Cuando Gunnie se volvio hacia Apheta para preguntarle donde estabamos, vi en su rostro mi propia expresion de alivio.
—En nuestro mundo; nuestra nave, si os es mas comodo llamarlo asi, aunque solo da vueltas alrededor del sol y no precisa velas.
En la pared del pozo se habia abierto una puerta, y aunque parecia que seguiamos cayendo, no la dejamos atras. Apheta nos llevo por ella hacia un corredor oscuro y angosto, que yo bendije cuando senti el suelo firme bajo mis pies. Gunnie se las arreglo para decir: —En nuestra nave no llevamos agua en cubierta.
—?Donde la llevais? —pregunto Apheta, distraida. Solo cuando adverti que su voz era alli mucho mas fuerte, tuve conciencia del ruido: un rumor como un canturreo de abejas (?que bien lo recordaba!) y martilleos y chasquidos distantes, como de destrieros galopando por un camino de tablas mientras unas langostas invisibles trinaban en arboles que a buen seguro no podian florecer en aquel lugar.
—Dentro —dijo Gunnie—. En tanques.
—En un mundo asi tiene que ser terrible salir a la superficie. Aqui siempre estamos esperandolo.
Una mujer bastante parecida a Aphetavenia hacia nosotros. Se adelantaba con pasos cortos, pero tan velozmente que en un instante deje de verla. Recorde de pronto como habia desaparecido el hombre verde por los Corredores del Tiempo.
—No salis a la superficie muy a menudo, ?verdad? —pregunte—. Es evidente, sois todos muy palidos.
—Es un premio por trabajar mucho tiempo y con ahinco. En vuestra Urth, al menos eso me dijeron, las mujeres con mi aspecto no hacen ningun trabajo.
—Algunas si —dijo Gunnie.
El corredor se dividio, y volvio a dividirse. Tambien nosotros nos moviamos muy rapido, y me parecio que nuestro camino trazaba una larga curva descendente. Apheta habia dicho que a su pueblo le encantaban las espirales; acaso tambien propiciaran las helices.
Como una ola que se alza bruscamente ante la proa de un galeon zamarreado por la tormenta, se alzo ante nosotros una doble puerta de plata deslucida. Nos detuvimos como si hubieramos dado una simple caminata. Apheta avanzo hacia las puertas, que gimieron como clientes pero se negaron a abrirse hasta que yo la ayude a empujarlas.
Gunnie alzo los ojos, y como si leyera unas palabras grabadas en el dintel, recito:
—Vosotros que entrais, abandonad toda esperanza.
—No, no —murmuro Apheta—. Guardad toda esperanza.
El rumor y los chasquidos habian quedado atras.
—?Es este el sitio —pregunte— donde me ensenaran a traer el Sol Nuevo?
—No hara falta que te ensenen —dijo Apheta—. Estas gravido de ese conocimiento, y en cuanto te acerques a la Fuente Blanca y puedas verla, lo daras a luz.
Me hubiera reido de la imagen si el completo vacio de la camara en donde estabamos no hubiera acallado toda diversion. Era mas amplia que la Camara de Examen; las paredes plateadas culminaban en un gran arco, como esa curva que describe una piedra lanzada al aire. Pero estaba vacia, del todo vacia salvo por nosotros, que susurrabamos en el umbral.
Gunnie repitio: —Abandonad toda esperanza. —Y me di cuenta de que se habia asustado demasiado como para prestarnos atencion. Le puse un brazo sobre los hombros (aunque el gesto resultaba raro con una mujer tan alta como yo) e intente proporcionarle algun consuelo, pensando todo el tiempo que tonta seria en aceptarlo cuando era obvio que alli yo no tenia mas poder que ella.
Ella continuo. —Tuvimos una marinera que siempre lo decia. Vivia con la esperanza de regresar a su casa, pero nunca volvimos a parar en su tiempo y al final murio.
Le pregunte a Apheta como habia incorporado ese conocimiento sin que yo lo advirtiera.
—Te lo dio Tzadkiel mientras dormias —dijo ella. —?Quieres decir que fue anoche a tu habitacion? Habia hablado antes de darme cuenta de que las timaria a Gunnie. Senti que se le endurecian los musculos mientras se desprendia de mi brazo.
—No —dijo Apheta—. Creo que en la nave. No puedo decirte el momento preciso.
Entonces recorde como se habia inclinado Zak sobre mi en el rincon oculto descubierto por Gunnie; Tzadkiel transformado en un salvaje como el que en un tiempo fuimos nosotros, autenticos paradigmas.
