montura. Daria empunaba dos sables, uno en cada mano. Por alguna razon encadenada de nuevo, Pia estrangulaba a un marinero con la cadena.
Pase como una flecha junto a Merryn y me vi entre Gunnie y el doctor Talos, cuya hoja centelleante derribo un hombre a mis pies. Un marinero furioso cargo contra mi y yo —lo juro— solo quise quitarle el arma. Le aferre la muneca, te quebre el brazo y le arranque el cuchillo, todo en un solo movimiento. No me habia asombrado aun lo facil que habia sido cuando Gunnie lo apunalo en el cuello.
Me parecia que acababa de entrar cuando el combate acabo. Unos pocos marineros huyeron de la Camara; sobre el suelo y los bancos yacian veinte o treinta cadaveres. La mayoria de las mujeres estaban muertas, aunque vi a una de las mujeres-gato lamiendose la sangre de los dedos rechonchos. Fatigado, el viejo Winnoc se apoyaba en una de aquellas cimitarras que llevaban los esclavos de las Peregrinas. El doctor Talos corto la ropa de un cadaver para limpiar la sangre del baston espada, y vi que el muerto era el maestro Ash.
—?Quienes son? —pregunto Gunnie.
Sacudi la cabeza, sintiendo que apenas me conocia a mi mismo. El doctor Talos le tomo la mano y le rozo los dedos con los labios.
—Permitame. Soy Talos: medico, dramaturgo y empresario. Soy…
Yo deje de escuchar. Triskele habia brincado hacia mi con los belfos untados de sangre y la grupa temblando de alegria. Lo seguia el maestro Malrubius, esplendoroso en la capa del gremio, guarnecida de piel. Al ver al maestro Malrubius comprendi, y el, viendome, supo que yo habia comprendido.
Al instante —junto con Triskele, el doctor Talos, el difunto maestro Ash, Dorcas y los demas— se deshizo en plateados anicos de nada, lo mismo que aquella noche en la playa tras haberme rescatado de la agonizante jungla del norte. Solo quedamos Gunnie y yo junto a los cuerpos de los marineros.
No todos eran cadaveres. Uno se agitaba y gemia. Con jirones arrancados a los muertos intentamos vendarle la herida del pecho (era de la angosta hoja del doctor Talos, creo), aunque le manaba sangre de la boca. Al cabo llegaron los jerarcas, con medicinas y vendas apropiadas, y se lo llevaron.
Con ellos habia venido lady Apheta, pero se quedo con nosotros.
—Dijiste que no volveria a verte —le recorde.
—Dije que quiza no volverias a verme —me corrigio—. Y asi habria sido, si las cosas aqui hubieran ocurrido de otro modo.
En la quietud de esa camara de muerte la voz de Gunnie era apenas un susurro.
XXII — Descenso
—Tendras muchas preguntas que hacer —susurro Apheta—. Salgamos al portico y las contestare todas.
Sacudi la cabeza, porque a traves del umbral abierto oia la musica acuatica de la lluvia.
Gunnie me toco el brazo. —?Hay alguien espiandonos?
—No —le dijo Apheta—. Pero salgamos. Sera mas agradable, y a los tres nos queda poco tiempo.
—Te entiendo perfectamente —le dije—. Me quedare aqui. Puede que algun otro muerto de este monton empiece a quejarse. Para ti seria una voz muy apropiada.
Asintio. —Desde luego.
Me habia sentado donde el primer dia se agazapara Tzadkiel; ella se sento a mi lado, sin duda para que pudiera oirla mejor.
Un momento despues Gunnie tambien se sento, y luego de limpiarse la daga en el muslo, la metio en la vaina.
—Lo siento —dijo.
—?Que es lo que sientes? ?Haber luchado por mi? No te culpo.
—Siento que no lucharan los demas, que la gente magica tuviera que defenderte de nosotros. De todos salvo de mi. ?Quienes eran? ?Los llamaste de un silbido?
