»Y aquella noche del incendio fui con Lestat a ver a Babette. El hubiera matado a las Freniere mucho tiempo antes, de no haberlo detenido yo. Y penso que eso era lo que yo pensaba hacer.

»—?Y que paz conseguiriamos con ello? —pregunte yo—. Tu dijiste que yo era un idiota. ?Acaso piensas que no se por que me transformaste en un vampiro? No podias vivir solo, no podias solucionar las cosas mas simples. Hace anos que yo dirijo todo mientras tu te quedas sentado con un falso aire de superioridad. No tienes nada mas que decirme sobre la vida. No te necesito ni me puedes ser util. Tu eres quien me necesita, y si tocas a uno solo de los esclavos de Freniere, te sacare del medio. Sera una batalla entre los dos y no es necesario senalarte que tengo mas inteligencia en un solo dedo que tu en todo tu cuerpo. Haz lo que te digo.

»Bien; esto lo dejo asombrado, aunque sin razon, y protesto diciendo que aun tenia muchas cosas que decirme; de cosas y tipos que yo podia matar y que me causarian una muerte subita, y de lugares en el mundo a los que jamas tenia que ir, y mas por el estilo; un absurdo que apenas pude tolerar. Pero no tenia tiempo para el. Las luces del hogar del superintendente estaban encendidas en casa de los Freniere aquella noche; estaba tratando de calmar el nerviosismo entre los esclavos escapados y los propios. Y las llamas de Pointe du Lac aun podian verse contra el cielo. Babette estaba vestida y ocupandose de sus asuntos; habia enviado carruajes y esclavos a Pointe du Lac a ayudar a combatir el fuego. Los esclavos escapados y asustados eran mantenidos a distancia de los otros, y nadie, en ningun momento, considero sus historias como algo mas que una tonteria de esclavos. Babette sabia que habia sucedido algo siniestro y temia un asesinato, jamas lo sobrenatural. Estaba en su estudio anotando el incendio en el diario de la plantacion cuando la encontre. Era casi de madrugada. Solo tenia unos pocos minutos para convencerla de que me ayudara. Primero le hable, negandome a que se diera vuelta, y ella me escucho con calma. Le dije que debia tener una habitacion para descansar.

»—Nunca te he hecho dano. Ahora te pido una llave y tu promesa de que nadie tratara de entrar en ese cuarto hasta la noche. Entonces te lo contare todo.

»Yo ya estaba casi desesperado. El cielo estaba palideciendo. Lestat estaba en el huerto con los ataudes.

»—Pero, ?por que has venido a verme a mi esta noche? —me pregunto.

»—?Y por que no? —le dije—. ?Acaso no te ayude en el momento critico en que mas necesitabas guia, cuando tu sola eras la fuerte entre aquellos que eran debiles y que dependian de ti? ?No te di buenos consejos en dos oportunidades? ?Y no he cuidado de tu felicidad desde entonces?

»Podia ver la figura de Lestat en la ventana. Estaba presa del panico.

»—Dame esa llave —insisti—. No permitas que nadie entre hasta la caida del sol. Te juro que jamas te hare dano.

»—Y si no lo hago…, si creo que tu eres un emisario del demonio… —dijo ella entonces, y quiso volver la cara. Alcance la vela y la apague. Me vio de pie dando la espalda a la ventana gris.

»—Si no lo haces y crees que soy un emisario del demonio, morire —dije—. Dame esa llave. Podria matarte ahora si quisiera, ?no es asi?

»Y me acerque a ella y me mostre de cuerpo entero; ella dio un respingo y un paso atras y se agarro al brazo del sillon.

»—Pero no lo haria. Prefiero morir a matarte. Y morire si no me das esa llave, como te ruego.

»Lo logre. No se lo que penso. Pero me dio una de las grandes habitaciones-alacena donde se anejaba el vino, y estoy seguro de que nos vio a mi y a Lestat llevando los ataudes. No solo cerre la puerta con llave sino que levante una barricada.

»Lestat estaba levantado cuando me desperte al siguiente atardecer.

—Entonces, ella cumplio su palabra.

—Si; solo que habia hecho algo mas: no solo habia respetado nuestra puerta cerrada sino que la habia vuelta a cerrar desde afuera.

—?Y las historias de los esclavos…? Ella las habia oido.

—Asi fue. No obstante, Lestat fue el primero en notar que estabamos encerrados. Se enfurecio. Habia pensado irse a Nueva Orleans lo antes posible. Ahora sospechaba de mi.

»—Solo te necesitaba cuando mi padre vivia —dijo, y trato desesperadamente de encontrar una salida; el lugar era una mazmorra—. Ahora no te voy a tolerar nada. Te lo advierto.

»Ni siquiera queria darme la espalda. Me quede sentado tratando de oir las voces en la habitacion de arriba, deseando que se callara, sin quererle confiar en ningun instante mis sentimientos por Babette o mis esperanzas.