—Vamos, venid —estaba diciendo Apheta.
Nos hizo avanzar. Yo me habia equivocado pensando que en la camara no habia nada; sobre el suelo se extendia una amplia zona negra. Alli habian caido unas escamas de plata del techo arqueado y se veian claramente.
—?Teneis los dos esos collares que llevan los marineros?
Un poco perplejo me palpe en busca del mio y asenti. Lo mismo hizo Gunnie.
—Los necesitais. Pronto os faltara el aire.
Solo entonces comprendi que era esa oscuridad centelleante. Saque el collar preguntandome, confieso, si aun funcionarian todos los prismas de la ristra; me lo puse y me adelante a mirar. Como me acompanaba la capa de aire, no tuve conciencia de viento alguno; pero vi el pelo de Gunnie agitado por una borrasca que yo no sentia, ondulando ante ella hasta que tambien se coloco el collar, y vi tambien el extrano pelo de Apheta, que no flameaba como el de una mujer humana sino como un estandarte.
La zona negra era el vacio; pero cuando di unos pasos se elevo como si hubiera advertido que yo estaba alli, y antes de que la alcanzara, se convirtio en una esfera.
Intente parar.
Al momento tenia a Gunnie a mi lado, forcejeando tambien y agarrandome el brazo. La esfera parecia un muro. En el centro, como yo la habia dibujado a bordo, estaba la nave.
He escrito que intente parar. Era dificil, y a poco ya no pude resistir. Puede que el vacio ejerciera cierta atraccion, como un mundo. O quiza, la presion del viento en el aire estatico que me rodeaba fuera tal que me impulsaba hacia adelante.
O quiza la nave nos atraia a los dos. Si me atreviese, diria que me arrastraba mi destino; sin embargo el mismo destino no habria podido arrastrar a Gunnie, aunque quiza la llevaba al mismo lugar un sino muy diferente. Pues de haber sido meramente el viento, o la insensata avidez de la materia por la materia, ?por que no arrastraba tambien a Apheta?
A vosotros dejo la explicacion de estas cosas. Fui arrastrado, y Gunnie tambien; la vi volar detras de mi por el vacio, enroscada y girando como se enrosca y gira el universo; la vi como una hoja veria a otra en el remolino de una tormenta de primavera. En algun lugar delante o detras de nosotros, arriba o abajo, habia un amplio circulo de luz que daba vueltas, freneticas vueltas, algo como Luna, si es posible imaginarse algo semejante a un satelite del blanco mas luminoso. Una o dos veces Gunnie la atraveso ondulando antes de perderse en la negrura engalanada de diamantes. (Y una vez me parecio —y aun me parece cuando invoco el frenetico recuerdo— que desde aquel satelite se inclinaba el rostro de Apheta.) En la violencia de la vuelta siguiente no fue Gunnie quien se perdio sino la mancha de brillo blanco; desaparecio entre las miradas de billones de soles. Gunnie no estaba lejos, y vi que volvia la cabeza hacia mi.
Tampoco se habia perdido la nave; en realidad estaba tan cerca que descubri algun que otro marinero en el cordaje. Tal vez seguiamos cayendo. Sin duda debiamos movernos a gran velocidad, porque la propia nave parecia precipitarse ya de un mundo a otro. Pero esa velocidad era invisible, como desaparece el viento cuando un rapido jabeque se lanza al Oceano de Urth antes de una tempestad. Derivabamos tan ociosamente que de no haber confiado en Apheta y los jerarcas, yo habria temido que no llegaramos a la nave, y que nos perdieramos eternamente en esa noche infinita.
No fue asi. Un marinero nos avisto, y lo vimos saltar de un camarada a otro, agitando la mano y haciendo senas, hasta que se juntaron para que las capas de aire se tocaran y pudiesen hablar.
Luego uno de ellos, cargando un bulto, trepo a los saltos por un mastil proximo a nosotros, hasta que encaramado al fin en el estribo del sobrejuanete, saco del bulto un arco, y enseguida una flecha, y la disparo hacia nosotros desplegando una interminable linea de plata no mas gruesa que un bramante.
La linea paso entre los dos y yo intente en vano alcanzarla, pero Gunnie tuvo mas suerte, y cuando consiguio acercarse a la nave, sacudio la linea como un cochero que hace restallar su latigo, creando entre ella y yo una larga onda que se movio como una cosa viva, y me acerco la linea hasta que pude agarrarla.
