que cambiara de parecer. Le dije que los consejos que le habia dado eran correctos, que ningun instrumento del demonio podia hacer algo correcto aunque quisiera.

»—?Lo se! —me dijo.

»Pero con eso ella queria decir que no podia confiar mas en mi que en el mismo demonio. Me acerque, pero ella retrocedio. Levante la mano y ella se encogio, aferrandose a la barandilla.

»—Pues bien, entonces —dije, sintiendo una profunda exasperacion—. ?Por que me protegiste anoche? ?Por que has venido a verme a solas?

»Lo que vi en su rostro era astucia. Tenia una razon, pero no me la revelaria de ningun modo. Le era imposible hablarme libre y abiertamente, brindarme la comunicacion que yo deseaba. Me senti afligido al mirarla. Ya era tarde y yo podia ver y oir que Lestat habia entrado en el sotano y retirado nuestros ataudes. Y yo necesitaba irme. Aparte de sentir otras necesidades… La necesidad de matar y de beber. Pero no era eso lo que me afligia. Era algo mas, algo mucho peor. Era como si esa noche fuera la unica de miles de noches, un mundo sin fin, una noche encorvandose sobre otra noche hasta hacer un gran arco del que no podia ver el final, una noche en la que yo andaba bajo el frio y las estrellas insensibles. Pienso que desvie la mirada y me puse una mano sobre los ojos. De improviso me senti debil y oprimido. Pienso que hacia algun sonido en contra de mi voluntad… Y entonces, en ese paisaje vasto y desolado de la noche, donde yo estaba a solas y Babette solo era una ilusion, vi subitamente una posibilidad que jamas habia considerado, una posibilidad de la cual habia huido, absorto como estaba con el mundo, con todos mis sentidos de vampiro, enamorado del color, la forma, el sonido, el canto y la suavidad y las variaciones infinitas. Babette se movia, pero no le preste atencion. Sacaba algo del bolsillo, y era su gran llavero. Subia los escalones. “Dejala, ir”, pense.

»—Criatura del demonio —susurro—. Alejate de mi, Satan —repitio. La mire. Estaba inmovilizada en los escalones, mirandome con sus grandes ojos suspicaces. Habia alcanzado la lampara que colgaba de la pared y la tenia en sus manos, mirandome, cogiendola como a una cartera valiosa.

»—?Piensas que vengo de parte del demonio? —le pregunte.

»Ella movio rapidamente los dedos de la mano izquierda alrededor de la manija de la lampara y con la mano derecha hizo la senal de la cruz, y pronuncio las palabras latinas apenas audibles para mi; su rostro emblanquecio y se arquearon sus cejas cuando no se produjo el menor cambio debido a eso.

»—?Esperabas que me deshiciera en una nube de humo?

—le pregunte, acercandome, porque ahora la veia objetivamente debido a mis pensamientos—. ?Y adonde me iria? —le pregunte—. ?Al infierno de donde vine? ?Con el demonio a quien represento? —Me quede al pie de la escalinata—. Suponte que te diga que no sabes nada del demonio. ?Suponte que ni siquiera sabes si existe!

»En el paisaje de mis pensamientos, yo habia visto al demonio y ahora yo pensaba en el demonio. Desvie la mirada. Ella no me escuchaba tal como tu ahora me escuchas. Ella no escuchaba. Mire las estrellas. Lestat estaba listo, yo lo sabia. Era como si hiciera anos que estaba listo con el carruaje. Tuve la subita sensacion de que mi hermano estaba alli y hacia anos que estaba y que me hablaba en voz baja, pero excitada. Y lo que me decia era desesperadamente importante, pero se alejaba de mi con la misma rapidez con que lo decia, como el ruido de las ratas en los tablones de una casa inmensa. Hubo un sonido crujiente y un estallido de luz.

»—?No se si vengo o no del infierno! ?No se quien soy! —le grite a Babette, y mi voz ensordecio mis propios oidos—. ?Voy a vivir hasta el fin de los tiempos y ni siquiera se quien soy!

»Pero la luz relumbro delante de mi; era la lampara que ella habia encendido con una cerilla y que ahora alzaba de modo que no le podia ver la cara. Por un instante, solo pude ver la luz y luego el gran peso de la lampara me golpeo en el pecho con mucha fuerza, y el vidrio se hizo anicos en los ladrillos, y las llamas rugieron en mi cara, en mis piernas. Lestat gritaba en la oscuridad:

»—?Apagalas, apagalas, idiota! ?Te consumiran!

»Y senti que algo me arropaba violentamente en mi ceguera. Era la chaqueta de Lestat. Me habia caido indefenso contra el pilar, tan indefenso del fuego y del golpe recibido como del conocimiento de que Babette queria destruirme y del conocimiento de que yo no sabia en absoluto quien era.

