—Yo no —dijo Gunnie—. ?De que estais hablando?

—?No te das cuenta? Los jerarcas y sus hierodulos, y tambien los hierogramatos, han tratado de que nos convirtieramos en lo que fuimos. En lo que podemos ser. ?Me equivoco, milady? Esa es la justicia que imparten, la razon por la que existen. Nos alumbran mediante el dolor con que los alumbramos nosotros. Y… —no pude completar la idea. Las palabras se me habian vuelto hierro en los labios.

Apheta dijo: A vuestro turno nos hareis pasar por lo que habeis pasado vosotros. Creo que comprendes. Pero tu… —Miro a Gunnie.—Tu no. Es posible que vuestra raza y la nuestra no sean sino un mecanismo reproductivo de la otra. Tu eres mujer, y dices que produces un ovulo para que algun dia haya otra mujer. Pero tu ovulo diria que produce esa mujer para que algun dia haya otro ovulo. Nosotros deseabamos el triunfo del Sol Nuevo con la misma ansiedad con que el deseaba su propio triunfo. Francamente, con mas urgencia. Salvando a vuestra raza, ha salvado a la nuestra; como salvando a la vuestra nosotros hemos salvado a nuestra raza futura. —Apheta se volvio hacia mi:— Te dije que habias traido una nueva que no queriamos recibir. La nueva era que podiamos perder el juego del que los dos hemos hablado.

—Tengo tres preguntas, milady —dije yo—. Dejame hacerlas y me ire, si lo permites.

Ella asintio.

—?Como dijo Tzadkiel que el examen habia terminado cuando los aquastores tuvieron que luchar y morir por mi?

—Los aquastores no murieron —dijo Apheta—. Viven en ti. En cuanto a Tzadkiel, dijo eso porque era la verdad. Habia examinado el futuro y descubierto grandes posibilidades de que tu llevaras a tu Urth un sol nuevo y salvaras un hilo de tu raza, del que saldria la nuestra en el universo briahtico. Todo giraba alrededor de ese examen; termino, y el resultado te fue favorable.

Gunnie volvio los ojos de Apheta a mi como si fuera a hablar, pero no dijo nada.

—Segunda pregunta. Tzadkiel tambien dijo que el juicio no podia ser justo y que repararia la falta. Tu dices que es sincero. ?Fue diferente el juicio del examen? ?En que te parecio injusto?

La voz de Apheta fue apenas un suspiro.

—Para el que no tiene que juzgar, o juzga sin necesidad de ser justo, es facil hablar de imparcialidad y quejarse de las arbitrariedades. Cuando realmente uno debe hacer de juez, como Tzadkiel, descubre que no puede ser justo con alguien sin ser injusto con otro. Por honradez con aquellos de Urth que van a morir, y sobre todo con los pobres e ignorantes que nunca comprenderan por que mueren, convoco a un grupo de representantes…

—?Hablas de nosotros! —exclamo Gunnie.

—Si, vosotros, los marineros. Ya ti, Autarca, te dio como defensores a quienes tenian motivo para odiarte. Lo cual fue justo con los marineros, pero no contigo.

—Muchas veces mereci castigos, y no los recibi.

Apheta asintio. —Por eso en el angosto pasillo que rodea esta sala se mostraron ciertas escenas de las que viste o habrias visto si te hubieras molestado en mirar. Algunas te recordaban tu deber. El proposito de otras era mostrarte que habias impartido la justicia mas dura. ?Comprendes ahora por que se eligieron?

—?Un torturador, salvar al mundo? Si.

—Quitate las manos de la cabeza. Ya alcanza con que tu y esta pobre mujer apenas me podais oir. Al menos permite que yo pueda oiros. Has hecho las tres preguntas que decias. ?Tienes mas?

—Muchas. Vi a Daria. Y a Guasacht y Erblon. ?Habia alguna razon para que me odiaran?

—No se —susurro Apheta—. Tendras que preguntarselo a Tzadkiel, o a sus asistentes. O preguntatelo a ti mismo.

—Supongo que la habia. De haber podido habria desplazado a Erblon. Como Autarca, podria haber promovido a Guasacht pero no lo hice; y despues de la batalla nunca intente encontrar a Daria. Habia tantas otras cosas que hacer, tantas cosas importantes… Comprendo ahora por que dijiste que yo era un monstruo.

