no tenia dudas. Raro, imposible, prodigioso, me dije; sin embargo asi era. Nadie de este universo ni de otro me habria podido enganar tanto tiempo en una intimidad tan grande. Pero no, no era imposible, nada imposible. Los hijos de Tzadkiel, los meros ninos que criaba en su mundo de Yesod, habian traido a Thecla y los demas para luchar contra los marineros. Seguro que a Tzadkiel no le era imposible traerla a ella otra vez.
Me levante de un salto y me volvi a buscar algun rastro: un pelo o una flor aplastada en la almohada. Habria atesorado siempre (y me lo dije) un recuerdo asi. La rara manta de piel con que me habia tapado estaba lisa y extendida. Junto a la huella de mi cuerpo no habia otra.
En alguna parte de los laboriosos escritos que reuni en el triforio de la Casa Absoluta, y mas laboriosamente aun repetire a bordo de esta nave en una fecha ignota del futuro que se ha vuelto mi pasado, dije que, aunque al lector no le haya parecido asi, raras veces me he sentido solo. Para seros franco, entonces, si alguna vez os cruzais tambien con estos escritos, dejadme decir que en ese momento si, me senti solo, que supe que estaba solo pese a ser Legion, como mi antecesor habia dicho a sus ayudantes que lo llamaran.
Yo era ese antecesor, y los antecesores de el; cada uno tan solitario como deberan estar todos los gobernantes hasta que a Urth le lleguen tiempos mejores, o mas bien hombres y mujeres mejores. Tambien era Thecla; Thecla pensando en la madre y la medio hermana que no volveria a ver nunca, y en el joven torturador que habia llorado por ella cuando a ella ya no le quedaban lagrimas. Sobre todo era Severian, y horriblemente solo, como conoce la soledad el ultimo hombre de un barco abandonado, cuando suena con sus amigos y se despierta mas solo que nunca, y quiza sale a cubierta a mirar las estrellas pobladas y las destrozadas velas que no lo llevaran a ninguna parte.
El miedo me domino por mas que trate de ahuyentarlo riendome. Estaba solo en la gran suite que Tzadkiel habia llamado aposentos. No oia a nadie; y parecia posible, todos los delirios que sonamos parecen posibles en el momento de despertar, que no hubiese nadie que YO pudiera oir, que por razones propias e insondables Tzadkiel hubiese vaciado la nave mientras yo dormia.
Me bane en la piscina; luego me afeite la cara inquietante, libre de cicatrices, que me miraba desde el espejo, todo el tiempo atento a oir una voz o una pisada. Tenia la ropa rota, y tan sucia que vacile en ponermela de nuevo. En los armarios habia prendas de muchos colores y clases, y sobre todo, me parecio, de esas clases que tanto se adaptan al estilo masculino como al femenino, y a cualquier talla, todas de las telas mas ricas. Elegi unos pantalones amplios, oscuros, que se ajustaban a la cintura con una faja de pano rojo, una tunica de cuello abierto y grandes bolsillos, y la capa fuligena del gremio de los torturadores, del cual oficialmente sigo siendo maestro, forrada de brocado multicolor.
No me habian abandonado, y cuando termine de vestirme el miedo ya habia desaparecido en gran parte; no obstante, mientras avanzaba por la enorme pasarela desierta a la que daba la suite, lo pense un rato, y de la sonada Thecla que me habia deleitado y dejado, pase a Dorcas y Agia, a Valeria y por fin a Gunnie, a quien harto contento habia tomado de amante cuando podia serme de utilidad y no tenia otra, y de quien, al decirme Tzadkiel que habia despachado a los marineros, yo habia permitido que me separaran sin una palabra de protesta.
A lo largo de toda mi vida he estado excesivamente dispuesto a abandonar a mujeres que tenian derecho a mi lealtad: Thecla, por supuesto, hasta que fue demasiado tarde para otra cosa que facilitarle la muerte; y despues de ella Dorcas, Pia y Daria, y por fin Valeria. En esa vasta nave parecia a punto de dejar de lado a una mas, y resolvi no hacerlo. Encontraria a Gunnie, dondequiera que estuviese, y la llevaria a mis habitaciones para que se quedase hasta que llegaramos a Urth y pudiera, si lo deseaba, volver a la aldea de pescadores.
Asi decidido iba avanzando, y la pierna recien curada me permitia andar al menos tan deprisa como cuando partiera desde la Via de Agua que corre con el Gyoll; pero yo no pensaba solo en Gunnie. Era consciente de la necesidad de tomar nota de los lugares y la direccion en que me movia, pues nada habria sido mas facil que perderme en la vastedad de la nave, como mas de una vez me ocurriera en el viaje a Yesod. Tambien era consciente de algo mas: un punto de luz brillante que parecia infinitamente lejano y sin embargo inmediato.
