Espero que tenga mi cambio entonces.
—Se lo tendre preparado, sieur, y un desayuno bueno y caliente. Salchichas, sieur. Jamon y…
Asenti y le indique que nos dejara.
Cuando se hubo ido, Burgundofara pregunto:
—?Por que no quisiste comer en la habitacion? Habria sido mucho mas bonito.
—Porque tengo la esperanza de enterarme de algo. Y porque no quiero estar solo, tener que pensar.
—Estare yo.
—Si, pero es mejor si hay mas gente.
—Que…
Le pedi que se callara. Un hombre maduro que comia solo se habia puesto de pie arrojando un ultimo hueso en el plato. Ahora traia el vaso a nuestra mesa.
—Servidor es Hadelin —dijo—. Patron del Alcyone.
Asenti. —Sientese, capitan Hadelin. ?En que podemos ayudarlo?
—Lo oi hablar con Kyrin. Dijo que queria viajar rio abajo. Hay algunos mas baratos y con mejores camarotes. O sea, mas grandes y con mas adornos. Pero mas limpio no hay ninguno. Tampoco hay ninguno mas rapido que mi Alcyone, salvo los patrulleros, y nosotros zarpamos manana por la manana.
Le pregunte cuanto tardariamos en llegar a Nessus, y Burgundofara anadio: —?Y al mar?
—En Nessus tendriamos que estar al dia siguiente, aunque depende del viento y el tiempo. En esta epoca suele haber viento flojo y a favor, pero si se adelanta alguna tormenta tendremos que amarrar.
—Sin duda —asenti.
—De no ser asi llegaremos pasado manana, hacia las visperas o un poco antes. Los dejare en tierra donde ustedes quieran, a este lado del meson. Atracaremos alli dos dias para cargar y descargar, y luego seguiremos bajando. De Nessus al delta hay unos quince dias o algo menos.
—Antes de tomar pasaje tenemos que ver el barco.
—No encontraran nada que me averguence, sieur. Si me acerque a hablarle es porque manana zarpamos temprano, y si lo que necesita es rapidez la ha conseguido. Comunmente, habriamos zarpado antes de que usted y ella llegaran al rio. Pero si me esperan aqui no bien amanezca comeremos algo y bajaremos juntos.
—?Dormira en la posada, capitan?
—Si, sieur. Cuando puedo me quedo en tierra. La mayoria de nosotros hace lo mismo. Manana por la noche tambien atracaremos en algun sitio, si el Pancreador lo consiente.
Vino un camarero con nuestra cena, y desde la otra punta de la sala el posadero le hizo un gesto a Hadelin.
—Perdoneme, sieur —dijo Hadelin—. Kyrin necesita algo, y ustedes quieren comer. Los vere aqui por la manana.
—Aqui estaremos —prometi.
—Este salmon es fabuloso —me dijo Burgundofara cuando empezo a comer—. En las barcas solemos llevar pescado en sal por si no hay suerte, pero este es mejor. No sabia cuanto lo echaba de menos.
Dije que me alegraba que lo disfrutase.
—Y ahora de nuevo en un barco. ?Piensas que es un buen capitan? Apuesto a que con la tripulacion es un demonio.
Le indique con un gesto que se callara. Hadelin estaba de vuelta.
Despues de que acercara de nuevo la silla, Burgundofara le dijo: —?Un poco de vino, capitan? Me han traido una botella entera.
—Medio vaso, por educacion. —Miro por sobre el hombro y luego se volvio hacia nosotros, esbozando apenas una mueca.— Kyrin acaba de prevenirme contra usted. Dice que le dio un chrisos como no habia visto nunca.
—Que lo devuelva, si quiere. ?Quiere usted ver una de nuestras monedas?
—Yo soy marino; nosotros vemos monedas de otras tierras. Ya veces tambien las hay salidas de las tumbas. Supongo que habra cantidad de tumbas alla en las montanas, ?no?
—No tengo idea. —Pase un chrisos por encima de la mesa.
El lo examino, lo mordio y me lo devolvio.
—Oro bueno. Se le parece un poco. Usted no se habia fijado, tengo la impresion.
—No —dije yo—. No lo habia pensado nunca.
Asintiendo, Hadelin empujo atras la silla.
—Uno no se afeita de perfil. Los veo por la manana, sieur, madame.
Arriba, cuando ya habia colgado capa y camisa en unos ganchos y me lavaba la cara y las manos con el agua tibia traida por un sirviente, Burgundofara dijo: —Lo rompio el, ?no?
Yo sabia de que estaba hablando y asenti.
—Tendrias que haber competido.
—Yo no soy mago —le dije—, pero una vez estuve en un duelo de magia. Casi me matan.
—A esa chica le arreglaste el brazo.
—Eso no fue magia. Yo…
Afuera resono una trompa de caracol, seguida de un confuso clamor de muchas voces. Fui a la ventana a mirar. Nuestra habitacion estaba en el piso de arriba, y la altura me daba una buena vista al centro de la multitud, donde el charlatan se erguia junto a un feretro que sostenian ocho hombres. Por un momento no pude reprimir la idea de que hablando de el con Burgundofara lo habia convocado.
Viendome en la ventana, el soplo otra vez la caracola, senalo para volver la atencion hacia mi y cuando todo el mundo miraba grito:
—?Levanta a este hombre, companero! Si tu no puedes lo hare yo. ?El poderoso Ceryx hara que el muerto vuelva a andar sobre Urth!
El cadaver yacia en la grotesca actitud de una estatua derribada.
Grite: —Me tomas por un competidor, Ceryx, pero no tengo esa ambicion. Estamos de paso por Os, simplemente, camino al mar. Manana nos iremos. —Cerre los postigos y eche el cerrojo.
—Era el —dijo Burgundofara. Se habia desnudado y estaba de cuclillas junto a la palangana.
—Si —dije yo.
Espere que volviera a reprochar mi actitud, pero se limito a decir: —Nos libraremos de el no bien hayamos partido. ?Me querras esta noche?
—Mas tarde, quiza. Necesito pensar. —Me seque y me meti en la cama.
—Entonces tendras que despertarme —dijo ella—. Tanto vino me ha dado sueno. —La voz de Ceryx entraba por la ventana, alzandose en un cantico espectral.
—Lo hare —le dije mientras ella se deslizaba junto a mi bajo las mantas.
El sueno empezaba a cerrarme los ojos cuando el muerto rompio la puerta de un hachazo y entro en la habitacion.
XXXI — Zama
Al principio no supe que era el muerto. La habitacion estaba oscura, y casi igual de oscuro el exiguo rellano de afuera. Yo me habia dormido a medias; al primer hachazo abri los ojos, solo para ver un leve destello de acero cuando con el segundo golpe asomo el filo.
Burgundofara dio un grito, y yo rode de la cama buscando a tientas unas armas que ya no tenia. Al tercer golpe la puerta cedio. Por un instante la silueta del muerto se recorto en el vano. El hacha dio en la cama vacia. El bastidor se rompio y toda la estructura se derrumbo ruidosamente.
Al parecer habia vuelto el pobre voluntario que tanto tiempo atras yo habia matado en la necropolis, y me sentia paralizado de terror y de culpa. Cortando el aire, el hacha del muerto me paso sobre la cabeza, mimando el silbido de la espada de Hildegrin, y se hundio en la pared de yeso con el estrepito sordo de una patada de gigante. La debil luz que entraba por el vano se extinguio un momento mientras Burgundofara escapaba.
