los de fuera y muchos otros objetos que me parecieron tan extranos como los artefactos del castillo de Calveros, aunque estos no eran terribles sino hermosos. Apheta ocupo un divan.

—?Esto no nos lleva a tu estancia, milady?

—Mi estancia es esta. Es una espiral; muchas habitaciones nuestras son asi porque nos gusta esa forma. Si sigues adelante llegaras a un lugar en donde puedes lavarte y estar un rato solo.

—Gracias. ?Tienes una vela?

Nego con la cabeza, pero me dijo que no estaria totalmente oscuro.

La deje y segui la espiral. La luz me acompanaba, cada vez mas debil pero reflejandose en la pared curva. Al fondo, que no tarde en alcanzar, un halito de viento me sugirio que entre el techo y ese lugar se extendia lo que Gunnie habia llamado un espiraculo. A medida que los ojos se me habituaron a la oscuridad lo fui distinguiendo como un circulo de sombra menos intensa. Parado debajo de el, contemple el estrellado cielo de Yesod.

Pense un rato en el mientras me aliviaba y lavaba el cuerpo, y cuando regrese junto a Apheta, cuya belleza desnuda palpitaba en un divan bajo una sabana delgada, la bese y le pregunte: —?No hay otros mundos, milady?

—Hay muchisimos —murmuro ella. El pelo oscuro, que se habia soltado, le flotaba alrededor del rostro brillante; asi que ella misma parecia una misteriosa estrella envuelta en la noche.

—Aqui en Yesod. En Urth vemos miriadas de soles, tenues de dia, brillantes de noche. Vuestro cielo esta vacio de dia, pero de noche es mas brillante que el nuestro.

—Cuando se lo requiramos, los hierogramatos construiran otros nuevos… Mundos tan hermosos como este o mas. Y soles para esos mundos, si necesitamos mas soles. Asi que para nosotros ya existen. Aqui el tiempo corre como pidamos, y nos gusta la luz de esos soles.

—El tiempo no corre como yo quisiera. —Me sente en el divan, estirando la pierna dolorida.

—Todavia no —dijo ella. Y enseguida—: Eres cojo, Autarca.

—Seguro que lo habias notado antes.

—Si, pero busco una manera de decirte que el tiempo correra para ti como para nosotros. Ahora eres cojo, pero si llevas a Urth el Sol Nuevo no lo seras siempre.

—Vosotros los jerarcas sois magos. Mas poderosos que los que conoci una vez, pero magos de todos modos. Hablais de tal o cual prodigio, pero aunque vuestros maleficios se cumplan, siento que vuestras recompensas son oro falso que se hacen polvo en la mano.

—Nos interpretas mal —dijo ella—. Y aunque sepamos mucho mas que tu, nuestro oro es de verdad, obtenido como se obtiene el oro autentico, a menudo al precio de la vida.

—Entonces estais perdidos en un laberinto propio, y no me extrana. En una epoca yo tuve el poder de curar esas cosas, por lo menos a veces. —Y le conte de la muchacha enferma de la choza de Thrax, y del ulano del camino verde, y de Triskele; y para terminar le conte como habia encontrado al camarero muerto a la puerta de mi camarote.

—Si procuro desenmaranarte esto, ?comprenderas que aunque los haya estudiado no conozco mas que tu todos los secretos de vuestro Briah? Es que son infinitos.

—Lo comprendo —dije—. Pero en la nave pense que al llegar aqui habiamos llegado al fin de Briah.

—Y asi es, pero se puede entrar en una casa por una puerta y salir por otra sin haber conocido todos sus secretos.

Asenti, mirando como su belleza desnuda palpitaba bajo la sabana, y deseando, si he de revelar la verdad, que no me atrajera con tal fuerza.

—Tu viste nuestro mar. ?Te has fijado en las olas? ?Que contestarias si alguien te dijera que no viste olas sino solo agua?

—Que he aprendido a no discutir con locos. Uno sonrie y sigue de largo.

—Lo que llamais tiempo esta hecho de olas parecidas, y asi como las olas que viste existian en el agua, el tiempo existe en la materia. Las olas avanzan hacia la playa, pero si arrojaras un guijarro al agua, nuevas olas, de una fuerza cien o mil veces mas debil, marcharian hacia el mar y las otras olas las sentirian.