—No —dije yo.
Y Apheta: —Si.
—Era gente que he conocido, nada mas. Algunas eran mujeres que yo habia amado. Muchos estan muertos: Thecla, Agilus, Casdoe… Puede que ahora esten muertos todos, que todos sean meros fantasmas, aunque yo no lo sabia.
—Son nonatos. Tu sabes bien que cuando la nave viaja muy rapido el tiempo corre hacia atras. Te lo dije yo misma. Son nonatos, lo mismo que tu. —Se volvio hacia Gunnie:— Dije que los habia llamado el porque los sacamos de su propia mente, buscando a los que lo odiaran o al menos tuvieran razones para odiarlo. Si Severian no lo hubiera derrotado, el gigante que viste habria podido dominar la Comunidad. La mujer rubia no le perdonaba que la hubiera devuelto a la vida.
—No puedo impedirte que expliques todo esto —le dije—, pero hazlo en otra parte. O deja que me vaya adonde no tenga que oirlo.
—?No te alegro? —pregunto Apheta.
?Verlos a todos de nuevo, viniendo a defenderme por obra de un truco? ?Por que me iba a alegrar?
—Porque no eran un truco, como no lo era el maestro Malrubius todas las veces que lo viste despues de muerto. Los encontramos en tu memoria y dejamos que te juzgaran. Excepto tu, todos los que estaban en esta Camara vieron las mismas cosas. ?No te ha parecido raro que aqui yo apenas pueda hablar?
Me volvi a clavarle la mirada, sintiendo que me habia ido lejos y ahora volvia para oirla hablar de otro asunto.
—En nuestras habitaciones siempre se oye el silbido del viento y el susurro del agua. Esta fue construida para ti y los de tu especie.
Gunnie dijo: —Antes de que tu entraras, el… Zak… nos mostro que Urth tenia dos futuros. Podia morir y nacer de nuevo. O podia seguir viviendo mucho tiempo antes de morir para siempre.
—Eso lo he sabido desde nino.
Ella asintio, y por un momento me parecio que yo veia no a la mujer que ella habia llegado a ser, sino a la nina que habia sido.
—Pero nosotros no. Nosotros no. —Desvio los ojos y la vi mirar un cadaver tras otro.— En la religion, si, pero los marineros no le hacen mucho caso.
—Supongo que no —le dije, a falta de algo mejor.
—Mi madre si, y era como una chifladura, lo tenia en un rincon de la mente. ?Sabes que quiero decir? Y creo que eso era todo.
Yo me volvi hacia Apheta y empece a decir: —Lo que quiero saber…
Pero la mano de Gunnie, grande y fuerte para una mujer, me agarro del hombro y me hizo girar de nuevo hacia ella.
—Nosotros creiamos que iba a ser dentro de mucho; mucho despues de que murieramos.
Apheta susurro: —Cuando alguien se emplea en la nave, viaja del Comienzo al Fin. Todos los marineros lo saben.
—Nosotros no. No hasta que tu nos lo mostraste. Fue el. Zak.
—?Y tu sabias que fue Zak?
Gunnie asintio. —Cuando lo prendieron estaba con el. No creo que de otra forma me hubiese dado cuenta. O a lo mejor si. Como habia cambiado tanto, yo ya sabia que no era lo que creiamos al principio. Es… no lo se.
Apehta susurro: —?Me dejas decirtelo? Es un reflejo, una imitacion de lo que sereis vosotros.
—?Si llega el Sol Nuevo, quieres decir? —pregunte.
—No. Quiero decir que ya esta llegando. Que tu juicio ha concluido. Te ha obsesionado demasiado tiempo, lo se, y tiene que ser dificil para ti entender que ha concluido de veras. Has triunfado. Has salvado vuestro futuro.
—Tambien habeis triunfado vosotros —dije yo. Apheta asintio. —Ahora lo comprendes.