Dejadme confesar que ya entonces lo confundi con ese globo de oscuridad que mientras Gunnie y yo lo atravesabamos se habia convertido en disco de luz. Sin duda es imposible que el portal por donde pasamos fuese la Fuente Blanca que ha salvado y destruido Urth, el geiser rugiente que vomita crudos gases sin origen.
Es decir, siempre lo considere imposible mientras tenia alguna ocupacion en el mundo de la luz, el mundo que habria perecido sin un Sol Nuevo; pero a veces me lo pregunto. ?No sera que Yesod, visto desde nuestro universo, es tan diferente de Yesod visto desde dentro como un hombre visto desde fuera es diferente de la imagen que ve de si mismo? Se que a menudo soy insensato y a veces debil, solitario y asustadizo, dado en exceso a la bondad pasiva y demasiado presto, como he dicho, a abandonar a mis amigos mas intimos en busca de algun ideal. Sin embargo he aterrorizado a millones.
?No sera al fin y al cabo que la Fuente Blanca es una ventana a Yesod?
La pasarela daba curvas y mas curvas; y, como antes, observe que si bien en la zona de mis habitaciones parecia casi corriente, la distancia que se extendia adelante y la que yo habia dejado atras se volvian cada vez mas extranas a medida que mis ojos las escrutaban, llenas de brumas y luces siniestras.
Al cabo se me ocurrio que la nave se moldeaba a mi paso, y una vez que yo me marchaba, volvia a si misma para usos propios, tal como una madre se dedica a su hijo cuando esta con el —hablando con las palabras mas simples y jugando a cosas de ninos pero en otros momentos compone una epopeya o recibe a un amante.
?Era la nave de hecho un ente vivo? De que una cosa semejante fuera posible no me cabian dudas; pero habia visto poco que lo indicara, y de ser asi, ?para que necesitaba tripulacion? La cosa se habria podido hacer mas facilmente, y lo que Tzadkiel me habia dicho la noche anterior (suponiendo que durante mis horas de sueno habia sido de noche) sugeria un mecanismo mas simple. Si aplicando el peso de un pie al respaldo del canape se podia entrar en el cuadro, ?no se apagaria paulatinamente la luz de la habitacion cuando el peso de los pies dejaba el suelo? ?No se remodelarian esas proteicas pasarelas al imperio de mis pasos? Resolvi vencerlas usando la pierna curada.
En Urth no lo habria hecho, pero en Urth toda la enorme nave se habria caido en pedazos; y a bordo, donde antes yo habia sido capaz de correr y hasta saltar, ahora era mas rapido que el viento. Me precipite hacia adelante; cuando llegaba a la curva siguiente di un salto y patee la pared, cayendo a lo largo de la pasarela del mismo modo que habia saltado de una jarcia a otra.
En un instante habia dejado atras el pasaje que conocia y me encontraba entre angulos insolitos y mecanismos fantasmales, donde luces verdeazuladas volaban como cometas y el corredor se retorcia como las tripas de un gusano. Mis pies dieron en la superficie, pero no con vigor; estaban entumecidos, y las piernas flojas como las de una marioneta cuando ha caido el telon. Me tambalee por la pasarela, que se encogio hasta convertirse en un punto dolorosamente brillante, pero cada vez mas pequeno, en un campo de oscuridad total.
XXVI — Gunnie y Burgundofara
Al principio crei que se me habia nublado la vista. Parpadee, una y otra vez, pero las caras, tan parecidas, no se volvian una sola. Intente hablar.
—Tranquilo —me dijo Gunnie. La mujer mas joven, que no parecia tanto una gemela como una hermana menor, me puso una mano en la nuca mientras me acercaba una taza a los labios.
Yo tenia la boca llena de polvo de muerte. Sorbi el agua con ansiedad, pasandola de un carrillo a otro antes de tragarla, sintiendo que los tejidos revivian.
—?Que paso? —pregunto Gunnie.
—La nave cambia sola —dije.
Asintieron las dos, comprendiendo.
—Cambia para adaptarse a nosotros, estemos donde estemos. Yo corri demasiado rapido, o no toque el suelo lo suficiente. —Intente sentarme, y para mi asombro lo consegui.— Llegue a una parte donde no habia aire, solamente un gas que no era aire, creo. Quizas era para gente de algun otro mundo, o de ninguno. No se.
—?Puedes levantarte?