»Asimismo, pensaba en otra cosa. Me preguntaste sobre sentimientos y frialdad. Uno de sus aspectos — distanciamiento y sentimiento, deberia decir— es que puedes pensar dos cosas al mismo tiempo. Puedes pensar que no estas seguro y que puedes morir, y puedes pensar en algo muy abstracto y remoto. Y eso fue exactamente lo que me sucedio. En ese momento yo pensaba en silencio y con profundidad en la amistad sublime que podriamos haber tenido con Lestat; que pocos impedimentos podria haber habido, y todo lo que podriamos haber compartido. Quiza la proximidad de Babette fue lo que me hizo pensar en eso; porque, ?como podria realmente haber conocido a Babette salvo, por supuesto, de una sola manera definitiva; tomarle la vida, unirme a ella en un abrazo mortal, cuando mi alma se uniria con su corazon y se nutriria de el? Pero mi alma queria conocer a Babette sin mi necesidad de matar, sin robarle todo aliento de vida, toda gota de sangre. Pero Lestat, ?como podriamos habernos conocido de haber sido el un hombre de caracter, un hombre aunque solo fuera de algunos pensamientos! Las palabras del anciano volvieron a mi: Lestat, un alumno brillante, un amante de los libros que habian sido quemados. Yo solo conocia al Lestat que despreciaba mi biblioteca, que la llamaba una pila de polvo, que ridiculizaba constantemente mis lecturas, mis meditaciones.

»Me di cuenta entonces de que la casa se aquietaba. De tanto en tanto sonaban unos pasos y crujian los tablones, por cuyas hendeduras se filtraba una claridad fantastica e irreal. Podia ver a Lestat tocando las paredes de ladrillo con su duro rostro de vampiro convertido en una mascara retorcida de frustracion humana. Yo estaba seguro de que ahora debiamos separarnos; de que, si fuera necesario, yo debia poner un oceano entre los dos. Y me di cuenta de que lo habia tolerado todo ese tiempo debido a mis dudas. Me engane pensando que me quedaba por el anciano y por mi hermana y su marido. Pero me quede con Lestat porque temia no conocer secretos esenciales que, como vampiro, yo solo debia descubrir, y, lo que es mas importante, porque el era el unico de mi especie que yo conocia. Jamas me habia contado su conversion en vampiro o donde podia encontrar a alguien de mi especie. Esto entonces me afligia mucho. Del mismo modo que lo habia hecho durante cuatro anos. Lo odiaba y queria abandonarlo; sin embargo, ?podia hacerlo?

»En el interin, mientras yo pensaba todo esto. Lestat continuo con sus diatribas: no me necesitaba; no iba a tolerar mas nada, y mucho menos una amenaza de los Freniere. Teniamos que estar listos para cuando se abriera esa puerta.

»—Recuerda —me dijo finalmente—: Velocidad y fortaleza; no nos pueden igualar en eso. Y el miedo. Recuerda siempre dar miedo. ?Ahora no seas un sentimental! ?Nos haras perder todo!

»—?Quieres continuar a solas despues de esto? —le pregunte. Queria que el dijese que si. Yo no tenia la valentia. O al menos, no conocia mis sentimientos.

»—?Quiero ir a Nueva Orleans! —dijo—. Simplemente te advertia que no te necesito mas. Pero, para escapar de aqui, nos necesitamos. ?Ni siquiera sabes empezar a usar tus poderes! ?No tienes un sentido innato de lo que eres! Usa tus poderes persuasivos si viene esa mujer. Pero si viene acompanada de otros, entonces, preparate a actuar como lo que eres.

»—?Que soy? —le pregunte, porque eso nunca me habia parecido tan misericordioso como en ese momento—. ?Que soy?

»El se disgusto totalmente. Se llevo las manos a la cabeza.

»—Preparate… —dijo, ahora, haciendo relucir sus magnificos dientes— ?a matar! —De improviso, miro los tablones del techo—. Se van a dormir, ?los oyes?

»En un silencio prolongado, Lestat seguia caminando y yo continuaba sentado alli meditando, devanandome los sesos acerca de lo que debia hacer o decirle a Babette; o, aun mas profundamente, buscando la respuesta a una pregunta mas dificil: ?que sentia yo por Babette? Despues de largo rato, una luz relumbro debajo de la puerta. Lestat estaba a punto de saltar encima de quien apareciera. Era Babette, que entro sola, con una lampara. No vio a Lestat, que se quedo detras de ella y mirandome fijamente.

»Jamas la habia visto como entonces: tenia el pelo arreglado para acostarse, y era una masa de ondas oscuras detras de su camison blanco. Y su cara estaba llena de tension y terror. Esto le daba una apariencia febril,

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