Burgundofara arriesgo: —Ha de ser duro… —Comprendiendo que podian considerarlo una ofensa, concluyo:— Salir tan temprano.

Yo dije: —Si quiere, corregire el brazo de su hija.

El ataman abrio la boca para hablar y volvio a cerrarla. Parecio que en el rostro no cambiaba nada, pero atisbe una expresion de miedo.

—?Quiere?

—Si, si, claro.

Los ojos del hombre y las invisibles miradas de los demas aldeanos me oprimian el pecho.

—La muchacha debe venir conmigo. No iremos lejos, y no tardaremos mucho.

El hombre asintio lentamente. —Tienes que ir con el sieur, Herena. —De pronto comprendi cuan ricas debian parecerles a esa gente las ropas que habia tomado del camarote.— Portate bien y recuerda que tu madre y yo siempre… —Se alejo.

La chica echo a andar delante de mi, de vuelta por el sendero hasta que no vimos la aldea. El lugar donde el brazo marchito juntaba con el hombro estaba oculto bajo la bata raida. Le dije que se la quitara; lo hizo, pasandosela por encima de la cabeza.

Yo tenia conciencia de las hojas rojodoradas, de la piel morena de la muchacha como si fueran un microcosmos enjoyado que yo espiaba por un agujero. Los trinos de los pajaros y el canto del agua eran tan lejanos y dulces como el campanilleo de un orquestrion en un patio, muy abajo.

Toque el hombro de Herena y la realidad misma fue arcilla para alisar y extender. Con un pase o dos le modele un brazo nuevo, imagen refleja del otro. Una lagrima me mojo los dedos mientras yo trabajaba, tan caliente que pudo habermelos quemado; la muchacha temblaba de pies a cabeza.

—He acabado —le dije—. Ponte la bata. —Estaba de nuevo en el microcosmos, y de nuevo me parecia el mundo.

Ella volvio la cara hacia mi. Sonreia, aunque por las mejillas le corrieran lagrimas.

—Lo amo, milord —dijo, y en seguida se arrodillo a besarme la punta de la bota.

Yo pregunte: —?Me dejas verte las manos? —Ni yo mismo podia creer lo que habia hecho.

Las extendio. —Ahora me llevaran lejos como es clava. No me importa. Pero no, no me llevaran… Me escondere en los montes.

Yo le miraba las manos, que me parecieron perfectas, incluso cuando las aprete una contra otra. Es raro que una persona tenga las dos manos tan exactamente del mismo tamano, porque la que mas usa suele ser la mas grande; sin embargo las de ella eran identicas.

—?Quien te llevara lejos, Herena? ?Que pasa con tu aldea, suelen atacarla los cultellarii?

—Los tasadores, claro esta.

—?Solo porque ahora tienes dos brazos sanos? —Porque ahora no tengo ningun defecto. —Se interrumpio, los ojos muy abiertos, conmovida por una posibilidad nueva.— No tengo ninguno, ?no? No era momento de filosofar. —No, eres perfecta… Una joven muy atractiva.

—Entonces me llevaran. ?Se encuentra bien?

—Un poco debil, no mas. Dentro de un momento estare mejor. —Igual que cuando era torturador, me seque la frente con el ruedo de la capa.

—No tiene muy buen aspecto.

—Fue sobre todo energia de Urth la que te corrigio el brazo, creo. Pero broto de mi. Supongo que se habra llevado parte de la mia.

—Usted sabe como me llamo, milord. ?Como se llama usted?

—Severian.

—En casa de mi padre le dare de comer, lord Severian. Todavia queda algo.

Mientras volviamos se alzo un viento que alboroto a nuestro alrededor las hojas de colores brillantes.

XXIX — Entre los aldeanos

En mi vida ha habido muchas penas y triunfos, pero pocos placeres fuera de los sencillos del amor y el sueno, el aire limpio y la buena comida, lo que cualquiera puede conocer. Entre los mas grandes cuento la expresion del ataman cuando vio el brazo de su hija. Era tal mezcla de asombro, miedo y gozo que yo le hubiera afeitado la cara para verla mejor. Herena, creo, la disfruto tanto como yo; pero al fin abrazo a su padre, le dijo que nos habia prometido un refrigerio y se lanzo adentro para abrazar a la madre.

