– Las mujeres asistian a los juegos en Roma -observo un joven sacerdote.

– Y mira lo que sucedio en Roma -espeto el patriarca mientras los otros clerigos asentian mostrando su acuerdo.

– ?Alguna de vosotras ha estado alguna vez en las carreras? -pregunto Arcadio a Cailin y Casia, y cuando ellas respondieron con una negativa, dijo: -Entonces os lo explicare. El orden en que los carros se alinean se echa a suertes el dia anterior. Cada auriga tiene que dar siete vueltas a la pista. ?Veis esa plataforma que hay junto a la spina donde esta el prefecto con la anticuada toga? ?Veis los siete huevos de avestruz sobre la tarima? Seran retirados uno a uno a medida que se cubra cada vuelta de la carrera. Normalmente se concede una pequena palma de plata al ganador de cada carrera, pero como hoy se conmemora la fundacion de nuestra ciudad se entregara una corona de laurel a los ganadores de todas las carreras, menos las dos ultimas. Habra una competencia feroz entre los Verdes y los Azules por llevarse el mayor numero de coronas. ?Mirad! ?Ya salen!

Los carros atronaron en torno a la pista. En pocos momentos los caballos echaban espuma por la boca y el sudor les resbalaba por los flancos. Sus aurigas los conducian con un descuidado abandono que Cailin nunca habia visto. Al principio parecia que la pista era lo bastante ancha para los cuatro carros, pero pronto fue evidente que para ganar los aurigas tenian que desviarse a un lado y a otro, luchando para adelantar a sus rivales. De las ruedas saltaban chispas cuando los carros chocaban entre si, y los aurigas utilizaban el latigo no solo en sus caballos sino tambien en los otros conductores que se interponian en su camino.

La multitud vocifero acaloradamente cuando el carro de los Verdes dio la vuelta final sobre una rueda, casi volcando, pero el de los Azules le intercepto, colocandose delante repentinamente, y cruzo la linea de meta el primero por poca distancia. Ambos carros se detuvieron y los aurigas de los equipos Azul y Verde se enzarzaron en una violenta pelea a punetazos. Fueron separados y abandonaron la pista maldiciendose a gritos el uno al otro mientras los carros para la siguiente carrera se alineaban y salian.

Las carreras de carros fascinaron a Cailin. Celta de alma, siempre habia admirado los buenos caballos; y los que esa manana corrian eran los mejores que habia visto.

– ?De donde son esos magnificos animales? -pregunto a Aspar. -Nunca habia visto caballos tan buenos. Son mejores que los de Britania, y parecen bravos. Su velocidad y seguridad son encomiables.

– Vienen de Oriente -respondio el, -y cuestan una fortuna.

– ?Nadie los cria en Bizancio, mi senor? -se extrano ella.

– Que yo sepa no, mi amor. ?Por que lo preguntas?

– ?No podriamos destinar una parcela de tierra para, en lugar de cultivar grano, hacer crecer pasto para criar caballos como esos? Si valen tanto, sin duda te reportarian grandes beneficios. El mercado para estas bestias seria enorme, y seria mas accesible y menos arriesgado para los equipos de carro que importarlos de Oriente. Si criaramos nuestros propios caballos, los verian crecer desde que nacieran e incluso elegirian pronto a los que parecieran prometedores -concluyo Cailin. -?Que opinas, mi senor?

– ?Es una brillante idea! -exclamo Arcadio con entusiasmo.

– Tendriamos que encontrar un semental excelente, o dos, para crianza, y necesitariamos al menos una docena de yeguas para empezar -penso Aspar en voz alta. -Tendria que ir a Siria para elegir los animales. No permitiriamos que nadie de alli se enterara de nuestros proyectos. Los sirios se enorgullecen de sus buenos caballos y su ventajoso mercado de exportacion. Probablemente podria obtener yeguas jovenes en diferentes sitios fingiendo que las quiero para las damas de mi familia, que se divierten cabalgando cuando estan en el campo. Normalmente -observo Aspar, -las mujeres no montan a caballo.

– Los Verdes han ganado la segunda carrera mientras vosotros charlabais -informo Casia. -Los Azules se quejan de que ha habido trampas, pues los Rojos y los Blancos se esforzaron en interceptar el carro del equipo Azul en cada giro y ha acabado el ultimo.