—Comprendo.

—De la misma forma se aparecen en el pasado las cosas futuras. Un nino que algun dia sera sabio es un nino sabio; y muchos predestinados llevan la perdicion en la cara, de modo que quienes preven el futuro, aunque solo sea un poco, lo advierten y desvian los ojos.

—?No estamos todos predestinados?

—No, pero eso es otra cuestion. Tu puedes ser amo de un Sol Nuevo. De ser asi, tendreis la energia de ese sol a vuestro servicio, aunque no existira a menos que tu triunfes aqui, y tu Urth contigo. Pero asi como el muchacho prefigura al hombre, algo de esa facultad te ha llegado por los Corredores del Tiempo. No sabria decir de donde la obtenias en Urth. En parte de ti mismo, no hay duda; pero no es posible que toda haya surgido de ti, ni siquiera la mayor parte, porque habrias muerto. Quiza provenia de tu mundo, o de su sol viejo. Como en la nave no habia mundo ni sol alguno lo bastante cerca, tomaste la energia que podia extraerse de la nave misma, y por poco la haces naufragar. Pero ni siquiera eso era suficiente.

—?Y la Garra del Conciliador tampoco tiene ningun poder?

—Dejame verla.— Alargo una mano brillante.

—La destruyeron hace mucho tiempo las armas de los ascios —dije yo.

Sin responder, se quedo mirandome; y un latido despues adverti que me miraba el pecho, donde el saquito que Dorcas habia cosido para mi guardaba la espina.

Lo mire yo tambien y vi una luz, mas tenue que la de ella pero firme. Saque la espina, y un fulgor dorado relumbro de una pared a otra antes de apagarse.

—Se ha convertido en la Garra —explique—. Asi la vi cuando la saque de las rocas.

Se la tendi; en vez de mirarla, ella miro la herida a medio cicatrizar que yo tenia en el pecho.

—Estaba saturada de sangre tuya —dijo—, y tu sangre contiene tus celulas vivas. Dudo de que fuera ineficaz. Y no me asombra que las Peregrinas la reverenciaran.

Entonces la deje; a tientas, logre ir de nuevo a la playa y estuve largo tiempo andando por la arena de un lado a otro. Pero lo que pense alli no tiene cabida aqui.

Cuando regrese Apheta todavia me esperaba; el latido de plata era mas insistente que antes. —?Puedes? —pregunto.

Le dije que era muy hermosa.

—?Pero puedes? —volvio a preguntar.

—Primero tenemos que hablar. Si no te preguntara estaria traicionando a los mios.

—Entonces pregunta —susurro—. Aunque te prevengo que nada de lo que diga va ayudar a tu raza en la prueba.

—?Como es que hablas? ?Que sonido hay aqui? —Has de prestar atencion a la voz — dijo ella— y no a las palabras. ?Que oyes?

Segui sus instrucciones y oi el sedoso deslizarse de la sabana, el murmullo de nuestros cuerpos, el clamor de las olas que rompian y los latidos de mi corazon.

Me habia dispuesto a hacer cien preguntas, con la impresion de que cada una podria traer el Sol Nuevo. Los labios de ella me rozaron los labios y todas las preguntas se desvanecieron, desterradas de mi conciencia como si no hubieran estado nunca.

Las manos, los labios, los ojos de ella, los pechos que yo le apretaba: todo era maravilloso; pero quiza mas aun el perfume de su pelo. Senti como si respirara una noche infinita…

Echado de espaldas, entre en Yesod. O digamos mejor que Yesod se cerro en torno a mi. Solo entonces supe que no habia estado alli nunca. En un chorro brotaron de mi billones de estrellas, manantiales de soles, y por un instante senti que comprendia como nacen los universos. Pura insensatez.

La realidad la desplazo, la antorcha que al encenderse devuelve las sombras a sus rincones y con ellas a los alados duendes de la fantasia. Algo habia nacido entre Yesod y Briah durante mi encuentro con Apheta en ese divan de la habitacion circular, algo diminuto aun pero inmenso y que ardia como un carbon que unas tenazas han puesto sobre una lengua.

Era yo.

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