—?Y el Senhor? ?Y la Senhora?
—Por lo que se, en su autobus.
—El Senhor deberia salir —dijo Jill—. Es la unica manera de apaciguar las cosas.
—Voy a ver —dijo la pelirroja, encaminandose al fondo del pasillo.
—Deberias ir al Senhor —dijo Jill— y pedirle que le hable a la multitud, Barry. De otra forma, sabes que todo va a estallar, y entonces ?que sera de la peregrinacion? Ve a hablar con el, Barry. Te escuchara.
—No escuchara a nadie. Lo sabes.
—?Puedes venir, Barry? —llamo la mujer desde el fondo del pasillo—. He encontrado a Ed, pero no me parece que este vivo.
—Ha hecho el Cruce —dijo April, como si hablara en suenos.
—Sera mejor que vaya —dijo Jaspin—. ?Que vas a hacer tu?
—Llevar a April a sitio seguro y esperar a que todo se calme.
—?No te parece este un sitio seguro?
—No lo sera cuando diez mil personas decidan guarecerse de la lluvia aqui dentro todos a la vez. Un edificio tan viejo como este se desmoronara en un momento.
La pelirroja regreso.
—Esta muerto. Me pregunto que sucedio. Pobre Ed… Era un bastardo, pero aun asi…
—Vamos, April —dijo Jill—. Tenemos que salir de aqui.
Condujo a su hermana a la salida. La escena que contemplo era mas salvaje que nunca. Los coches se apilaban como chatarra uno encima de otro. Por todas partes la gente chillaba, asustada, revolviendose como las abejas en un panal. No habia espacio para moverse; estaban apinados unos contra otros. En el centro de todo se encontraba el autobus del Senhor, y delante de este los once miembros de la Hueste Interna, ataviados con sus ropas ceremoniales, cargaban las imagenes empapadas de los grandes dioses. Se abrian camino lentamente entre la multitud. La gente intentaba dejarles paso, pero era dificil: no habia sitio adonde ir.
Entonces Jill vio al hombre con la mata de pelo rojo subiendo al autobus del Senhor, hacer algo a la pantalla de proteccion de una de las ventanillas hasta desconectarla, y entrar en el.
—Oh, Jesus. ?Barry? ?Barry! ?Ven aqui! ?Es importante!
Jaspin asomo la cabeza.
—?Que pasa?
—El Senhor. Acabo de ver a una especie de saqueador entrar en el autobus. La Hueste esta paseando las estatuas y no hay nadie guardando al Senhor, y alguien ha entrado en el autobus. Vamos. Tenemos que hacer algo.
—?Nosotros?
—?Quien mas? April, quedate aqui hasta que regresemos, ?me entiendes? No vayas a ninguna parte. —Jill se volvio fieramente a Jaspin—. Vamos, ?quieres? Vamos.
4
Tom sentia el extasis elevarse, elevarse, elevarse. Era como si todos los mundos le vinieran a la vez, como si la luz de mil soles iluminara su espiritu, como si Ellullilimiilu y los Nueve Soles y el Doble Reino y todas las capitales de los Poro y de los Zygeron y los Kusereen fluyeran hacia el al mismo tiempo. Le parecia que incluso los antiguos dioses Theluvara acudian a su alma desde las mas remotas profundidades del espacio.
Lo habia hecho. Habia iniciado el Tiempo del Cruce por fin. Todavia temblaba con la sensacion que le habia inundado en el momento en que habia sentido el alma de ese hombre, Ed, salir de su cuerpo y encaminarse hacia su destino en las distantes galaxias.
Ahora, lleno de alegria, Tom caminaba como una Hoja del Imperio a traves del Centro, de un edificio desierto a otro. Dos de sus seguidores estaban con el, dos de los que lo habian alimentado con su fuerza cuando habia hecho que ese hombre, Ed, realizara su Cruce. Pero habia habido otros dos entonces, el mexicano y la mujer gorda, y habian desaparecido cuando empezaron los gritos y la excitacion.
La fuerza que habia recibido de los otros cuatro, cuando envio al hombre a las estrellas, habia sido esencial. Lo sabia. Hacer el Cruce requeria una energia inmensa. En el instante de la separacion del cuerpo y el alma de Ferguson, Tom habia podido sentir en juego cada particula de su propia vitalidad. Habia sido como cuando se debilitan las luces de una habitacion si se requiere mucha energia a la vez. Y los otros cuatro, el mexicano, la mujer gorda, la mujer artificial y el sacerdote, habian llegado al rescate, habian enviado su propio poder a traves de la cadena de manos entrelazadas, y Tom habia sido capaz de completar el Cruce para Ferguson. Ahora tenia que realizar otros. Tenia que encontrar a los dos que faltaban.
Deambulando de un edificio a otro, apenas se daba cuenta de la lluvia. Era vagamente consciente de la gran multitud de extranos que habia irrumpido en los terrenos del Centro y se apinaba en el espacio entre el dormitorio y las cabanas del personal, pero eso no parecia importante. Quienes quiera que fuesen, no tenian sentido para Tom. Dentro de un rato todo estaria otra vez en calma, y esos extranjeros irian camino de las estrellas.
—Era real, ?no? —dijo una voz al lado de Tom—. ?El autentico Cruce?
Tom se volvio y vio al sacerdote.
—Si.
—?Sabes donde ha ido Ferguson?
—Al Doble Reino. Estoy seguro.
—?Y cual es ese?
—Un sol es azul, el otro es rojo. Es un mundo de los Poro, que son sujetos de los Zygeron, los cuales estan gobernados a su vez por los Kusereen, que son los senores mas grandes, los reyes del universo. Se han reunido con el. Ferguson esta con ellos en este momento.
—?Crees que ya esta alli? —pregunto Aleluya—. ?Tan lejos?
—El viaje es instantaneo. Cuando Cruzamos, nos movemos a la velocidad del pensamiento.
—Un sol azul, otro rojo —murmuro el padre Christie—. ?Conozco ese sitio! ?Lo he visto!
—Todos lo habeis visto —dijo Tom. Tendio los brazos hacia ellos. Abajo, los coches y camiones chocaban uno contra otro con furia sin sentido—. Vamos, seguidme. Saldremos y encontraremos a otras gentes que esten dispuestas para Cruzar. Pero primero tenemos que ver donde han ido los que nos ayudaban. La mujer gorda, el mexicano.
—Ahi esta April —senalo el padre Christie—. En la puerta de los dormitorios.
Tom asintio. Estaba de pie en el porche, bajo la lluvia, mirando a uno y otro lado, sonriendo insegura. Tom corrio hacia ella.
—Te necesitamos para hacer el resto de los Cruces.
—Tengo que esperar aqui a mi hermana.
—No. Ven con nosotros.
—Jill dijo que volveria en seguida. Fue por ahi, donde toda la gente corre y grita. ?Vas a enviarme a otro planeta?
—Despues —dijo Tom—. Primero ayudaras a enviar a otros. Y entonces, cuando pueda prescindir de ti, te enviare tras ellos. —La cogio de la mano. Sus dedos eran gordezuelos, fofos y frios, como salchichas—. Vamos. Vamos. Hay trabajo que hacer.
Ella le siguio, atontada, bajo la lluvia.
5
El terreno delante de los dormitorios era un mar de lodo. Jaspin, chapoteando tras Jill, imagino de repente
