Asenti; pero si el intento hubiera sido en Urth me habria derrumbado. Incluso en la nave, donde se caia tan despacio, las dos mujeres tuvieron que agarrarme y sostenerme como si estuviera totalmente ebrio. Eran de la misma altura (casi tan altas como yo, vale decir), de grandes ojos oscuros y caras anchas, pecosas, enmarcadas en cabello oscuro.

—Tu eres Gunnie —le murmure a Gunnie.

—Las dos lo somos —dijo la mas joven—. Yo me emplee en el ultimo viaje. Ella esta a bordo desde hace mucho, creo.

—Desde hace muchos viajes —explico Gunnie—. En tiempo equivale a una eternidad, pero es menos que nada. El de aqui no es el mismo tiempo en que te criaste en Urth, Burgundofara.

—Esperad —proteste—. Tengo que pensarlo. ?No hay un lugar donde descansar?

La mas joven senalo una arcada en sombras.

—Alli estabamos nosotras. —A traves de la arcada alcance a vislumbrar una caida de agua y muchos asientos acolchados.

Gunnie titubeo; luego me ayudo a entrar.

Las altas paredes estaban adornadas con grandes mascaras. Lagrimas acuosas chorreaban lentamente de los ojos y se vertian en serenas piletas, y en los bordes habia tazas parecidas a aquella que la mujer mas joven habia llenado para mi. En la pared mas lejana de la estancia habia una compuerta inclinada; por el diseno, supe que daba a una cubierta.

Una vez que las mujeres se sentaron a mis lados, les dije: —Vosotras dos sois la misma persona… Eso decis, y yo os creo. —Ambas asintieron.— Pero no os puedo llamar por el mismo nombre. ?Como tengo que llamaros?

Gunnie dijo: —Cuando a la edad de ella yo deje la aldea para embarcarme, no queria ser Burgundofara nunca mas; por eso les dije a mis companeros que me llamaran Gunnie. Lo he lamentado, pero si lo hubiera pedido ellos no me habrian cambiado el nombre otra vez; simplemente se habrian burlado de mi. Asi que llamame Gunnie, que es quien soy. —Hizo una pausa para tomar aliento.— Y a la muchacha que yo era en otra epoca llamala por mi viejo nombre, si quieres. No se lo va a cambiar ahora.

—De acuerdo —dije—. Tal vez encuentre un modo de explicaros que es lo que me molesta, pero todavia estoy debil y me cuesta pensar. Una vez vi a cierto hombre alzarse de entre los muertos.

Se quedaron mirandome. Oi como Burgundofara tragaba aire.

—Se llamaba Apu-Punchau. Habia alli alguien mas, un hombre llamado Hildegrin; y este Hildegrin queria impedir que Apu-Punchau volviera de la tumba.

—?Era un fantasma? —susurro Burgundofara.

—No del todo; al menos no lo creo. Quiza solo dependa de lo que quieres decir con «fantasma». Pienso que a lo mejor tenia las raices tan hundidas en el tiempo que no podia estar del todo muerto en nuestra epoca, acaso en ninguna. Como fuera, yo quise ayudar a Hildegrin porque el servia a alguien que intentaba curar a una amiga mia… — Azorados aun por la atmosfera de muerte de la pasarela, mis pensamientos se aferraron a la cuestion de la amistad. ?Habia sido Jolenta una verdadera amiga? ?Habria llegado a serlo si se hubiese recuperado?

—Sigue —me apremio Burgundofara.

—Corri hacia ellos… Hacia Apu-Punchau y Hildegrin. Hubo algo que en realidad no puedo llamar explosion, aunque a eso se parecio, o a un relampago, mas que a nada que se me ocurra. Apu-Punchau habia desaparecido, y habia dos Hildegrin.

—Como nosotras.

—No: el mismo Hildegrin dos veces. Uno que luchaba con un espiritu invisible y otro que luchaba conmigo. Luego se descargo ese relampago, o lo que fuera. Pero antes de eso, antes de ver a los dos Hildegrin, vi la cara de Apu-Punchau; y era la mia. Mas vieja, pero la mia.

Gunnie dijo: —Es justo que hayas querido parar en algun lugar. Tienes que contarnos.

—Esta manana… Tzadkiel, la capitana, me dio unas habitaciones muy agradables. Antes de salir me lave y me afeite con una navaja que encontre. La cara que vi en el espejo me inquieto, pero ahora se que cara era.

—?La de Apu-Punchau? —dijo Burgundofara.

