a una propuesta de matrimonio.

– Ah, querido, lo siento. Me temo que estaba sonando despierta -sonrio excusandose-. Necesito un poco mas de tiempo, Stefan. Siendo sincera, no estoy segura que tengamos caracteres compatibles.

El la miro, perplejo.

– Que curioso lo que dices. ?Que significa exactamente?

Ella no podia explicarle cuanto la asustaba que despues de unos pocos anos en su compania, volviera a la vida que habia seguido antes de ir a Estados Unidos… mirandose sin parar en los espejos y teniendo rabietas si su esmalte de unas se astillaba. Inclinandose hacia adelante, lo beso, tomando un pellizco en el labio con sus dientes pequenos y agudos, y lo distrajeron de su pregunta.

El vino habia calentado su sangre, y su solicitud astillo lejos las barreras que habia construido alrededor de si misma. Su cuerpo era joven y sano. ?Por que ella permitia que se secara como una hoja vieja? Ella acaricio sus labios con los suyos otra vez.

– ?En vez de una oferta, que tal una proposicion?

Una combinacion de diversion y deseo aparecio en sus ojos.

– Supongo que dependeria de la clase de proposicion.

Ella le dedico una sonrisa burlona descarada.

– Llevame a tu dormitorio, y te lo mostrare.

Cogiendo su mano, el beso las puntas de sus dedos, un gesto tan cortes y elegante que bien podia haber estado conduciendola al salon de baile. Cuando caminaban por el pasillo, se encontro envuelta en una neblina de vino y risas tan agradable que, cuando entraron en su opulento camarote, ella podria haber creido que estaba realmente enamorada si no se conociera mejor.

De todos modos esto habia sido asi desde hacia mucho, mucho desde que no fingia en brazos de un hombre.

El la beso, con cuidado al principio y luego mas apasionadamente, murmurando palabras extranjeras en su oido que la excito. Sus manos se movieron para desabrocharle la ropa.

– Si solo supieras cuanto tiempo he deseado verte desnuda -murmuro el. Bajando el corpino de su vestido, acaricio con la nariz el inicio de sus senos que se asomaban por el encaje de su sosten-. Como melocotones calientes -murmuro-. Llenos, ricos y perfumados. Voy a chupar cada gota de su dulce jugo.

Francesca encontro su discurso un poco cursi, pero su cuerpo no discriminaba como su mente y podia sentir su piel calentarse exquisitamente. Ella ahueco la mano alrededor de su nuca y arqueo el cuello. Los humedos labios de el bajaron, buscando el pezon por encima del encaje del sujetador.

– Aqui -dijo el, cogiendolo con los dientes… -Ah, si..

Si, verdaderamente. Francesca jadeo cuando sentio la succion de la boca y la raspadura deliciosa de sus dientes.

– Mi querida, Francesca… -el chupo con mas entusiasmo, y comenzo a sentir como se doblaban sus rodillas.

Y luego el telefono sono.

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