conseguido derretir el hielo que habia en ella la hacia feliz.

– Eres tu el desvergonzado, mi senor -replico. -Te pavoneas como un pavo con la cola extendida y has disfrutado exhibiendome ante esos jovenes. -Ahogo una risita. -Todos han puesto cara de asombro cuando me han visto… ?Tienes tan mala fama que no te creian capaz de atraer a una mujer bonita? Deberian conocerte como yo.

– Si lo hicieran, mi amor, me llamarian con un nombre diferente y habria elegido a Joviano como amante -dijo riendo.

– ?Mi senor! -La risa se apodero de Cailin.

El la hizo subir por una escalera explicandole que ese era el camino a los dos palcos privados del Hipodromo aparte del imperial.

– El palco del patriarca esta a la derecha del emperador, y el del primer patricio del Imperio esta a su izquierda. He venido pronto para que nadie estorbe nuestra entrada. No queria que la multitud me hiciera detener ante el emperador. Entraremos discretamente en el palco y nos prepararemos para recibir a nuestros invitados. El emperador no llegara hasta que las carreras esten a punto de empezar. Esta manana habra cuatro carreras y por la tarde otras cuatro. En el intermedio nos ofreceran otras diversiones y Zeno vendra con nuestros criados a traernos el almuerzo.

– Nunca he visto carreras de carros -dijo Cailin. -?Quien intervendra hoy? En Corinio habia un anfiteatro para juegos, pero mi padre nunca nos llevo. Decia que los juegos eran crueles.

– Algunos lo son -admitio Aspar, -pero hoy no habra gladiadores, segun me han dicho. Habra actores, luchadores y diversiones mas civilizadas. En Constantinopla tenemos cuatro equipos de carros: los Rojos, los Blancos, los Azules y los Verdes. Participaran los cuatro y las pasiones que levantan entre el publico a veces son aterradoras. Se hacen apuestas y suelen verse peleas entre los partidarios de un equipo y sus rivales. En el palco estaras a salvo.

– ?Cual es tu equipo favorito, mi senor? -pregunto Cailin.

– Los Verdes -respondio. -Son los mejores, y les siguen los Azules. Los Rojos y los Blancos no son nada, aunque lo intentan.

– Entonces yo tambien ire a favor de los Verdes -dijo Cailin.

Habian llegado a un pequeno rellano donde la escalera se bifurcaba en dos, y tomando los tres escalones de la derecha entraron en el palco de Aspar. Una marquesina de tela dorada con rayas purpura formaba el techo del palco. Habia comodas sillas de marmol con cojines de seda y bancos alrededor, todos con una buena vision de la arena. Las gradas del publico empezaban a llenarse, pero nadie se fijo en ellos, y un rapido vistazo mostro a Cailin que el grupo imperial y los importantes personajes religiosos todavia no se encontraban en sus respectivos palcos.

– No hay escalones para entrar en el palco del emperador -comento a Aspar. -?Como se accede a el?

– Hay unas escaleras que van directamente al palco desde un tunel que discurre por debajo de los muros de palacio -respondio el. -Eso permite a nuestro emperador salir deprisa en caso necesario. Siempre me ha parecido un excelente lugar para una emboscada, pero realmente no se podria hacer nada para evitarlo.

– ?Cailin!

Una mujer joven habia entrado en el palco detras de ellos.

Cailin se volvio y reconocio a Casia con un aspecto particularmente radiante, vestida con sedas escarlata y doradas. Cailin le tendio las manos en gesto de bienvenida. Se habia preguntado como se sentiria al ver de nuevo a Casia, quien siempre habia sido buena con ella.

– La fortuna te ha sonreido, segun me han dicho -le dijo. -Me alegro de que hayas venido.

– Mi senora Casia -saludo Aspar con una sonrisa, y Cailin sintio una punzada de celos. Los ojos de Aspar eran demasiado afectuosos y tenian un brillo de complicidad.

– Mi senor, me alegro de volver a veros. Tengo una deuda de gratitud para con vos por presentarme al principe. No tenia intencion de comprar mi libertad de Villa Maxima hasta el ano proximo, pero cuando el principe me ofrecio su favor, sorprendi a mis amos y me libere de ellos para aprovechar la generosidad del principe.

Casia les sonrio con afecto y se acomodo junto a Cailin.

Aspar inclino la cabeza de nuevo y dijo:

– Entonces los dos estais contentos con el acuerdo y yo me alegro, Casia. Pero confio en que todavia eres lo bastante sensata para pensar en tu futuro. Los principes a menudo son volubles. Casia rio alegremente.