Gunnie exclamo: —?El monstruo no eres tu! ?Es ella!

Me encogi de hombros. —Y sin embargo todos lucharon por Urth, y Gunnie tambien. Fue maravilloso.

—No por la Urth que tu has conocido —susurro Apheta—. Por una Urth Nueva que muchos no veran, salvo por tus ojos y por los de otros que la recuerden. ?Te quedan muchas preguntas?

—Yo tengo una —dijo Gunnie—. ?Donde estan mis companeros? ?Los que huyeron y se salvaron?

Entendi que le daban verguenza. —Es muy probable que tambien nosotros nos hayamos salvado porque huyeron.

—Seran devueltos a la nave —le dijo Apheta.

—Y Severian y yo, ?que?

—Durante el viaje a casa —le dije— intentaran matarnos, Gunnie; o quiza no. Si lo intentan, tendremos que hacerles frente.

Apheta sacudio la cabeza. —A vosotros se os devolvera a la nave, claro esta, pero por otro camino. Creedme, no habra problemas.

Por el pasillo, jerarcas de tunica oscura juntaban fatigosamente a los muertos.

—Los enterraran en los terrenos de este edificio —susurro Apheta—. ?Hemos llegado a tu ultima pregunta, Autarca?

—Casi. Pero mira. Uno de esos cuerpos pertenece a uno de los tuyos, el hijo de Tzadkiel.

—Tambien el yacera aqui, junto a los otros caidos. —?Pero estaba pensado asi? ?Esto tambien lo planeo su padre?

—?Que muriera? No. Pero si que corriera el riesgo. ?Que derecho tendriamos a arriesgar tu vida y las de tantos mas si no soportaramos arriesgar las nuestras? Tzadkiel se arriesgo a morir contigo en la nave. Venian a morir aqui.

—?Sabia lo que iba a ocurrir?

—?Tzadkiel, dices, o Venant? Sin duda Venant no, pero sabia que era posible que ocurriera, y se arriesgo para salvar nuestra raza, como lo han hecho otros para salvar la suya. Por Tzadkiel no puedo hablar.

—Me dijiste que cada una de las islas es juez de una galaxia. ?Tan importantes somos… tan importante es Urth para vosotros al fin y al cabo?

Apheta se puso en pie, alisandose el vestido blanco. El pelo flotante, que tan extrano me habia parecido al principio, ahora me era familiar; tuve la certeza de que en algun sitio de la infinita galeria del viejo Rudesind habia pintada una oscura aureola como esa, aunque el cuadro preciso no me venia a la mente.

—Hemos velado con los muertos —dijo ella—. Ahora ellos se van, y es tiempo de que nos vayamos nosotros tambien. Puede que el Hieros brote de tu antigua Urth renacida. Yo creo que sera asi. Pero yo soy solo una mujer, y de posicion no encumbrada. Dije lo que dije para que no murieras desesperado.

Gunnie iba a hablar pero Apheta le impuso silencio diciendo: Ahora seguidme.

La seguimos, pero apenas dio dos pasos hasta el sitio en donde se habia alzado el Sillon de justicia de Tzadkiel.

—Severian, dale la mano —me dijo. Ella misma me tomo la mano libre, y tambien la de Gunnie. La losa donde estabamos parados se hundio de pronto. Un instante despues el suelo de la Camara de Examen se cerraba sobre nuestras cabezas. Caimos, o eso parecio, en un vasto foso colmado de aspera luz amarilla, un foso cien veces mas ancho que el cuadrado de piedra. Las paredes eran grandiosos mecanismos de metales plateados y verdes, frente a los cuales hombres y mujeres revoloteaban o se precipitaban como moscas, y por cuyo relieve trepaban como hormigas unos titanicos escarabajos de oro y azul.

XXIII — La nave

Mientras caia no pude hablar. Aprete la mano de Gunnie y la de Apheta, no porque temiese que se perdieran sino porque yo mismo temia perderme; y en la mente no me quedaba lugar para otro pensamiento.

Por fin empezamos a frenar, o en todo caso parecio que ya no caiamos con rapidez. Recorde mis saltos entre el cordaje, pues daba la impresion de que el hambre por la materia, tan sin sentido, tambien aqui habia sido vencida.

Вы читаете La Urth del Sol Nuevo
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату