eructos de los autoctonos en un banquete; pero me parecio que en aquella risa habia verdadera diversion.

—Lo digo en serio. —Las secuelas del miedo me habian dejado debil y sudoroso, pero la violenta perplejidad que senti no tenia nada que ver con eso; y si algo sabia (aunque no estaba muy seguro de saber algo) era que no queria iniciar un romance fortuito.

—Entonces pasearemos, lejos de este sitio del cual tanto deseas irte, mientras conversamos. Esta tarde tenias muchas preguntas.

—Ahora no tengo ninguna —le dije—. Debo pensar.

—Bueno, eso todos —dijo ella con dulzura—. Todo el tiempo, o casi.

Bajamos por una calle larga y blanca que tenia meandros como un rio, de modo que el declive nunca era brusco. Mansiones de piedra palida se alzaban al borde como fantasmas. En la mayor parte habia silencio, pero de algunas llegaban ruidos de fiesta: tintineo de copas, acordes de musica y repiques de pies bailando; nunca una voz humana.

Habiamos pasado por varias de esas mansiones cuando dije: —Tu gente no habla como nosotros. Nosotros diriamos que no hablan en absoluto.

—?Es una pregunta?

—No, es una respuesta, una observacion. Cuando ibamos a la Camara de Examen dijiste que no hablabas en nuestra lengua, ni yo en la tuya. En la tuya no habla nadie.

—Era una metafora —me dijo ella—. Tenemos una forma de comunicarnos. Vosotros no la usais, y nosotros no usamos la vuestra.

—Urdes paradojas para prevenirme —dije, aunque tenia los pensamientos en otra parte.

—En absoluto. Vosotros os comunicais por sonidos; nosotros por el silencio.

—Por gestos, quieres decir.

—No, por el silencio. Vosotros haceis un sonido con la laringe y le dais forma por la accion del paladar y los labios. Es una costumbre tan antigua que casi se os ha olvidado que lo haceis; pero cuando tu eras muy chico tuviste que aprenderlo, como todos los ninos de tu raza. Si nosotros quisieramos tambien podriamos aprender. Escucha.

Preste atencion y oi un suave gorgoteo que parecia proceder no de ella, sino del aire que la rodeaba. Era como si se nos hubiera unido un mudo invisible y ahora estuviese croando.

—?Que fue eso?

Ah, ?ves?, a fin de cuentas tienes preguntas. Lo que oiste fue mi voz. De cuando en cuando, si estamos heridos o si necesitamos ayuda, llamamos asi a los demas.

—No entiendo —dije—. Ni quiero entender. Tengo que estar solo con mis pensamientos.

Entre las mansiones habia muchas fuentes y muchos arboles, arboles que me parecian altos, raros y hermosos incluso a oscuras. De las fuentes no manaba agua perfumada, como de tantas de las nuestras en los jardines de la Casa Absoluta, pero la fragancia del agua pura de Yesod era mas dulce que cualquier perfume.

Como yo habia visto al bajar del aparato y volveria a ver por la manana, tambien habia flores. Ahora la mayoria habia guardado el corazon en el cenador de los petalos y solo se abria una palida dama de noche, aunque no habia luna.

Por fin la calle acabo junto a la frescura del mar. Alli estaban amarradas las pequenas barcas de Yesod, tal como yo las habia visto desde arriba. Habia ademas muchos hombres y mujeres que andaban de un lado a otro entre las barcas, y entre las barcas y la costa. A veces alguna barca se perdia en el agua oscura y rizada; y a veces aparecia una barca nueva, con velas de varios colores que yo apenas podia distinguir. Solo muy de tanto en tanto habia una luz.

—Una vez —dije— fui tan tonto como para creer que Thecla estaba viva. Fue una treta para atraerme a la mina de los hombres-mono. La ideo Agia, pero esta noche vi a su hermano muerto.

—No comprendes lo que te ha ocurrido —me dijo Apheta. Parecia avergonzada—. Para eso estoy yo aqui: para explicartelo. Pero no te lo explicare hasta que no estes listo, hasta que no me preguntes.

—?Y si no pregunto nunca?

—Entonces nunca te lo explicare. De todos modos seria mejor que lo supieses, sobre todo si eres el Sol Nuevo.

—?Realmente te importa tanto Urth?

Ella nego con la cabeza.

—?Entonces para que preocuparse por ella o por mi?

—Porque nos importa tu raza. Seria mucho menos laborioso tratar con todos de una vez, pero estais esparcidos en decenas de miles de mundos y es imposible.

No dije nada.

—Esos mundos estan muy separados. Si una de vuestras naves va de uno a otro tan rapido como la luz de las estrellas, el viaje dura muchos siglos. Los de la nave no lo notan, pero es asi. Si la nave viaja mas rapido, aprovechando el viento de los soles, el tiempo retrocede, de modo que la nave llega antes de haber zarpado.

—Para vosotros tiene que ser muy incomodo —dije. Yo estaba mirando por encima del agua.

—Para nosotros, no para mi personalmente. Si piensas que soy una especie de reina o guardiana de tu Urth, descarta la idea. No lo soy. Pero imagina en cambio que queremos jugar al shah mat sobre un tablero cuyos escaques son balsas en ese mar. Movemos una pieza, pero entretanto las balsas se agitan y deslizan formando una nueva combinacion; y para mover las piezas hemos de remar de una balsa a otra, cosa que lleva mucho tiempo.

—?Contra quien jugais?

—Contra la entropia.

Me volvi para mirarla.

—Dicen que en ese juego se pierde siempre.

—Lo sabemos.

—?Esta Thecla viva de verdad? ?Fuera de mi?

—?Aqui? Si.

—Y si la llevara a Urth, ?viviria?

—Eso no esta permitido.

—Entonces no preguntare si me puedo quedar aqui con ella. Eso ya me lo has contestado. En total menos de un dia, dijiste.

—?Te quedarias aqui con ella si fuera posible?

Lo pense un momento.

—?Y permitir que Urth se hiele en la oscuridad? No. Thecla no era una buena mujer, pero…

—?No era buena de acuerdo con que medida? —pregunto Apheta. Como yo no respondia, dijo—: Estoy preguntando de veras. Tu puedes creer que no ignoro nada, pero no es asi.

—De acuerdo con su propia medida. Lo que iba a decir, si encuentro las palabras, es que como todos los exultantes, salvo muy pocos, ella tenia cierta responsabilidad. A mi me asombraba que teniendo tantos conocimientos apenas le importasen. En esa epoca conversabamos en su celda. Mucho despues, cuando ya era Autarca desde hacia varios anos, comprendi que en realidad ella conocia algo mejor, algo que se habia pasado la vida aprendiendo. Era una etologia tosca, pero me doy cuenta de que no encuentro las palabras exactas.

—Intenta, por favor. Me gustaria oirlo.

—Thecla defendia a muerte a cualquiera que no pudiese evitar depender de ella. Por eso esta manana Hunna me ayudo a agarrar a Zak. Vio en mi algo de Thecla, aunque tiene que haber sabido que no era ella realmente.

—Sin embargo tu dijiste que Thecla no era buena.

—La bondad es mucho mas que eso. Ella tambien lo sabia.

Hice una pausa; mirando los blancos destellos de las olas en la oscuridad, mas alla de las barcas, intente ordenar mis pensamientos.

—Lo que intentaba decir es que la aprendi de ella, la responsabilidad, o mejor dicho la absorbi cuando la absorbi a ella. Si ahora traicionara a Urth por Thecla, seria peor que ella, no mejor. Ella quiere que yo sea mejor, asi como todo amante quiere que su amada sea mejor que el.

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