No bien entramos tambien nosotros, el miedo de los aldeanos se volvio curiosidad. Unos pocos hombres audaces se colaron en la casa para acuclillarse en silencio detras de nosotros, que nos habiamos sentado en esteras alrededor de la mesita donde la mujer del ataman —sin parar de llorar y morderse los labios habia desplegado el festin. Los demas se limitaban a atisbar por la puerta o espiaban por las rendijas de los muros sin ventanas.

Habia pasteles fritos de maiz molido, manzanas un poco estropeadas por la escarcha, agua (una gran exquisitez, ante la cual los callados testigos se babearon abiertamente) y las ancas de dos conejos, hervidas, encurtidas y saladas, servidas frias; de estas no participaron el ataman y su familia. He hablado de festin porque asi lo consideraban los aldeanos, pero comparado con el la simple cena de marineros que habiamos comido unas guardias antes en la gabarra habia sido todo un banquete.

Yo descubri que no tenia hambre, aunque estaba cansado y con mucha sed. Comi un pastel y un poco de carne y apure largos tragos de agua; luego decidi que la cortesia mas alta era dejar parte de la comida a la familia del ataman, que claramente tenia tan poca, y me puse a partir nueces.

Esta, al parecer, era la senal de que mi anfitrion podia hablar.

—Soy Bregwyn —dijo—. Nuestra aldea se llama Vici. Mi mujer es Cinnia. Nuestra hija es Herena. Esta mujer —moviendo la cabeza senalo a Burgundofara dice que es usted un hombre bueno.

—Me llamo Severian. Esta mujer es Burgundofara. Soy un hombre malo que trata de ser bueno.

—Los de Vici oimos poco del mundo lejano. Quiza usted quiera contarnos que azar lo ha traido a nuestra aldea.

Lo habia dicho con una expresion de interes educado y nada mas, pero aproveche la pausa. Habria sido harto facil despachar a los aldeanos con cualquier historia de comercio o peregrinaje; y en verdad, si le hubiera contado que esperabamos devolver a Burgundofara a su hogar junto al Oceano no habria mentido del todo. ?Pero tenia yo derecho a contar algo asi? Antes le habia dicho a Burgundofara que esa era la gente que yo queria rescatar y para lo cual habia ido hasta el fin del universo. Eche una mirada a la llorosa mujer del ataman, consumida por el trabajo, y a los hombres de barbas grisaceas y manos asperas.

—Esta mujer —dije— es de Liti. ?Conoceis el lugar?

El ataman nego con la cabeza.

—Los habitantes de Liti son pescadores. Ella tiene la esperanza de volver. —Tome aliento.— Yo… — Viendome tantear las palabras el ataman se inclino muy levemente hacia adelante.— He podido ayudar a Herena. Hacerla mas completa. Eso usted lo sabe bien.

—Estamos agradecidos —dijo el.

Burgundofara me toco el brazo. Cuando la mire, me dijo con los ojos que tal vez fuera peligroso hacer lo que estaba haciendo.

—La propia Urth no esta completa.

Tanto el ataman como los otros hombres, que estaban en cuclillas contra las paredes de la choza, se acercaron un poco. Vi que algunos asentian. —Yo he venido a completarla.

Como si le sacaran las palabras a la fuerza, uno de los hombres dijo: —Nevo antes de que el maiz madurase. Ya es el segundo ano.

Varios mas asintieron, y el que estaba detras del ataman, y por lo tanto frente a mi, dijo entonces:

—La gente del cielo esta enfadada.

Intente explicarlo: —La gente del cielo, los hierodulos y los jerarcas, no nos odian. Pero ocurre que estan muy lejos, y nos temen por cosas que hicimos antes, hace mucho, cuando nuestra raza era joven. Yo he ido hasta

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