Entre cada una de las cuatro carreras de la manana habia un pequeno entretenimiento con mimos, acrobatas y, finalmente, un hombre con un grupo de divertidos perritos que saltaban a traves de aros, daban volteretas y bailaban sobre las patas traseras al son de una flauta. Estos intervalos eran breves, pero hubo otro mas largo entre las carreras de la manana y las de la tarde. Entonces el palco del emperador se vacio, y tambien el del patriarca.

– ?Adonde van? -pregunto Cailin.

– A un pequeno banquete que se ofrecera para Leon y sus invitados -respondio Aspar. -Mira alrededor, mi amor. Todo el mundo ha traido comida; y ahi esta Zeno con el almuerzo para nuestros invitados. Como siempre, viejo amigo, eres puntual.

– Es evidente que le gustas mucho a Aspar -dijo Casia en voz baja a Cailin mientras preparaban el almuerzo. -Fuiste muy afortunada, joven amiga, al encontrar a ese hombre. Se rumorea que se casaria contigo si pudiera, pero no cuentes con ello.

– No lo hago -dijo Cailin. -No me atrevo. He llegado a amar a Aspar, pero algo en lo mas hondo de mi me advierte del peligro. A veces puedo pasar por alto esa vocecilla interna, pero en otras ocasiones me martillea y me asustan tanto que no puedo dormir. Aspar no lo sabe. De todos modos no quiero inquietarle. El me ama, Casia, y es muy bueno conmigo.

– Tienes miedo porque la ultima vez que amaste a un hombre fuiste cruelmente separada de el, Cailin. Pero eso no volvera a ocurrir. -Acepto la copa de vino que Zeno le ofrecia y bebio un sorbo. -?Ah, de Chipre! ?Delicioso!

Un guardia imperial entro en el palco.

– Mi senor general -saludo. -El emperador solicita que os unais a su mesa.

– Dale las gracias al emperador -dijo Aspar, irritado. Leon sabia que tenia invitados. -Dile que seria descortes por mi parte abandonar a mis invitados, pero que si me necesita luego le atendere.

El guardia se inclino y se habia vuelto para marcharse cuando Cailin dijo:

– ?Espera! -Cogio las manos de Aspar y le miro. -Ve, mi senor, por favor, aunque solo sea por mi. Por muy amable que sea tu negativa, insultaras al emperador. Yo me ocupare de los invitados hasta que vuelvas. -Le dio un beso en la mejilla. -Ahora vete, y muestrate educado y complaciente.

Aspar se levanto de mala gana.

– Ire solo por ti, mi amor. No quieres que ofenda a Leon, sin embargo su invitacion me ofende porque no te tiene en cuenta a ti ni a quienes nos acompanan.

– Yo no existo para el emperador, y tampoco Casia. En cuanto a los demas, son artesanos y actores. A veces se invitan, a veces no -dijo Cailin con una leve sonrisa. Habia aprendido bastante sobre las costumbres de la sociedad bizantina. -Ahora ve, que cuanto antes te marches antes regresaras.

– Tienes mas educacion que la mayoria de los que estan en la corte -dijo Arcadio, arqueando una oscura ceja. -?Acaso no eres lo que pareces?

Cailin sonrio son serenidad.

– Soy lo que soy -respondio.

Arcadio rio entre dientes, y al ver que no le sonsacaria nada volvio su atencion al excelente jamon que tenia en su plato. Se enteraria de lo que le interesaba en verano, cuando ella posara para el.

Poco despues de que Aspar hubiera abandonado el palco, entro otro guardia imperial, que hizo una inclinacion de cabeza a Cailin y anuncio:

– Senora, debeis venir conmigo, tened la bondad.

– ?Que quieres? -pregunto ella. -?Y quien te envia?

El guardia era joven y se sonrojo ante las preguntas de Cailin.

– Senora -dijo con esfuerzo, -no puedo decirlo. Se trata de un asunto privado.

Antes de que Cailin pudiera volver a hablar Casia se inclino hacia adelante, permitiendo al joven una buena vision de su pecho.

– ?Me conoces, joven? -le pregunto con un ronroneo. -?Sabes que eres muy atractivo?

Arcadio reprimio una sonrisa. Casia tendria la informacion que queria al cabo de poco rato, a juzgar por la expresion del joven guardia.

– No, senora, no os conozco -respondio, nervioso, incapaz de apartar los ojos de los blancos senos de la mujer. -?Deberia conoceros?

– Soy la amiga especial del principe Basilico, joven, y si no le dices a la senora quien te ha enviado, le contare a mi principe tu groseria y le dire que me has violado con tus perversos ojos castanos. ?Y ahora habla!

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