Y Gunnie: —La tuya.

—Hay otra cosa que no os conte. A Hildegrin lo mato el rayo. Mas tarde crei que eso lo habia entendido, y todavia lo creo. Habia dos como yo, y por tanto habia tambien dos Hildegrin; pero los Hildegrin habian sido creados por division, y un hombre no puede dividirse asi y seguir viviendo. O tal vez fuera que una vez dividido no podia juntarse, cuando ya habia de nuevo un solo Severian.

Burgundofara asintio.

—Gunnie me dijo como te llamas. Es un nombre hermoso, como una hoja de espada. Gunnie le indico que se callase.

—Pues aqui estoy ahora con vosotras. Por lo que se me alcanza, hay uno solo. ?Vosotras veis dos?

—No —dijo Burgundofara—. ?Pero no comprendes que no importaria? ?Si aun no has sido Apu-Punchau no puedes morirte!

—Se del tiempo aun mas que eso —le dije—. Fui el Apu-Punchau futuro de lo que hoy es una decada pasada. El presente siempre puede cambiar el futuro.

Gunnie meneo la cabeza.

—Por mucho que tu vayas a traer un Sol Nuevo y cambiar el mundo, me parece que del tiempo nosotras sabemos mas. Ese Hildegrin no murio hace diez anos; no para nosotras que estamos aqui. Puede que cuando vuelvas a Urth te encuentres con que fue hace un milenio, o que sera quien sabe dentro de cuantos anos. Aqui no es ni una cosa ni la otra. Estamos entre los soles y tambien entre los anos, de modo que puede haber dos Gunnie sin que nadie corra peligro. O una docena.

Hizo una pausa. Gunnie siempre habia hablado lentamente, pero ahora las palabras le brotaban de los labios arrastrandose como los sobrevivientes que escapan de un barco naufragado en la costa.

—Si, veo dos Severian, aunque son apenas lo que recuerdo. Uno es el Severian que una vez tome del brazo y bese. Ya no esta, pero era un hombre guapo pese a las cicatrices, la cojera y las canas.

—El se acordaba de tu beso —dije yo—. Habia besado a muchas mujeres, pero no muchas lo habian besado a el.

—Y el otro es el Severian que fue amante mio cuando era muchacha y acababa de emplearme. Fue por el que te bese entonces y mas tarde luche contigo: la unica persona real que lucho por ti entre los fantasmas. Por el apunale a mis companeros, aunque sabia que no me recordabas. —Se levanto. Vosotros no sabeis donde estamos. Ninguno de los dos.

—Parece una sala de espera —dijo Burgundofara—, pero solo la usamos nosotros.

—Hablo de la nave. Estamos fuera del circulo de Dis.

—Una vez —dije—, un hombre que sabia mucho del futuro me explico que una mujer que yo buscaba estaba encima de la tierra. Yo pense que simplemente queria decir que estaba viva. Esta nave ha estado siempre fuera del circulo de Dis.

—Tu sabes a que me refiero. Cuando subi a bordo contigo crei que nos esperaba un viaje largo. ?Pero por que iban ellos a hacernos eso, Apheta y Zak? La nave ya esta dejando la eternidad, empieza a frenar para que la gabarra pueda encontrarla. En realidad, hasta que no reduce la velocidad no es una nave, ?sabias? Somos como una onda, o un grito que atraviesa el universo.

—No —dije yo—. No sabia. Y apenas lo puedo creer.

—A veces es importante que uno crea —dijo Gunnie—. Pero no siempre. Esto lo he aprendido aqui.

Severian, una vez te conte por que seguia viajando. ?Te acuerdas?

Eche una mirada a Burgundofara: —Pense que quizas…

Gunnie nego con la cabeza. —Para ser de nuevo lo que era, pero yo misma. Tu debes acordarte de ti cuando tenias de veras la edad de ella. ?Ahora eres la misma persona?

Claramente, como si estuviera con nosotros en esa camara de lagrimas, vi pasar al joven oficial, la capa fuligena ondeando detras y la oscura cruz de Terminus Est asomandole sobre el hombro izquierdo.

—No —admiti—. Hace mucho que me transforme en otro, y despues en otro mas.

Ella asintio. —Asi que yo voy a quedarme aqui. Quiza aqui suceda cuando haya una sola Gunnie. Burgundofara y tu volvereis a Urth.

Dio media vuelta y nos dejo. Intente levantarme, pero Burgundofara me retuvo y yo estaba demasiado debil

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