»Todo esto sucedio en cuestion de segundos. El fuego se apago y yo quede de rodillas en la oscuridad con mis manos en los ladrillos. En las escaleras, Lestat tenia nuevamente a Babette, y sali disparado en su direccion cogiendolo del cuello y empujandolo hacia atras. Se volvio hacia mi, enfurecido, y me pateo; pero me agarre a el y lo empuje hasta el pie de la escalinata. Babette estaba petrificada. Vi su silueta oscura contra el cielo y el brillo de sus ojos.

»—?Vamonos, entonces! —grito Lestat, poniendose de pie; Babette se llevo la mano a la garganta. Mis ojos afectados se esforzaron por verla. Sangraba en el cuello.

»—?Recuerda! —le dije—. ?Podria haberte matado! ?O permitido que el lo hiciera! No lo hice. Me llamaste demonio. Estas equivocada.

—Entonces, usted detuvo a Lestat justo a tiempo —dijo el joven.

—Asi es. Lestat podia matar y beber en un instante. Pero yo habia salvado la vida fisica de Babette. Yo no me iba a enterar de eso sino hasta mas tarde.

»En una hora y media —estaba contando ahora el vampiro—, Lestat y yo estabamos en Nueva Orleans, con nuestros caballos casi muertos de cansancio y el carruaje estacionado en una callejuela a una manzana del nuevo hotel espanol. Lestat tenia a un anciano aferrado del brazo y le puso cincuenta dolares en la mano.

»—Consiguenos una suite —le ordeno— y pide champan. Di que es para dos caballeros y paga por adelantado. Y cuando regreses te dare otros cincuenta dolares. Te advierto que te estare vigilando.

»Sus ojos relampagueantes tenian petrificado al hombre. Yo sabia que lo mataria tan pronto como regresara con las llaves del hotel. Y lo hizo. Me sente en el carruaje observando como el hombre se iba debilitando y finalmente moria; su cuerpo se derrumbo como una bolsa de patatas cuando Lestat lo solto.

»—Adios, dulce principe —dijo Lestat—, y aqui estan tus cincuenta dolares.

»Y le puso el dinero en el bolsillo como si fuera una broma.

«Entonces nos metimos por las puertas traseras del hotel y subimos a la sala lujosa de nuestra suite. El champan relucia en un cubo helado. Habia dos copas en la bandeja de plata. Yo sabia que Lestat llenaria una copa y se quedaria mirando el palido color amarillo. Y yo, un hombre en trance, me sente mirandolo como si nada que el pudiera hacer tuviera la menor importancia. “Tengo que abandonarlo o morir —pense—. Seria muy dulce morir. Si, morir.” Antes habia querido morir. Ahora deseaba morir. Lo vi con una gran claridad, con una calma mortal.

»—?Estas volviendote un morboso! —dijo subitamente Lestat—. Es casi el alba.

»Abrio las cortinas y pude ver los tejados contra el oscuro cielo azul y, encima, la gran constelacion de Orion.

»—?Vete a matar! —dijo Lestat, y abrio la ventana. Se monto sobre el marco y oi que sus pies se posaban suavemente en el techo al lado del hotel. Iba a buscar los ataudes o, al menos, uno de ellos. Se me desperto la sed como una fiebre y lo segui. Mi deseo de morir era constante, como un pensamiento puro en la mente, desprovisto de emocion. No obstante, necesitaba alimentarme. Te he senalado que entonces no mataba gente. Camine por el tejado en busca de ratas.

—Pero, ?por que… dijo usted que Lestat no deberia haberlo iniciado con seres humanos? ?Quiso decir…, quiere decir que fue una opcion estetica, no moral?

—De habermelo preguntado entonces, te hubiera dicho que era estetica, que queria comprender la muerte por etapas. Que la muerte de un animal me brindaba tanto placer y experiencia que solo habia empezado a comprenderla, y que deseaba guardar la experiencia de una muerte humana para mi comprension madura. Pero era moral. Porque en realidad todas las decisiones esteticas son morales.

—No comprendo —dijo el muchacho—. Yo pensaba que las decisiones esteticas podian ser absolutamente inmorales. ?Y el dicho comun sobre un artista que abandona mujer e hijos para poder pintar? ?O Neron tocando el arpa mientras ardia Roma?

—Ambas fueron decisiones morales. Ambas sirvieron a un bien superior en la mente del artista. El conflicto estalla entre la moral del artista y la moral de la sociedad, no entre la estetica y la moral. Pero a menudo esto no es comprendido; y entonces aparece la perdida, la tragedia. Un artista que roba pinturas de una tienda, por ejemplo, se imagina haber tomado una decision inevitable pero inmortal y luego se ve a si mismo como caido en desgracia; la consecuencia es la desesperacion y una miserable irresponsabilidad, como si la moralidad fuera un gran mundo de cristal que puede ser absolutamente destrozado por un acto. Pero esta no era mi preocupacion

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