– Soy una mujer frugal, mi senor. Si Joviano y Focas hubieran tenido alguna idea de lo que ahorre durante los tres anos que estuve con ellos, habrian puesto un precio mas elevado. Sin embargo no lo sabian y obtuve un precio muy asequible. La casa donde resido tambien es mia. Insisti en ello, y Basilico fue generoso. No voy a terminar mis dias en las calles como una necia.

– No me agradaria que fuera asi -respondio el.

No habia tiempo para que Cailin preguntara a su amante, pues el resto de invitados empezo a llegar al palco y le fueron presentados. Belisario, el afamado actor clasico, y su actual amante, el actor comico Apolodoro, fueron los primeros. Elegantemente ataviados con dalmaticas blancas y doradas, y ambos bastante ingeniosos, al principio intimidaron a Cailin. Ella no estaba acostumbrada a hombres de esa clase, pero Casia charlaba fluidamente con ellos, intercambiando chismes e insultos como si les conociera de toda la vida. Anastasio, el gran cantante bizantino, llego y les hablo en susurros, lo cual, segun Aspar explico a Cailin, era su costumbre. Anastasio hablaba poco, pues reservaba su gloriosa voz para el canto.

El tallador de marfil Juan Andronico, y el escultor Arcadio llegaron casi al mismo tiempo. El primero era un hombre timido, pero de naturaleza afable y cortes. El otro era todo lo contrario, un tipo atrevido con una mirada aun mas atrevida.

– A Casia la reconozco, o sea que esta belleza eterea ha de ser la que quereis que inmortalice, mi senor. - Arcadio miro a Cailin con fijeza. -El cuerpo que veo -prosiguio, desnudandola mentalmente- es tan hermoso como el rostro, evidentemente. Hareis que mi verano sea esplendido, senora, pues nada amo mas que esculpir una mujer adorable.

Aspar sonrio divertido cuando Cailin se sonrojo.

– Me parecio que era un tema perfecto para tu estilo clasico, Arcadio -dijo. -Es Venus renacida.

– Sin duda obtendre mas placer con el trabajo que me habeis encargado, mi senor, que con todos los santos que ultimamente he estado esculpiendo -admitio el escultor.

De pronto la multitud lanzo una ovacion y los presentes en el palco de Aspar se volvieron para ver al emperador y su sequito entrar en su palco. Leon tenia un rostro severo y sereno, pero ni siquiera con su elegante vestimenta se podia decir que fuera distinguido o regio. Esta fue la primera impresion que tuvo Cailin del monarca de Bizancio, y tuvo que recordarse que Aspar habia elegido a ese antiguo miembro del personal de su casa para la gloria debido a otras cualidades. La emperatriz, sin embargo, era diferente. Era una estrella que resplandecia alrededor de la calmada luna de su esposo. El resto del grupo real estaba formado por hombres y mujeres entre los que solo el rostro de Basilico le resulto familiar. El clerigo, vestido de negro, ya habia ocupado su lugar antes de que llegara el grupo imperial, pero Cailin habia estado demasiado ocupada con sus invitados para fijarse en el.

Al cabo de unos minutos, Aspar dijo a Cailin:

– ?Mira!

De pie sobre una tarima de marmol colocada delante de su palco, el emperador Leon levanto un pliegue de su tunica dorada y purpura e hizo la senal de la cruz tres veces; hacia las gradas centrales y despues hacia las de la derecha y la izquierda: bendijo a todos los presentes en el Hipodromo. Luego metio la mano en la tunica y saco un panuelo blanco que, segun susurro Aspar a Cailin, se llamaba mappa. Dejo caer el cuadrado de seda blanca en senal de que dieran comienzo los juegos.

Las puertas de la muralla del Hipodromo se abrieron y el primero de los cuatro carros que iban a competir salio a la arena. El publico estallo en vitores. Los aurigas, que controlaban cada uno cuatro caballos, iban vestidos con tunicas de piel cortas y sin mangas, firmemente sujetas con cinturones cruzados de piel. En las pantorrillas llevaban polainas tambien de piel. Todos tenian excelente constitucion fisica y muchos eran atractivos. Las mujeres les llamaban a gritos y agitaban las cintas coloreadas de su equipo favorito, y los aurigas, riendo felices, sonreian y saludaban con la mano.

– No deberian permitir que las mujeres asistieran a los juegos -se oyo al patriarca murmurar sombriamente en su palco. -Es indecente que esten aqui.

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