ese instante mire a Tzadkiel a los ojos y vi los ojos como estrellas que tenia en las alas, y comprendi que yo era un tonto.
—Entre vosotros hay un grande —dijo ella, y su voz era como un tanido de cien citaras o un ronroneo de esmilodonte, el felino que destroza a nuestros toros como un lobo mata a las ovejas.
Era lo mas dificil que yo habia hecho en todas mis vidas, pero avance como ella habia pedido. Me tomo como una mujer levanta una mascota, sosteniendome en el cuenco de las manos. Su halito era el viento de Yesod, que yo habia creido no volver a respirar nunca.
—?De donde proviene tanto poder? —Era apenas un susurro, pero me parecio que un susurro asi debia sacudir la materia entera de la nave.
—De vos, Tzadkiel —dije—. En otro tiempo he sido esclavo vuestro.
—Cuentame.
Intente hacerlo y descubri, no se como, que cada palabra mia tenia ahora el significado de diez mil, de modo que cuando dije Urth surgieron con ella los continentes, y el mar y todas las islas, y el cielo indico envuelto en la gloria del viejo sol, monarca en un anillo de estrellas. Despues de cien palabras semejantes, ella sabia de nuestra historia mas que lo que yo habia creido saber; y habia llegado al momento del abrazo con el padre Inire y mi subida a la nave de los hierodulos, que debia llevarme a esta nave, la del hierogramato, la de Tzadkiel, aunque yo no lo sabia. Cien mundos mas y todo lo que me habia sucedido en la nave y en Yesod brillaba en el aire entre los dos.
—Has soportado juicios —dijo ella—. Si lo deseas, puedo hacer que los olvides. Aunque solo por instinto serias todavia capaz de llevar a tu mundo un sol joven.
Sacudi la cabeza.
—No quiero olvidar, Tzadkiel. Demasiadas veces me he jactado de no olvidar nada, y el olvido, que conoci una o dos veces, me parece una especie de muerte.
—Di mejor que la muerte es un recuerdo. Pero hasta la muerte puede ser amable, como aprendiste en el lago. ?La preferirias?
—Ya he dicho que soy vuestro esclavo. Tu voluntad es la mia.
—?Y si mi voluntad fuera desecharte?
—Entonces vuestro esclavo procuraria seguir viviendo, para que tambien viva Urth.
Ella sonrio y abrio las manos.
—Ya has olvidado que leve es aqui la caida.
Lo habia olvidado, por cierto, y senti un terror pasajero; pero mas serio habria sido caerse de la cama en Urth. Ligero como un vilano, aterrice en el suelo de la estancia de Tzadkiel.
Con todo, tarde unos momentos en recuperarme y descubrir que todos los demas habian desaparecido y yo estaba solo. Tzadkiel, que sin duda advirtio mis miradas, susurro:
—Los he despachado. Recompensaremos al hombre que te rescato, y tambien a la mujer que lucho por ti cuando los demas querian matarte. Pero es improbable que vuelvas a verla. —Adelanto la mano derecha hasta que las puntas de los dedos se apoyaron en el suelo delante de mi.— Es conveniente —dijo— que mis tripulantes me crean grande y no imaginen cuan a menudo me muevo entre ellos. Pero tu sabes demasiado de mi para que te engane de esa forma, y te mereces demasiado para que te engane de forma alguna. Ahora seria mas comodo para los dos que tuviesemos un tamano parecido.
La ultima palabra apenas la oi. Estaba pasando algo demasiado asombroso. El nudillo superior del indice de Tzadkiel estaba transformandose en una cara, y era la cara de ella. La una se dividio y volvio a dividirse, luego la segunda y tercera falanges, de modo que el nudillo inferior se convirtio en dos rodillas. El dedo se separo de la mano y desarrollo brazos y manos propios, y alas estrelladas de ojos; y la giganta que habia quedado atras se desvanecio como una llama bajo un soplido.
—Te llevare a tu camarote —dijo Tzadkiel. No era tan alta como yo.
Me habria arrodillado, pero ella me levanto.
—Ven. Estas fatigado; mas de lo que crees, y no me extrana. Alli tienes una buena cama. Te llevaran comida cada vez que lo desees.
