maxima en ese entonces. Yo creia que mataba animales nada mas que por razones esteticas y enfrentaba el gran interrogante moral de si, por mi propia naturaleza, yo estaba condenado.

»Porque, ?ves?, aunque Lestat jamas me habia dicho nada de los demonios o del infierno, yo creia que estaba condenado cuando me fui con el, del mismo modo que Judas debe haberlo creido cuando se puso el nudo alrededor del cuello. ?Comprendes?

El chico no dijo nada. Quiso hablar pero no lo hizo. Por un instante, sus mejillas se llenaron de rubor.

—?Y lo estaba? —murmuro.

El vampiro se quedo sentado, sonriente, con una pequena sonrisa que bailoteo en sus labios como la luz. Ahora el chico lo miraba como si lo viese por primera vez.

—Quizas… —dijo el vampiro echandose para atras y cruzando las piernas— debieramos tratar cada cosa por turno. Tal vez debiera continuar con mi historia.

—Si, por favor —dijo el entrevistador.

—Esa noche, yo estaba agitado, como te dije. Habia intuido el interrogante como vampiro y ahora me abrumaba completamente y, en ese estado, no tenia ganas de vivir. Pues eso me produjo, como sucede con los humanos, grandes ganas de satisfacer los deseos fisicos. Ya te he dicho lo que matar significa para los vampiros; te puedes imaginar, por lo que te he dicho, la diferencia entre una rata y un ser humano.

»Baje por una calle despues de que Lestat y yo caminasemos manzanas enteras. Entonces las calles estaban enlodadas, y toda la ciudad, muy oscura, en comparacion con las ciudades actuales. Las luces eran como faros en un mar negro. Incluso con la lenta aparicion de la manana, solo los tejados y los altos porticos de las casas salian de la oscuridad y, para un hombre mortal, las calles eran como negros abismos. “?Estoy condenado? ?Provengo del infierno? ?Mi naturaleza es satanica?” Me lo preguntaba una y otra vez. Y si lo era, ?por que entonces me rebelaba contra ella, y me disgustaba cuando Lestat mataba? Y todo el tiempo, cuando el deseo de morir me hacia ignorar la sed, esta se volvia mas fuerte; mis venas eran verdaderas redes de dolor en mi carne; me temblaban las sienes y, al final, no lo pude soportar mas. Hecho trizas por el deseo de no participar —de morirme de hambre, de deshacerme en pensamientos—, por un lado, y las ganas de matar, por otro, me encontre en una calle vacia y desolada y oi el llanto de una nina.

»Ella estaba dentro de una casa. Me acerque a las paredes tratando, con mi habitual objetividad, de comprender solo la naturaleza de su llanto. Estaba afligida y doliente y absolutamente sola. Hacia tanto tiempo que lloraba que pronto dejaria de hacerlo de puro agotamiento. Pase la mano por la ventanilla de la puerta y abri el picaporte. Alli estaba sentada en la cama, en la oscura habitacion, al lado de una mujer muerta, una mujer que hacia dias que estaba muerta. El cuarto estaba lleno de maletas y de baules, como si un monton de gente se hubiese aprestado a viajar; pero la mujer estaba medio vestida, con el cuerpo ya en descomposicion, y no habia nadie mas que la nina. Pasaron unos instantes antes de que me viera, pero cuando lo hizo empezo a decirme que debia hacer algo por ayudar a su madre. Solo tenia unos cinco anos como maximo y su cara estaba manchada por las lagrimas y la suciedad. Era muy delgada. Me rogo que la ayudase. Tenian que tomar un barco, dijo, antes de que llegara la plaga; su padre las esperaba. Empezo a sacudir a su madre y a llorar del modo mas patetico y desesperado; y luego me volvio a mirar y se puso a llorar a lagrimones.

»Ahora debes comprender que yo estaba ardiendo de la necesidad fisica de beber. No podria haber pasado un dia mas sin alimento. Pero habia alternativas, las ratas abundaban en las calles y en algun sitio muy cercano aullaba un perro indefenso. Podria haberme ido de esa habitacion y me podria haber alimentado y regresado luego. Pero el interrogante me atenazaba: “?Estoy condenado? Si es asi, ?por que sentir lastima por ella, por su rostro debil? ?Por que deseo tocar sus brazos delgados y pequenos, tenerla en mis rodillas con la cabeza contra mi pecho, mientras le acaricio sus sedosos cabellos? ?Por que hago esto? Si estoy maldito, debo matarla. Solo tendria que desear transformarla en comida para una existencia maldita, porque, al estar condenado, debo odiarla”.

»Y, cuando pense esto, vi el rostro de Babette contorsionado por el odio en el momento de tomar la lampara y encenderla, y vi a Lestat en mi mente y lo odie. Y, si, me senti condenado, y eso es un infierno; en ese instante, me agache y me eche sobre el cuello suave y pequeno y, al oir su debil grito, susurre, aun cuando ya tenia la sangre en mis labios:

»—Es solo un momento y ya no habra mas dolor.

