—Esta maquina puede compensarlo —dijo riendo el tecnico—. Casi lo ha hecho ya. Estamos preparados si usted lo esta, padre.

—Cuando quiera —dijo el sacerdote. No sonaba a cierto.

—Elszabet, ?lista?

—No, espera. Mira las lineas alli, en la pantalla dos. Ha sobrepasado el grado de ansiedad. Quiero hablar con el primero.

—?Me quedo? —pregunto el tecnico, sin denotar una gran preocupacion.

—Ve a la Cabina B y prepara al senor Ferguson, ?quieres? Dejame a solas con el padre un par de minutos.

—Naturalmente —dijo Lansford, y se marcho.

El sacerdote alzo la mirada hacia Elszabet, parpadeando como un escolar que se siente incomodo al ser reprendido.

—Me encuentro bien. Estoy bien, de verdad.

—No lo creo.

—No… No. No lo estoy.

—?Que sucede, padre? —pregunto ella amablemente.

—Es dificil de explicar.

—?Tiene miedo del barrido?

—No. ?Por que habria de tenerlo? He pasado por el barrido de memorias un monton de veces con anterioridad, ?no? —la miro con subita incertidumbre—. ?No?

—Mas de un centenar de veces. Lleva usted aqui cuatro meses.

—Eso es lo que pensaba. Abril, mayo, junio y julio. El barrido no es nada nuevo para mi. ?Por que deberia tenerle miedo?

—No hay razon. Es un instrumento de curacion. Lo sabe.

—Si.

—Pero las lineas aparecen por toda la pantalla. Algo le ha sobresaltado esta manana, y debe de ser algo que le ha sucedido durante la noche, ?verdad? Sus lecturas estaban bien ayer. ?Que ha sido, padre? ?Un sueno?

El se agito, inquieto. Parecia empeorar por momentos.

—?Podemos salir fuera, Elszabet? Creo que… un poco de aire fresco me sentara bien.

—De acuerdo. Estaba pensando lo mismo.

Elszabet le condujo a la parte trasera del pequeno edificio de madera y le hizo respirar profundamente. De pie, a su lado, ella era casi una cabeza y media mas alta que el; pero tambien era mas alta que muchos hombres. La diferencia de altura le hacia parecer un nino asustado, aunque era diez anos mayor que ella. Podia sentir en el la necesidad fisica, la urgencia inarticulada de tocarla y el miedo de hacerlo. Tras un momento, ella le cogio de la mano. Iba contra las reglas del Centro ofrecer a los pacientes consuelo fisico.

—Elszabet —dijo el—. Que hermoso nombre. Y que extrano. Casi como Elizabeth, pero no del todo.

—Casi hungaro, pero no del todo. Hubo una actriz hungara muy famosa en los lasers a mitad del siglo veintiuno, Erzsebet Szabo. Mi madre era su mayor admiradora, y me puso su nombre, pero se equivoco al deletrearlo. Ella nunca fue muy buena en eso.

Elszabet chasqueo la lengua. Le habia contado la historia de su nombre al menos treinta veces antes. Pero, por supuesto, el lo olvidaba todo cada manana, cuando la aplicacion del tratamiento le borraba los recuerdos recientes y una cantidad indeterminada de otros recuerdos mas antiguos.

—?Que le asusto anoche, padre?

—Nada.

—Pero se siente hoy reticente al barrido.

—Si.

—?Como es eso?

—?Me promete no incluirlo en mis archivos?

—No se. No estoy segura de poder prometerlo.

—Entonces no se lo dire.

—?Es embarazoso?

—Podria serlo si llegara a la diocesis.

—?Es asunto de iglesia? Bueno, en eso puedo ser discreta. Su obispo no tiene acceso a los archivos del Centro, ya lo sabe.

—?De verdad?

—Sabe usted que si.

El asintio. Su cara recupero un poco el color.

—Lo que pasa, Elszabet, es que anoche tuve una vision, y no estoy seguro de querer perderla con el barrido.

—?Una vision?

—Una vision muy fuerte. Una vision sorprendente y maravillosa.

—El tratamiento podria borrarla. Lo hara, probablemente.

—Si.

—Pero si quiere usted ser curado, tiene que entregarse totalmente al barrido de memorias. Perder lo bueno junto con lo malo. Mas tarde, integrara su espiritu y se librara del barrido, pero por ahora…

—Lo comprendo. Aun asi…

—?Quiere contarme su vision?

El se ruborizo.

—No tiene que hacerlo, pero podria servirme de ayuda.

—Esta bien. Esta bien.

Guardo silencio, preparandose. Entonces comenzo a hablar con un estallido desesperado.

—?Lo que paso, Elszabet, es que vi a Dios en los Cielos!

Ella sonrio, intentando parecer sincera y comprensiva.

—Debe de haber sido maravilloso, padre.

—Mas de lo que puede imaginar. Mas de lo que pueda imaginar nadie.

Estaba temblando de nuevo. Comenzo a llorar, y la huella humeda de las lagrimas brillaba a lo largo de su cara.

—?No se da cuenta, Elszabet, de que no tengo fe? No tengo fe. Si alguna vez la tuve, la perdi hace mucho tiempo. ?No es patetico? ?No es un chiste? El payaso triste, el cura que no cree. La Iglesia es solamente mi trabajo, ?no lo ve? Y ni siquiera en eso soy muy bueno, pero cumplo con mi diocesis, cumplo mis votos y practico mi profesion como un abogado o un contable practican la suya. Yo… —se recobro—. De cualquier forma, Dios vino a mi. No al Papa, ni al cardenal, sino a mi, que no tengo fe.

—?Como fue la vision? ?Puede describirmela?

—Oh, si. Puedo. Era de lo mas vivido. Habia en el cielo una luz purpura, y nueve soles brillaban como joyas, todos a la vez. Un sol naranja, uno azul, uno amarillo como el nuestro, toda clase de colores se cruzaban y se mezclaban. Las sombras eran fantasticas. ?Nueve soles! Y entonces El vino a mi. Le vi en su trono, Elszabet. Gigantesco. Majestuoso. Senor de senores, quien mas podria haber sido, con nueve soles a Su alrededor. De Su frente irradiaba luz, gracia, amor. Mas que eso: Santidad, la fuerza divina. Eso es lo que irradiaba. Senti que veia a un ser de sabiduria y de poder, un Dios poderoso y terrible. Era abrumador. Yo sudaba, temblaba, pensaba que iba a tener un ataque cardiaco, tan maravilloso era.

Entonces, sin mirarla, con voz llena de verguenza, anadio:

—Una cosa, ?sabe? Se dice que estamos hechos a su imagen. No es asi. No se parece a nosotros. Se que vi a Dios. Estoy tan convencido de eso como de que Jesus es mi Salvador. Pero no se parece a nosotros.

—?Y a que se parece entonces?

—No se decirlo. Esa es la parte que no me atrevo a compartir, ni siquiera con usted. Pero no parecia humano. Esplendido, majestuoso, pero no… humano.

Elszabet no tenia idea de como responder a eso. Una vez mas le dirigio una sonrisa calida, animosa, profesional.

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