Me las arregle para decir: —Pero si os ven…
—No nos veran. Aqui hay pasadizos que solo yo conozco.
Mientras ella hablaba, una pilastra se corrio en la pared. Pasando por la abertura revelada entramos en un corredor oscuro. Apheta, recorde entonces, me habia dicho que su gente veia en una oscuridad semejante; pero Tzadkiel no palpitaba de luz como Apheta, y yo no estaba tan loco como para suponer que compartiriamos la cama que ella habia mencionado. Tras una caminata bastante larga llego el amanecer —colinas bajas cayendo bajo el sol viejo— y ya no parecio que estuvieramos en un corredor. Un viento fresco agitaba la hierba. Cuando el cielo se ilumino mas, vi frente a nosotros una caja oscura colocada en el suelo.
—Esos son tus aposentos —me dijo Tzadkiel—. Ten cuidado. Hay que bajar unos escalones.
Eso hicimos, hasta pisar algo blando. Luego bajamos de nuevo, y al fin dimos con un piso. La habitacion, mucho mas grande que mi viejo camarote y de forma extrana, estaba inundada de luz. El prado matutino de donde veniamos no era sino un cuadro en la pared que teniamos detras, y los escalones el respaldo y el asiento de un largo canape. Fui hasta el cuadro e intente meter la mano, pero me tope con una resistencia solida.
—En la Casa Absoluta tenemos cosas semejantes —dije—. Ya veo donde se inspiro el padre Inire, aunque las nuestras no son tan perfectas.
—Sientate confiado en ese sofa y podras entrar en el cuadro —me dijo Tzadkiel—. La presion de un pie en el respaldo disuelve la ilusion. Ahora tengo que irme, y tu tienes que descansar.
—Esperad —dije—. No podre dormir a menos que me digais…
—?Si?
—No tengo palabras. Erais un dedo de Tzadkiel. Y ahora sois Tzadkiel.
—Ya conoces nuestro poder de cambiar de forma; como me dijiste hace solo unos momentos, un Severian mas joven se encontro conmigo en el futuro.
Las celulas de nuestro cuerpo mudan, como las de ciertas criaturas marinas de tu Urth que pueden pasar por un cedazo y sin embargo volverse a juntar. ?Que me impide a mi pues modelar una miniatura y estirar la conexion hasta que al fin se separe? Soy una anatomia de esas; cuando nos juntamos, mi identidad mayor sabra todo lo que yo haya aprendido.
—Tu identidad mayor me tuvo en sus manos y luego se desvanecio como un sueno.
—La tuya es una raza de peones —me dijo Tzadkiel—. Solo os moveis hacia adelante, a menos que nosotros os movamos hacia atras para recomenzar la partida. Pero no todas las piezas del tablero son peones.
XXV — La pasion y el pasaje
Es extrano como obra el agotamiento en la mente. Una vez solo en mis aposentos, no pude dejar de pensar en que ahora no habia guardia frente a mi puerta. En mi tiempo como Autarca siempre habia tenido centinelas, a menudo pretorianos. Vague por varias habitaciones, buscando la puerta simplemente para verificar que ahora no habia ninguna; pero cuando al fin la abri, unos brutos semihumanos de casco grotesco se irguieron como resortes.
Volvi a cerrar, preguntandome si estaban ahi para cuidar que no entraran otros o que no saliera yo; y perdi unos momentos mas buscando una forma de apagar la luz. Pero estaba demasiado agotado como para seguir yendo de un lado a otro. Dejando caer la ropa al suelo, me tendi de traves en la ancha cama. Mientras mis pensamientos derivaban hacia el brumoso estado que llamamos sueno, la luz se fue atenuando y termino por apagarse.
Crei oir pasos, y por un tiempo que parecio largo pugne por sentarme. El sueno me apretaba contra el colchon, sujetandome mejor que una droga. Al fin la caminante se sento a mi lado y me retiro el pelo de la cara. Aspirando su perfume, la atraje hacia mi.
Cuando juntamos los labios, unos rizos me acariciaron la frente.
Me desperte sabiendo que habia estado con Thecla. Aunque no habia hablado y yo no le habia visto la cara,
