Dormi; y porque dormi sin suenos, no supe que dormia.
Cuando desperte, Apheta se habia ido. El sol de Yesod entraba por el espiraculo del angosto final de la habitacion espiralada. Las paredes blancas dirigian hacia mi una lumbre siempre tenue, de modo que desperte en un crepusculo dorado. Me levante y me vesti preguntandome donde estaria Apheta; pero mientras me calzaba las botas entro con una bandeja en las manos. Me incomodo que una gran dama como ella me sirviese y se lo dije.
—Estoy segura de que las nobles concubinas de tu corte te han atendido, Autarca.
—?Que son ellas comparadas contigo?
Se encogio de hombros.
—Yo no soy una gran dama. Solo lo soy para ti, y solo por hoy. Entre nosotros el status lo decide la proximidad a los hierogramatos, y yo no estoy muy cerca.
Puso la bandeja en el divan y se sento a mi lado. Habia pastelitos, una jarra de agua fria y tazas de un liquido humeante que parecia leche pero no lo era.
—No puedo creer que estes lejos de los hierogramatos, milady.
—Solo porque piensas que Urth y tu sois muy importantes, porque imaginas que lo que yo te digo y lo que hacemos juntos decidira tu destino. Nada de esto es asi. Lo que hacemos no influira en absoluto, y aqui tu y tu mundo no le importais a nadie.
Espere a que continuara, y al fin concluyo: —Salvo a mi —y dio un mordisco a un pastelito.
—Gracias, milady.
—Yeso unicamente porque has venido. Aunque tu y tu Urth no pueden sino disgustarme, tu te preocupas mucho por ella.
—Milady…
—Ya lo se, creiste que te deseaba. Solo ahora me gustas lo suficiente como para decirte que no. Eres un heroe, Autarca, y todos los heroes son monstruos, nos traen nuevas que prefeririamos no oir. Pero tu eres un monstruo especialmente monstruoso. Dime, ?no estudiaste los cuadros del pasillo que rodea la Camara de Examen?
—Solo algunos —dije—. Estaba la celula donde me encerraron con Agia, y me fije en uno o dos mas. —?Y como te figuras que llegaron aqui?
Tome un pastelito yo tambien, y un sorbo de la taza que tenia mas cerca.
—No tengo idea, milady. Aqui he visto tantos prodigios que he dejado de asombrarme de todos salvo de Thecla.
—Pero anoche no preguntaste mucho, ni siquiera sobre Thecla, por miedo quiza a lo que yo pudiera decir o hacer. Aunque cientos de veces estuviste a punto.
—?Te habria gustado mas, milady, si mientras yacia contigo te hubiera preguntado por un viejo amor? Tu raza es realmente muy extrana. Pero ya que tu misma la has nombrado, dejame que te cuente. —Por el costado de la taza resbalaba una gota del liquido blanco, que yo habia tragado sin saborear. Busque algo para secarla pero no habia nada.
—Te tiemblan las manos.
—Asi es, milady. —Deje la taza en la bandeja y tintineo.
—?Tanto la querias?
—Si, milady, y tambien la odio. Yo soy Thecla y el hombre que amo a Thecla.
—Entonces no te dire nada de ella… ?Que podria decirte? Quiza despues de la Presentacion te lo cuente ella misma.
—Si tengo exito, quieres decir.
—?Te castigaria tu Thecla si fracasaras? —pregunto Apheta, y una gran alegria me lleno el corazon—.
Pero come, que luego debemos irnos. Anoche te dije que aqui los dias son cortos, y la primera parte de este te la has pasado durmiendo.
Trague el pastelito y vacie la taza. —?Y que sera de Urth —dije— si fracaso? Ella se levanto.
—Tzadkiel es justo. Urth no empeorara por obra de el; no empeorara mas que si no hubieras venido. —El futuro de hielo —dije yo—. Pero si triunfo llegara el Sol Nuevo. — Como si la taza hubiera contenido una droga, me parecia estar infinitamente lejos de mi mismo; me miraba como un hombre mira una particula, oia mi voz como un halcon oye el chillido de un raton de campo.
Apheta habia apartado la cortina. Sali detras de ella a la estoa. A traves del arco abierto refulgia el fresco mar de Yesod, un zafiro jaspeado de blanco. —Si —dijo ella—. Y tu Urth sera destruida.
—Milady…
—Basta. Ven conmigo.
—Entonces Purn tenia razon. Quiso matarme, y yo no tendria que haberme resistido. —Tomamos por una avenida mas empinada que la de la noche anterior, que nos habia llevado a la playa; subia la colina directamente hacia el Palacio de Justicia, que se cernia sobre nosotros como una nube.
—No fuiste tu el que se lo impidio.
—Digo antes, en la nave, milady. O sea que anoche, en la oscuridad, tambien fue el. O sea que si alguien no se lo hubiese impedido, me habria matado. Yo no podia soltarme.
—Tzadkiel —dijo ella.
Aunque yo tenia piernas mas largas, tenia que apretar el paso para no quedarme atras. —Dijiste que no estaba, milady.
—No. Dije que ese dia no ocupaba el Sillon de Justicia. Autarca, mira a tu alrededor. — Se detuvo, y yo con ella.— ?No es hermosa esta ciudad?
—La mas hermosa que he visto, milady. Sin duda cien veces mas hermosa que cualquier ciudad de Urth.
—Recuerdala; quiza no vuelvas a verla. Si todos quisierais, vuestro mundo podria ser hermoso como este.
Subimos hasta la entrada de la Sala de Justicia. Yo habia esperado ver abrumadoras muchedumbres, como en nuestros juicios publicos, pero la cima de la colina estaba envuelta en el silencio de la manana.
Apheta se volvio una vez mas y senalo el mar.
—Mira —volvio a decir—. ?Ves las islas?
Las veia. Se esparcian por el agua —interminablemente, al parecer— tal como yo las habia contemplado desde la nave.
—?Sabes lo que es una galaxia, Autarca? ?Un vortice de estrellas, innumerables, distantes de todas las demas?
Asenti.
—Esta isla donde estamos juzga a los mundos de tu galaxia. Cada una de las islas que ves juzga a otra. Espero que te ayude saberlo, porque es la unica ayuda que te puedo dar. Si no me vuelves a ver, recuerda que de todos modos yo te vere a ti.
XXI — Tzadkiel
El dia anterior los marineros se habian sentado frente a la Camara de Examen. Lo primero que note cuando volvi a entrar fue que no estaban alli. A los que ocupaban esos lugares los envolvia una oscuridad que parecia manar de ellos mismos, y los marineros estaban junto a la puerta y a los costados de la sala.
Mirando mas alla de las figuras tenebrosas, por el largo corredor que llevaba hasta el Sillon de Justicia de Tzadkiel, vi a Zak. Estaba sentado en el trono. A cada lado, extendido sobre las paredes de piedra blanca, habia una especie de tapiz del tejido mas fino, trabajado con un motivo de ojos de esplendidos colores. Hasta que no se movieron no me di cuenta de que eran las alas de Zak.
Apheta me habia dejado al pie de la escalinata y desde ese momento yo no habia tenido custodia; mientras estaba alli mirando a Zak, dos marineros vinieron a tomarme por los brazos y me llevaron hasta el trono.
Me dejaron alli, y de pie ante el yo incline la cabeza. Esta vez no me fluia a la mente ningun discurso del