»Pero ella estaba aferrada a mi y pronto no pude decir nada. Durante cuatro anos no habia saboreado la sangre humana; durante cuatro anos no la habia realmente conocido y entonces oi el latido de su corazon con ese ritmo terrible. ?Y que corazon! No el corazon de un hombre o un animal sino el corazon de una nina que latia cada vez mas fuerte negandose a morir, repicando primero como una debil llamada a la puerta, llorando: “No morire, no morire, no puedo morir, no puedo morir…”. Creo que me puse de pie aun aferrado a ella, con el corazon empujando a mi corazon, mas rapido y sin esperanza de cesar, con la rica sangre manando demasiado rapida para mi, y la habitacion girando. Y entonces, pese a mi mismo, me quede mirando, por encima de su cabeza agachada y su boca abierta, el rostro mortecino de su madre; ?y, a traves de sus parpados semicerrados, sus ojos brillaron como si estuviera viva! Aparte de mi a la nina. Estaba como una muneca desarticulada. Y al tratar de escapar de la madre, vi que una figura familiar llenaba la ventana. Era Lestat, que se movio riendose, con su cuerpo agachado como bailando en la calle enlodada. »—Louis, Louis —me dijo burlon y senalandome con un largo y flaco dedo, como si me hubiera pescado en el acto. Y paso por el marco de la ventana, me empujo a un lado y saco de la cama el cuerpo hediondo de la madre y simulo bailar con ella.

—?Dios santo! —dijo el muchacho.

—Si, yo podria haber dicho lo mismo —dijo el vampiro. Tropezo con la nina cuando empujaba a la madre dando grandes vueltas, cantando y bailando; el pelo de la madre caia sobre su cara, y su cabeza cayo hacia atras y un liquido negro le salio de la boca. El la tiro al suelo. Yo sali por la ventana y corri por la calle. El corrio tras de mi.

»—?Tienes miedo, Louis? —grito—. ?Tienes miedo, Louis? La nina esta viva, Louis, la dejaste respirando. ?Regreso y la transformo en una vampira? Podrias usarla, Louis, y piensa en todos los vestidos bonitos que le podriamos comprar. ?Espera, Louis, espera!

»Y entonces corrio detras de mi hasta el hotel, por los tejados donde yo esperaba perderlo de vista, hasta que entre por la ventana de nuestra sala y, enfurecido, la cerre de un golpe. El la golpeo; tenia los brazos abiertos como un pajaro que quiere traspasar los cristales. Y golpeo el marco. Yo estaba totalmente fuera de mi. Camine alrededor de la habitacion buscando alguna manera de liquidarlo. Me imagine su cuerpo consumido por el fuego en el tejado. Habia perdido por completo la razon, de modo que era una furia destructora. Y cuando traspaso el cristal roto, luchamos como jamas habiamos luchado. Fue el infierno el que me detuvo, la idea del infierno, la idea de ser dos almas en el infierno, dos almas que se aferraban en el odio. Perdi mi confianza, mi proposito, mi impetu. Cai al suelo y el quedo de pie encima de mi, con los ojos frios, aunque tenia el pecho agitado.

»—Eres un imbecil, Louis —dijo; su voz era serena, tan serena que me volvio a la realidad—. Esta saliendo el sol —agrego con el pecho levemente agitado por la pelea, y los ojos entornados cuando miro por la ventana; nunca lo habia visto asi, pues la pelea le habia hecho salir su mejor parte a la superficie—. Metete en tu ataud —me dijo sin la menor senal de enfado—. Pero manana por la noche… hablaremos.

»Bien; yo quede mas que levemente sorprendido. ?Que Lestat quisiera conversar conmigo! No me lo podia imaginar. En realidad, Lestat y yo jamas habiamos hablado. Pienso que te he descrito con precision nuestras peleas verbales, nuestros encuentros disgustados.

—Estaba desesperado por el dinero, por sus propiedades —dijo el muchacho—. ?O es que tenia miedo de estar tan solo como usted?

—Se me ocurrieron esas cosas. Incluso se me ocurrio que Lestat pensaba matarme de alguna manera que yo no conocia. ?Ves?, en ese tiempo yo no estaba seguro de por que me despertaba cada tarde, de si era automatico cuando me abandonaba ese sueno mortal, ni de por que, a veces, sucedia antes que en otras ocasiones. Era una de las cosas que Lestat no me explicaba. Y, a menudo, el se levantaba antes que yo. Era superior a mi en todas esas cosas, como te he indicado. Y esa manana cerre el ataud con una especie de desesperacion.

»Sin embargo, ahora deberia explicar que cerrar el ataud es siempre perturbador. Es como aplicarse una anestesia moderna antes de ser operado. Hasta un error casual de parte de un intruso puede significar la muerte.

—Pero, ?como podria haberlo matado el? No podria haberlo expuesto a la luz sin exponerse a si mismo.

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